Reflexiones de un guajiro: Desde el surco se hace Revolución

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Por Maritza Padilla 

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Disipadas las sombras que opacaron el brillo de su mirada más de seis décadas atrás, Tomás Vega Hernández contempla su vega, cubierta por el verdor de las plantas de tabaco con una lozanía que augura una buena cosecha en la actual campaña y satisfecho, disfruta el familiar paisaje de la zona La Mulata, en el municipio de San Luis.
Su vista se pierde en los surcos y a su mente vienen recuerdos  de la infancia, cuando veía a su padre sufrir por el abuso de personajes que se echaban en sus bolsillos los resultados  de su arduo trabajo.
“Me parece estar mirando nuestra casa entonces construida con tabla mala, con hendijas, como decimos nosotros los guajiros, piso de tierra y techo de guano; y la comida… lo que le llamábamos échame  más, que era un puñaíto de arroz con una cazuela de leche para que creciera y alcanzara para todos.
“Miguel Saludes se nombraba aquel hombre enriquecido con nuestro sudor y en una oportunidad mi abuelo le habló ante la necesidad de operar a la abuela de apendicitis y le dijo que sí, y así pues la ingresaron en una clínica, le hicieron la cirugía y cuando estuvo de alta fue a verlo para buscar el dinero.campesino-3.jpg
“La respuesta fue que no podía pues en ese momento tenía el banco contrariado, y el muy sinvergüenza, tenía en sus almacenes dos cosechas nuestras sin liquidar, todo eso sufrimos, y me hubiera gustado que a mi viejo la vida le hubiera alcanzado para  apreciar la cambiante realidad de ahora”.
Hoy con el fruto de mi labor  y la de mi familia –afirmó- vivo en una casa amplia de mampostería y placa, tengo un carro que me asignó la Revolución en reconocimiento al trabajo y si bien no soy rico, mi gente y yo tenemos una vida holgada, al igual que todos los campesinos cubanos.
Dos de mis hijos estudiaron, otro y un nieto eligieron ayudarme en la vega, y tenemos educación, servicios de salud gratuitos, ¿qué más podemos pedir…?, se preguntó.
Locuaz y campechano, retomó el tema del tabaco y entusiasmado dijo que tiene sembradas 2,3 hectáreas (ha) de la solanácea, de un plan de 5,3 fijado, y la tierra preparada para recibir la simiente en la superficie restante antes de concluir diciembre, en la etapa óptima para el cultivo.
campesino-2.jpg  Dotado de los saberes de sus antecesores, los combina con resultados científicos del cultivo e incursiona desde el año anterior en la siembra de nuevas variedades de la hoja y la cosecha fue muy buena.
Por esa razón ahora en el área ya plantada utilizó la Corojo 2012 y en la faltante empleará la Corojo 2006, ambas con mucha resistencia a la enfermedad conocida por pata prieta y a la sequía.
Juicioso, explica que todo lo dejado de hacer al tabaco lo cobra al final, por eso  es necesario desbotonar en el momento oportuno, arrancar la hierba, deshijar y evitar que se pase del tiempo de la “cogedura”, es decir arrancar las hojas a la planta en el justo minuto que lo precisa.
Y sobre todo –reflexionó- extremar los cuidados en el proceso de cura, no dejar apretados los cujes, sacudirlos como exige si hay mal tiempo, y no dejarlos en las barrederas bajas  cuando existe blandura, porque se afecta el tabaco y mantener cerradas las ventanas del recinto si hay norte porque el aire puede estropear las hojas.
En varias oportunidades mejor cosechero del municipio de San Luis, tiene en su haber más de 20 diplomas de reconocimiento a su trabajo y mirando la medalla Aniversario 55 de la ANAP, obtenida el año anterior, argumentó: “… y es lo que yo le digo a mis hijos, aprieten, que desde el surco también se hace Revolución”

ACN

 

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