Ser parte en política

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Por Harold Bertot Triana*

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Ser parte en política es más que salir a votar el día de las elecciones, o de asistir a las rendiciones de cuentas –piensa así más de un sujeto crítico en política. Implica participar –se argumenta- en una sistema de vida que se componga y realice como sistema, en que la parte no puede existir sin el todo y viceversa.

Estas reflexiones contienen una fuerte tendencia de recomponerlo todo. El socialismo, como alternativa a las prácticas degradantes del capitalismo, coloca la discusión en cómo lograr un régimen social, político y económico en que el individuo no exista inerte, manso, frente a las realidades que lo subyugan. No afirmarse como sujeto político, ser un individuo aislado -se concuerda con el gran José Ingenieros-, conlleva consecuencias negativas en muchos sentidos de la vida social. Es un individuo derrotado: en lo psicológico, en las proyecciones de vida, en sus maneras de entender todo cuanto le rodea. Pero es mucho más que eso también: es un momento de profunda reflexión sobre sus causas, y su forma de remiendo.

Para el sujeto crítico ser parte seguramente demanda una vida política sin náuseas. Estará de acuerdo en derribar los espacios públicos en que la comunicación se realiza con lenguajes de otro mundo, y donde es peor: todo el mundo lo sabe; esos espacios donde en la cara y actitudes de muchos es imposible evitar la tragicomedia: algunos cuidan intereses, otros se resignan a las reglas de juegos -las que no se pueden discutir-, a veces esperando escalar, o a veces resignándose a la manidas y cobardes expresiones que todo lo hunden y calan en la desesperanza.

El sujeto crítico del socialismo en Cuba demanda, definitivamente, echar abajo esos estados psicosociales extraños, complejos, convertidos en teatros colectivos de vida de pésima calidad, simulaciones absurdas de vida y de disciplina frente a lo mal hecho y ante todo lo que lacera el socialismo. No más verdugos que se desdoblan y aparecen como víctimas de un verdugo más alto. Ni es mejor no discutir, ni mejor con patriótico brío entonar la voz y hablar de los problemas fenomenológicamente, tragarse las verdaderas palabras, analizar cómo se dice, la palabra correcta, las supuestas virtudes incuestionables.

El individuo que se convierte en sujeto crítico, se va encontrando en sí mismo como ser social, y se va afirmando con autonomía en relación a la autonomía del otro, en la medida en que su capacidad de decidir se afirma en la transformación revolucionaria de su entorno, en que crea ámbitos de participación socializadas.

El debate debe desarrollarse en cómo consolidar las capacidades materiales y espirituales en que el individuo se apropie de su realidad y la traduzca a nivel de la conciencia política en consonancia con la lógica en que se desarrolla. La coincidencia del interés individual y colectivo seguirá consintiendo, con más razón ahora y en el futuro, en un reto perenne del socialismo en Cuba. Pero más que eso también, un reto será perfeccionar los mecanismos para ser parte en política.

* Jurista. Miembro de la Junta Nacional de la Sociedad Cultural José Martí

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