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Al Gimnasio Terapéutico se le agregarán paulatinamente nuevos medios de rehabilitación

Por Germán Veloz Placencia

La vida le hizo malas jugadas a Antonio y José Soler Ledea. Además de nacer con discapacidad intelectual severa, los colocó en el escenario del ciclón Flora, una de las mayores catástrofes naturales padecidas en la región oriental de Cuba a principios de la década de los sesenta del pasado siglo. Los rescatistas que los encontraron en un profundo hueco días después de la tragedia, siempre se preguntaron cómo aquellos niños habían sobrevivido aislados.

Con más de 60 años de edad y nombres y apellidos tomados de dos hermanos mártires de la Revolución, porque jamás se supo de los familiares, desaparecidos seguramente durante  el devastador meteoro, ambos fueron acogidos por instituciones estatales, entre ellas el Centro Médico Psicopedagógico Modesto Fornaris Ochoa, en el que han permanecido desde el año 2009.

Rodeados de los afectos de quienes los cuidan como hijos, el Estado invierte diariamente en los dos entre 110 y 120 pesos. Ocurre igual con los otros 99 pacientes atendidos allí. Si alguien realiza una simple suma para conocer el dinero que cada año se le dedica a ese grupo de personas procedentes de todos los municipios de la provincia, la satisfacción lo dominará.

Sin embargo, hay otras razones para estallar de alegría. El centro acaba de ser objeto de una inversión que se aproxima al millón de pesos. Entre sus trabajadores y las personas que lo visitan hoy resulta usual escuchar una frase con la que muchos cubanos identifican lo bello y confortable: ¡Quedó como un hotel!

La directora del centro, licenciada en Enfermería Laritza Li­nares Expósito, narra que la remodelación es total. Entre las acciones de mayor complejidad acometidas a partir del 2014 están la impermeabilización del techo de todos los inmuebles y la sustitución de las redes eléctrica e hidrosanitaria.

“El personal que elabora los alimentos se siente muy a gusto porque el local de la cocina es otro. Le cambiamos el piso y las mesetas están cubiertas ahora por losas de cerámica vistosas y de calidad. También fueron rehabilitadas las neveras, acondicionadas para funcionar sin causar daños al medioambiente”.

Cumplieron, dice, el anhelo de sustituir toda la maltrecha carpintería de madera por elementos de metal y vidrio.

Igualmente, fueron remozadas y pintadas las paredes en general y se adquirieron nuevos muebles, tareas en las que defendieron el principio de incrementar el confort de cada local con el objetivo de crear condiciones para elevar la calidad del servicio.

Los cambios aparecen con una distinción especial en el área de residencia, en los cubículos donde duermen los pacientes que aquí permanecen de por vida. Sobre todo se aprecia en las peculiaridades de los dormitorios de los adultos mayores, quienes ahora descansan alejados del ruido y andanzas de los de menor edad.

“En un hogar de ancianos hay condiciones para atender a pacientes con intelecto normal mermado por el paso de los años, pero los nuestros tienen una edad mental y una cronológica. Pueden tener 60 años, pero sus mentes son las de pequeñines y por eso hay que tratarlos de modo especial. Los mantenemos aquí porque les resultaría traumático modificarles esas condiciones. Están acostumbrados a nuestros rostros y mimos. Sen­cillamente son nuestros niños”, manifiesta la directora.

Al levantar una nueva cerca perimetral y mejorar los parques y otros espacios exteriores, los pacientes con capacidad de locomoción disfrutan con seguridad los juegos al aire libre, siempre en compañía de sus protectores, en primer lugar de las “niñeras”, quienes no les pierden ni pie ni pisada.

El colectivo agradece el empuje de las autoridades políticas y del gobierno, así como las de Salud Pública de la provincia para poner en marcha la ofensiva constructiva que ha dado nuevos aires a la instalación. También reconocen la labor de las entidades que asumieron las obras mayores, particularmente las em­presas Umbrales, ECOPP y de Servicios a la Salud.

Es significativo el orgullo de muchos de los contactados du­rante este reportaje al revelar que organizaron una brigada para colaborar activamente en las modificaciones y contribuir  al ahorro de dinero. Así el colectivo se hizo sentir en la recuperación del gimnasio terapéutico, fundamental para la rehabilitación física de personas en las que prevalecen enfermedades crónicas no transmisibles como epilepsia, parálisis cerebral infantil y malformaciones congénitas.

Eliserio Rodríguez Bárcenas, licenciado en Terapia Física y Rehabilitación, explica que se unieron al personal de Elec­tro­medicina, responsable principal de poner de alta el Tanque de Jubarth, en el que le aplican tratamientos con hidromasaje a los afectados por parálisis cerebrales infantiles.

Con sus compañeros también contribuyó a reincorporar a la vida útil a camillas, dispositivos de hidromasaje para manos y piernas y otros medios con varios años de uso. Asegura que uno de los mayores placeres de los fisoterapeutas es devolver la capacidad de movimiento a un niño que entra sin ella al gimnasio.

La transformación material experimentada por la institución alegra de igual modo porque restablecieron el servicio de se­minternado para pacientes residentes en el municipio de Hol­guín, a quienes diariamente, de lunes a viernes, los recoge en sus hogares una guagua en las primeras horas de la mañana y los retorna después de las 4:00 p.m.

De esos sucesos y de la llegada de nuevos conjuntos técnicos para el tratamiento de diversas patologías, y sobre todo del amor que predomina aquí al relacionarse con los pacientes, hablan Digna Fernández Ramírez (transporta en sillas de rueda a los pacientes que lo requieren), Mirian Batista Salazar (técnica en enfermería) y Noris Ricardo Escobar (niñera), en la institución desde los días fundacionales, 33 años atrás.

Sucede igual con Luis Manuel Muñoz (responsable del taller de educación laboral), Eloidio Gómez Fonseca (logopeda a quien le encargan los casos más complejos), Oneida Reyes Cis­neros (especialista en recreación terapéutica), Lorena García Ochoa (jefa de sala de la enfermería) y Yamilé Caballero Coello (licenciada en Enfermería tras haber iniciado su vida laboral aquí como niñera).

Todos desean que el centro no vuelva a la etapa en la que pusieron rodilla en tierra por el bienestar de los pacientes a pesar del deterioro material de los locales y demás áreas. La responsabilidad de las autoridades de la Salud Pública y de todos los involucrados es bien alta y están comprometidos en fiscalizar los programas de mantenimiento y mantener la vigilancia constante sobre el uso correcto del presupuesto destinado a esos fines.

Tomado de Granma

http://www.granma.cu/cuba/2015-12-23/sumas-de-humanismo-23-12-2015-21-12-42

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