Sorprender al desprevenido

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Por Eduardo Montes de Oca
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Quien ha seguido los grandes medios en los últimos días se ha topado con una avalancha alrededor de una directiva de política del presidente de EE.UU., Barack Obama, tendiente a impulsar el mejoramiento de las relaciones con Cuba y en la que se subraya la necesidad de continuar dicho proceso de manera progresiva.Si apelamos a filosofías asentadas desde antaño, el meollo de los asuntos siempre, o casi siempre, se halla en el justo medio; por tanto, hemos de convenir en que el documento, reflejo del sentir de amplios sectores de la norteña nación, como señaló Josefina Vidal, directora general de Estados Unidos del Minrex, es un paso significativo, reconoce el papel de Cuba como interlocutor serio y legítimo y, asimismo, consolida las variaciones introducidas hasta este instante, en tanto fomenta más intercambios entre los dos países. Sin dudas, expresó la funcionaria, se aprecian elementos posiblemente útiles en caso de que un (otro) Gobierno decida continuar avanzando hacia la normalización de los nexos.

Sin embargo, apreciamos que, si bien la proclama del mandatario vino acompañada de la noticia de que los departamentos del Tesoro y el Comercio se avienen a ciertas modificaciones de un bloqueo récord en la historia, por el tiempo y lo acendrado, y que constituyen una continuidad de paquetes adoptados en otras ocasiones, son estas medidas muy restringidas, porque el cerco económico, financiero y comercial persiste.

Para no pecar de obcecados sin causa, mencionemos grosso modo que se mantienen las restricciones a las exportaciones de productos de aquí hacia el norte, sobre todo –vaya síntoma- las del sector estatal, con la única excepción de los biotecnológicos y farmacéuticos, que podrán devenir promovidos, vendidos y distribuidos en EE.UU. –y que pueden tener un largo lapso para su aplicación en la práctica- ; por cierto, el más beneficiado en este nuevo capítulo de una saga que parece inacabable. La de la “Ley del Embudo”: ancho para algunos, estrecho para los restantes.

Además de la autorización de marras, tras ser aprobados los medicamentos por la Agencia de Drogas y Alimentos (FDA, sus siglas en inglés), se da luz verde al desarrollo de proyectos para investigaciones médicas conjuntas con fines comerciales o no, entre personas y entidades de ambas partes, así como la apertura de cuentas bancarias en suelo antillano de personas y entidades que se vinculen solo con estas actividades.

Pero ¿y el permiso para establecer empresas mixtas con vistas al despegue y la comercialización en esta industria? Silencio presidencial, que no se quiebra con estipulaciones como las de abatir el límite de hasta 400 dólares (100 en ron y tabaco) de artículos cubanos de uso personal por los norteamericanos que los adquieran aquí o en terceros Estados. Nada de trasiego en el mercado estadounidense.

No hemos de continuar con el desglose de la directiva, suficientemente pregonada, y, al decir de una colega, expresión “sublimada” de mucho ruido y pocas nueces, sino que con su mera alusión hagamos notar que no por primera vez la Casa Blanca recurre al efectismo a las puertas de algo tan manifiesto como la votación contra el bloqueo en la Asamblea General de la ONU.

Repito: la brega por el justo medio. Empezamos batiendo palmas por lo de positivo de una línea que calza, en relación con la actitud de futuras administraciones, el mejoramiento de las relaciones, pero no nos dejemos engañar, no caigamos en espejismos. No puede satisfacer las expectativas más equilibradas, porque, como señaló Josefina Vidal, y diversos observadores han comentado, no obstante el que “reconoce la independencia, la soberanía y la autodeterminación de Cuba, no oculta el propósito de promover cambios en el ordenamiento económico, político y social de Cuba”.

Si Obama tiene su lugarcito en la historia por la reanudación de los lazos diplomáticos con el “enemigo” a ultranza, no resulta menos visible que también pudo haber hecho mucho más, de acuerdo con sus prerrogativas, para contribuir al desmantelamiento y la desaparición posterior del bloqueo, en manos de un Congreso ya no tan anuente a voces de sirenas empecinadas en el hacer por las “malas”.

Porque por las “buenas” prosigue el diferendo. El propio Obama se ha encargado de anotar su (el) interés en una metamorfosis de esta sociedad de propiedad compartida. Empero, ahora, interiorizado por ellos el fracaso del garrote, llega el turno en el sempiterno ciclo a una zanahoria que incluye medidas, si bien encaminadas, excluyentes de aspectos esenciales, como el comercio, las inversiones, la normalización de las relaciones financiero-bancarias. Incluso, la implementación de la normativa sobre el uso del dólar en las transacciones internacionales de Cuba, anunciada a bombo y platillo, pero no puesta en ejecución, por obra y gracia de paradójicas multas de los subordinados del propio mandatario a bancos y compañías que se han “implicado” con la Mayor de las Antillas.

El justo medio, sí, como querían los sabios griegos. Si lo procuramos, no podemos dejar de pensar en que a lo largo de la directiva asoma el interés por apoyar más e ingentes transformaciones del Gobierno Revolucionario, al extremo de aseverarse, seria, muy seriamente, que, incluso si el Legislativo de los EE.UU. llegara a levantar el eufemístico embargo, los cubanitos –esos pobres desheredados- no podrían realizar su potencial sin una reforma económica continuada. Reforma que se define, entre otros factores, por brindar prioridad al sector privado, que por aquellos lares desearían tomar como punta de lanza de la vuelta al capitalismo.

Lo que no consta en ninguna circular, en ningún discurso de los augustos “dueños” del destino de más de medio mundo es, por ejemplo, y a esto se refería la buída pluma de una articulista, que sus pretensiones de colaboración a nivel global chocan con cuestiones que -Dios nos salve- no se declaran: “el impacto del propio bloqueo sobre nuestro sistema sanitario y la persistencia del robo de cerebros y de mano de obra especializada del sector a través del llamado programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos, que afecta tanto al pueblo cubano como a pacientes de terceros países, ya que promueve la deserción de personal sanitario que labora en misiones internacionalistas”.

Y entonces distinguimos que en la disposición se incluye por su fuero el más crudo injerencismo, de la siguiente guisa: “La interacción de los Estados Unidos con el Gobierno cubano también se verá limitada por la continua represión de las libertades civiles y políticas en Cuba. Anticipamos que el Gobierno cubano continuará oponiéndose a las políticas y operaciones estadounidenses de migración y a los programas de democracia, Radio y TV Martí, la presencia de los Estados Unidos en la Base Naval de Guantánamo y el embargo. El Gobierno de los Estados Unidos no tiene intención de modificar el tratado de arrendamiento vigente y otras disposiciones relacionadas con la Base Naval de Guantánamo, que permite a los Estados Unidos mejorar y preservar la seguridad regional”.

Esto lo escriben quienes se jactan de considerar al vecino del sur un socio emergente en la lucha contra el terrorismo y las amenazas de la salud, pasando por alto no solo la vía expedita que se les abre a galenos y paramédicos de la Isla, sino que han acogido, aupado, a “chicos” de la bomba pronta, tales Orlando Bosch y Luis Posada Carriles.

En fin, que, como anota el diario Trabajadores, entre la algazara construida, el toque de tambor, duele, escuece que alguien no divise el manto de denso mutis sobre legítimos reclamos: que se borren la agresión mediática, la Ley de Ajuste Cubano, los programas dirigidos a promover transformaciones estructurales y de régimen internas y las transmisiones radiales y televisivas ilegales. Importante: que se devuelva el territorio espuriamente ocupado en el oriente.

A buen entendedor, pocas sílabas. Si bien la directiva -como dijimos, sospechosamente oreada poco antes de la consabida votación de la Organización de Naciones Unidas, ¿en son de cortina de humo?- pretende convertir en irreversible el “legado” de la administración de Barack Obama, nadie de buena fe habrá de obviar que, como apostilló él mismo, el texto trasluce que las intenciones son acabar con los obsoletos, fracasados métodos para con la nación cubana y franquear el paso a nuevas tácticas con el sempiterno propósito de dominación.

Por eso, el “avispero” con que la FEU ha respondido en centenares de combativos círculos; por eso, la convicción, expresada en reciente encuentro entre las cancillerías de uno y otro país, de la universalidad, indivisibilidad e interdependencia de todos los derechos humanos, tanto los civiles y políticos, como los económicos, sociales, culturales. Sí, enoja recordar que una pequeña porción de tierra ha ratificado la friolera de 44 de los 61 instrumentos internacionales en la materia, mientras que la gran extensión situada al norte, los “amos” del planeta, solo han rubricado… ¡18!, y se avienen a detectar la paja en el ojo ajeno cuando padecen una gran viga en el suyo: brutalidad policial especialmente contra los afroamericanos, inseguridad ciudadana, aumento de las muertes por armas de fuego, actos de tortura en los centros de detención y cárceles secretas, ejecuciones extrajudiciales como parte de la lucha contra el terrorismo…

Nada, que el doble rasero se empoza en la política de Norteamérica, que ahora toca la pieza de la alharaca, tratan d o de que los ingenuos se traguen la píldora sin reparar en que la directiva presidencial semeja el nuevo collar del viejo perro. Solo que ahora este ladra con menos estrépito y mueve la cola, en son de supuesta amistad, cuando anhela lo mismo de otras veces: sorprender al desprevenido.

Rebelión

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