¿Son los Estados Unidos de América un Estado forajido?

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Por Rafael Andrés Álvarez Fernández

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Los Estados Unidos han hecho de la mentira el eje central de su política injerencista y fascista, de la manipulación mediática su punta de lanza y como colofón, su arma principal, el terrorismo de Estado.

En esta guerra sucia, los gobiernos norteamericanos tratan por todos los medios de obstaculizar, a futuro, el acceso de Rusia y China
-considerados de manera pública sus principales enemigos- a recursos naturales perecederos como el petróleo; el gas; minerales; el agua, imprescindibles para el desarrollo económico de estos países y para lograr estos fines, no les importa derrocar gobiernos, crear guerras fratricidas, financiar grupos terroristas, masacrar pueblos enteros, desconocer el Derecho Internacional y manipular las instituciones internacionales a su libre albedrío.

Para esta estrategia, a la cual como era de esperar se suman países y gobiernos satélites, emplean la influencia psicológica a través de sus medios “desinformativos”, la prensa, radio, televisión, Internet, redes sociales, entre otras, repitiendo una supuesta defensa a la cacareada y desgastada “libertad de expresión”, cuando en realidad sus repetidores no son más que esclavos del gran capital que los domina, sino, revisemos donde se preparan o quienes financian a los llamados periodistas “independientes” de los países a quienes el gobierno norteamericano considera enemigos, pero que sin embargo, salvo contadas excepciones, en los propios Estados Unidos estos mismos “periodistas” no logran publicar ni siquiera un artículo, porque son “ahogados” olímpicamente por los grandes centros de poder mediático que como dijera el Presidente Rafael Correa: “Desde que se inventó la prensa esta ha estado al servicio del dueño de la imprenta”, más claro ni el agua.

alca_iirsaEs por eso entendible que como parte de la filosofía mesiánica que han introducido en el subconsciente de muchos de los principales representantes políticos de la nación norteña, estos se consideren los enviados de Dios en la tierra, los llamados a dirigir a todos los pueblos del mundo como borregos al matadero en nombre de la libertad o que vean a las otras naciones como inferiores a su “grandeza”.

En esta línea de acción, los voceros o funcionarios norteamericanos desde hace tiempo emplean en sus intervenciones públicas contra los países que no se someten a sus designios, palabras como “regímenes narcoterroristas”; “dictadura castrochavista o castrocomunista”; “régimen corrupto”; régimen totalitario”; “régimen ilegitimo”; “usurpadores”; “represores”, etc., etc.”, como si de un guion dirigido a influir en las psiquis de los oyentes se tratará, que sumado al bombardeo mediático permanente llega a influir en determinados sectores, esos que como expresará Malcom X: “Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

Ahora ¿se ha detenido usted a analizar que algunos de los políticos norteamericanos más influyentes y abanderados en esta estrategia, están vinculados de alguna manera al narcotráfico, la corrupción, la tortura, la represión de opiniones divergentes, el robo de recursos extranjeros, el asesinato selectivo o el terrorismo?

Si no me cree, entonces revise las propias declaraciones de muchos de ellos a medios de prensa norteamericanos, a la Corte de Justicia, al Congreso o en Comisiones Bipartidistas y se sorprenderá de ver nombres como Marcos Rubio; Bob Menéndez; Mario y Lincoln Díaz Balart; Ileana Ross Lethinen; John Bolton; Gina Haspel; Mike Pompeo; Mike Pence, Elliot Abrams y hasta el propio Donald Trump, entonces ¿cómo espera usted que actúe un delincuente si no es violando la ley? Un viejo refrán reza: “Ladrón juzga por su condición”, entonces como dice un popular periodista cubano “Saque usted sus propias conclusiones”.

En realidad son los gobernantes de los Estados Unidos de América los grandes violadores de la ley a nivel internacional, en este proceso han intentado establecer un doble rasero, mientras por un lado buscan la condena de sus enemigos, se esfuerzan por librarse a sí mismos y a sus aliados de todo escrutinio por parte de las Naciones Unidas, elementos legales que justificarían aplicar de manera imparcial -si realmente se hiciera- una intervención humanitaria de los cascos azules de la ONU en su propio país y restablecer como ellos propugnan, la democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales de sus ciudadanos.

Si alguien me preguntara en que me baso para hacer esta afirmación, le respondería que los Estados Unidos de América no ha firmado o ratificado hasta la fecha alrededor de 28 instrumentos jurídicos internacionales, algunos de ellos utilizados para justificar sus guerras de rapiña alrededor del mundo:

  • Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW). Los Estados Unidos, no ha ratificado esta convención.
  • Convención sobre el consentimiento para el matrimonio, la edad mínima para contraer matrimonio y el registro de los matrimonios. Firmada por los Estados Unidos el 10 de diciembre de 1962, pero no ratificada.
  • Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena. No ha firmado este tratado.
  • Protocolo de Kyoto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Se ha negado a firmar el Protocolo.
  • Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes: Firmado el 23 de mayo de 2001, pero no ratificado.
  • Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizo s de los desechos peligrosos y su eliminación: Firmado el 22 de marzo de 1990, pero no ratificado.
  • Convenio sobre la diversidad biológica: Firmado el 4 de junio de 1993, pero no ratificado.
  • Convenio sobre la Protección y Utilización de Cursos de Agua Transfronterizos y Lagos Internacionales: No firmado por los Estados Unidos.
  • Estatutos del Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología: No firmados por los Estados Unidos.
  • Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar: No firmada por los Estados Unidos.
  • Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares: Firmado por los Estados Unidos el 24 de septiembre de 1996, pero no ratificado.
  • Convención sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonal y sobre su Destrucción: Conocido también como Tratado de Ottawa. No firmada por los Estados Unidos.
  • Convención Internacional contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios: No firmada por los Estados Unidos.
  • Convención sobre los Derechos del Niño: Firmada por los Estados Unidos el 16 de febrero de 1995, pero no ratificada.
  • Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados: Firmado por los Estados Unidos el 5 de julio de 2000, pero no ratificado.
  • Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía: Firmado por los Estados Unidos el 5 de julio de 2000, pero no ratificado.
  • Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales: Firmado por los Estados Unidos en el 5 de octubre de 1997, pero no ratificado.
  • Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, Destinado a Abolir la Pena de Muerte: No firmado por los Estados Unidos.
  • Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid: No firmada por los Estados Unidos.
  • De los ocho convenios básicos de las Naciones Unidas relativos al trabajo y la Organización Internacional de Trabajo, los Estados Unidos han ratificado dos. Entre los tratados en materia laboral que no han ratificado los Estados Unidos figuran los siguientes:
  • Convenio relativo a la libertad sindical y a la protección del derecho de sindicación.
  • Convenio sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva.
  • Convenio sobre la edad mínima de admisión al empleo.
  • La Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, ha sido un foro para la solución de controversias entre Estados. El 7 de octubre de 1985, los Estados Unidos declararon que en lo sucesivo no acatarían las decisiones de la Corte y suspendieron su adhesión a la Declaración.
  • Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional: Los Estados Unidos declararon el 6 de mayo de 2002 que dejaban de considerarse obligados por él, afirmando que el tribunal podría enjuiciar a ciudadanos estadounidenses por “cargos frívolos”.
  • Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados: Firmada por los Estados Unidos el 24 de abril de 1970, pero no ratificada.
  • Convención sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad: No firmada por los Estados Unidos.
  • Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional: Firmada por los Estados Unidos el 13 de diciembre de 2000, pero no ratificada.[1]

 

¿Les parecen muchos? ¿Y a usted que me lee, aún le quedan dudas de por qué los Estados Unidos es un Estado forajido?

Yo al menos no tengo ninguna y si realmente se aplicarán las leyes internacionales con verdadero sentido de la justicia y apegadas estrictamente a Derecho más allá de consideraciones políticas, los gobernantes de ese país deberían ser juzgados por el Consejo de Seguridad de la ONU y la Corte Penal Internacional, algo que quizás por ahora sea una quimera, pero que en un futuro no lejano pudiera ser una realidad, mientras tanto esperemos que la cordura y la dignidad de muchos perdure por encima del lacayismo y la inmoralidad de algunos pocos.

  • [1] Fuente: Traducido y adaptado de Conventional neglect Women ́s Environment and Development Organization http://www.wedo.com

 

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