Sociedad civil, la verdadera historia (2)

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La filosofía premarxista acerca de la sociedad civil

A partir del siglo XVIII la filosofía premarxista designaba con el término de sociedad civil a las relaciones sociales y, en particular, a las relaciones de propiedad. Entre los representantes más destacados de esta posición se encuentran los filósofos materialistas ingleses Thomas Hobbes (1588 – 1679) y John Locke (1632 – 1704), quienes empleaban dicho término para designar a la sociedad que ha dejado de ser primitiva para pasar a un estadio de organización acorde a los principios de un poder político comúnmente aceptado. La idea de la sociedad civil, para ellos,  no implicaba tan solo  un concepto político, sino también una concepción antropológica y ética. “Si en la ideología medieval, señala Jorge L. Acanda, los fundamentos del orden social y los valores morales eran colocados hasta ahora en principios de carácter externo al hombre y su mundo, con el surgimiento del capitalismo era necesario relocalizar estos fundamentos en el mundo del hombre, en una concepción de la Razón, como algo existente por encima del hombre pero a la vez en el hombre”.

Jean Jacques Rousseau, (1712 – 1778), filósofo francés, por su parte, al analizar desde su propia concepción revolucionaria y filosófica este fenómeno, considera que la sociedad civil basada en la propiedad privada representaba un avance al compararla con el primitivo “estado natural”, pero a su vez, no deja de señalar que era un retroceso, pues llevaba dentro de sí desigualdades, miserias y  otros males. Al valorar la significación de la propiedad privada en el contexto de la sociedad civil Rousseau plantea que “El primero que, habiendo cercado un terreno, descubrió la manera de decir:  Esto me pertenece, y halló gentes bastantes sencillas para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil” Para Rousseau la sociedad civil se vincula al tipo de sociedad  en la que ya existe todo un sistema de relaciones sociales del cual forman parte la familia, las relaciones de propiedad (privada) y los fenómenos de desigualdad (desposeídos, ricos) que le son consustanciales, así como la religión y otros. Una sociedad en la que también se ha constituido el Estado.

Rousseau  enriquece considerablemente la teoría existente hasta entonces sobre la sociedad civil  y desarrolla su teoría sobre el “contrato social”. “El  establecimiento del cuerpo político como un verdadero contrato entre el pueblo y los jefes de su elección; contrato por el cual las dos partes se obligan al cumplimiento de las leyes por él estipuladas y que constituyen los lazos de unión”. En la concepción de Rousseau la solución de las contradicciones del Estado con el pueblo y con la sociedad civil  se encontraban  en la base misma del Estado. Si el Estado había nacido de un contrato, cuando éste se tornase desventajoso el pueblo podía anularlo y crear una nueva forma de asociación que responda a sus intereses y necesidades.

El error más significativo de la concepción de los filósofos ingleses y franceses  acerca de la sociedad civil consistió en no comprender la dependencia en que la sociedad civil  se halla respecto al modo de producción y a la clase social dominante en él, es decir, en no ver su naturaleza clasista, en explicar la formación de la misma por las propiedades naturales del hombre, los objetivos políticos, las formas de gobierno y de legislación, la moralidad y otros importantes aspectos.

Un gran aporte a la concepción de la sociedad civil   en las postrimerías del siglo XVIII realizó G. W. F. Hegel (1770 – 1831). Según su concepción, la sociedad civil nació de la desintegración del nivel de organización social meramente familiar que dio lugar al surgimiento de las clases y a los elementos del Estado.

Para Hegel el Estado estaba separado de la sociedad civil, pero a la vez, concebía vínculos entre ellos e incluso interpenetración. La sociedad civil no era una esfera totalmente fuera del Estado, sino interactuante con él. Marx valora que “Lo más profundo de Hegel reside en que siente como contradicción la separación de la  sociedad civil  y de la política. Pero lo falso es que se contenta con la apariencia de esta disolución y nos ofrece como la cosa misma”.

La sociedad civil concebida por Hegel se sustentaba  en estamentos sociales, de la cual formaban parte el “sistema de necesidades” basado en la propiedad privada, así como “la justicia” y la policía, que se encargaría de proteger la propiedad y se caracterizaba por   trabajo, división del trabajo, riqueza y trabajo, moral y decadencia moral. Abarca, además,  toda el área de la economía y también de la justicia y la administración. Para Hegel la sociedad civil representaba la antítesis de la familia, mientras que el Estado funge como una síntesis de ambas. En ella se incluía no sólo las relaciones económicas, sino también la regulación estatal de dichas relaciones. Esa sociedad civil la entendía con características propias del Estado y con posibilidades de convertirse en Estado cuando llegara a su unificación en una totalidad orgánica.

En la sociedad civil, según Hegel, correspondía el ejercicio del poder político a la nobleza (no era partidario de los ideales demoliberales burgueses de libertad política). La burguesía, (comerciantes, fabricantes) constituía otro estamento importante de esta sociedad, en la cúspide de la cual se encontraba la  burocracia, encargada de asegurar los intereses universales de la sociedad.

El pueblo desorganizado, como agregado de particularidades, era para Hegel, condición de injusticia, de inmoralidad e irracionalidad. Concebía la participación del pueblo, como momentos orgánicos, como clases. En tanto, el Estado lo concebía como “reunión del principio de la familia y de la sociedad civil”.

En su concepción idealista, Hegel consideraba que la contradicción entre la sociedad civil y el Estado era inevitable, esencial, como una verdad de la razón, pero tal contradicción encontraría solución pacífica en la monarquía constitucional estamental.

No caben dudas que en la concepción  hegeliana sobre la sociedad civil aparecen  algunas manifestaciones de las verdaderas leyes del desarrollo de la sociedad; sin embargo, sus puntos de vista al respecto, resultan, en su conjunto,  inconsistentes. Su idealismo no le permite llegar a la verdadera esencia de los fenómenos, penetrar en ellos, ver su interconexión.  Hegel ve la sociedad civil como dependiente del Estado, concebido como forma verdadera del espíritu objetivo, mientras que la sociedad civil no es más que una forma “final” del espíritu.

Tomado del Blog Sociedad Civil

http://sociedadcivilcuba.cubava.cu/2015/02/25/sociedad-civil-la-verdadera-historia-2/

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