¿Quién va a curar las enfermedades de mi hijo?

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Por Yuniel Labacena Romero 

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SAO PAULO, Brasil.— Quizá nunca antes quienes transitan o trabajan en el aeropuerto internacional Gobernador André Franco Montoro, más conocido como Guarulhos, hayan sido invadidos por tanta tristeza, ni en tan poco tiempo hayan visto cómo un país emprende de forma rápida, ordenada y segura el retorno de sus hijos a la Patria, ante las amenazas y provocaciones de un presidente electo, como ha sucedido con el brasileño Jair Bolsonaro.

Las escenas vividas este lunes en uno de los salones del aeropuerto, desde donde partieron otros 204 médicos a la Mayor de las Antillas —quienes como los 8 300 que prestaban ayuda en Brasil finalizaron su participación en el programa Más Médicos—, demuestran las heridas que deja el fin de una iniciativa impulsada desde 2013 con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

¿Cuál es la suerte que le espera a este pueblo con Jair Bolsonaro? Es la pregunta que corre de boca en boca cuando converso con los médicos cubanos, y con algunos brasileños, pues muchos ni siquiera conocen lo que está sucediendo. Por ejemplo, con el cierre de Más Médicos se calcula que unos 30 millones de ciudadanos perderán su cobertura sanitaria y que los galenos del país carioca no cubrirán el vacío que ahora queda, aun con la convocatoria hecha por el Gobierno.

«Fui recibida por pacientes que me dijeron: “Nunca vino un médico a mi casa”», afirma la médica cubana Odelsa María Chamizo Mendoza, rodeada de pertenencias que tuvo que recoger de prisa. «A veces los pacientes pedían disculpas por no tener nada que ofrecer o trataban de buscar algo. Pero nosotros estamos habituados a ese trabajo humano.

«La mayor recompensa era saber que el paciente mejoró y que se siente a gusto con nuestra atención», afirma la joven galena, quien estuvo ubicada en el municipio de Piracicaba, uno de los más extensos de Sao Paulo. Y a la vez reconoce que lo sucedido es «malo para el pueblo, principalmente para los pobres, porque van a sentir la falta de los médicos que nos vamos».

Su estancia en Brasil ha sido solo de un año y medio, pero asegura esta camagüeyana, del municipio de Florida, que «fue suficiente para comprender que el pueblo brasileño precisa de nosotros. Donde estuve era una ciudad de un capitalismo feroz y sus habitantes se asombraban al vernos llegar a su casa o tratarlos de tú a tú en el consultorio, porque uno los tocaba, les tomaba la presión, les pasaba la mano…».

Otros profesionales me cuentan que el cambio impulsado por el programa Más Médicos se sintió con fuerza en los pacientes, quienes ya no necesitaban pasar la noche en la fila para tratar de conseguir una cita, como sucedía cuando no había un médico fijo en el puesto. «Estoy seguro de que esa situación volverá a ser como antes», afirma Lisván Osmany Valdivia Valdia, quien prestó servicios en las favelas de Guaruja, una ciudad costera con graves problemas de violencia, droga y enfermedades contagiosas.

«Además de las consultas, trabajaba con la prevención y el control de enfermedades junto a la comunidad y visitaba a pacientes que no podían ir hasta el puesto de salud. Los médicos brasileños no vienen aquí», señala.

Recuerda que cuando supo de la Declaración del Ministerio de Salud Pública    (Minsap) estaba en su consulta y quienes esperaban por sus atenciones «no entendían por qué teníamos que irnos. Hubo que explicarles las intenciones macabras de Bolsonaro y asegurarles que nuestros principios no estaban sujetos a ningún tipo de chantaje por quienes no conocen la dignidad del pueblo cubano. En este minuto solo pienso cómo empeorará la salud de los pobladores de mi querida favela».

Entre la Tristeza y la Nostalgia

Según reportes de la prensa brasileña, la administración de Bolsonaro emitió un plan de emergencia para cubrir las vacantes abiertas que ha dejado la partida de nuestros médicos, pues decenas de ciudades, muchas de ellas entre las más remotas y pobres del país, han quedado virtualmente sin galenos.

Según el Ministerio de Salud de Brasil, 8 332 de los 18 240 médicos del país pertenecían al programa Más Médicos. La misma entidad afirma que hasta el momento ya se han llenado casi todas las vacantes para suplir las plazas que dejan los cubanos, pero… los candidatos han pedido ser ubicados en las grandes ciudades y no en los pueblos en los que laboraban nuestros galenos. ¿Entonces qué?

Quizá por eso, mientras nuestros profesionales ascendían las escalerillas del avión IL 96-300 de Cubana de Aviación, recordaba al centenar de doctores que estaban de vacaciones en la Mayor de las Antillas y regresaron, días antes, en ese mismo avión para organizar personalmente el fin de su misión, y que también llegaron a medio camino entre la tristeza y la nostalgia.

«Compadre, lo que más siento es dejar a la gente del lugar donde estaba y saber que ellos son los que más salen perdiendo con la postura agresiva de Bolsonaro», me dice el doctor holguinero Alexis Martínez Góngora, de 31 años de edad, quien trabajó en el nordeste de Brasil.

Él y sus compañeros llevaban más de 20 días de vacaciones en Cuba cuando los sorprendió la Declaración del Minsap. «Uno imaginaba que iba a haber problemas, pues este presidente es un dictador. Cuando se hizo pública la decisión de nuestro Gobierno, nos citaron a una reunión en la que nos explicaron cómo se iba a desarrollar todo el proceso.

«De nuestras provincias vinimos a La Habana y ya estamos aquí otra vez. Nos hemos sentido acompañados en todo momento», comenta, mientras me explica que si recoger sus pertenencias o retirar del banco sus ahorros fue lo que deseó en un momento, hoy despedirse de sus pacientes y de toda esa gente humilde con la cual creció humana y profesionalmente es lo que más añora.

Ha sido un regreso inesperado, pero ello no ha de ser preocupación, pues según me cuentan los coordinadores de esta rápida evacuación todo está asegurado, aunque la dinámica es fuerte.

Vivir cada partida de los médicos a casa, e incluso viajar con ellos hasta Brasil, resulta sobrecogedor por las múltiples  emociones que tienen para compartir. La madrugada del domingo, cuando llegamos a Sao Paulo y estuvimos a la espera para salir de la aeronave, daba gusto escuchar las conversaciones cuando los teléfonos dejaron de estar en modo avión.

«Estamos de regreso, en minutos volveremos a compartir», le dijo un médico a uno de sus pacientes. «No te preocupes, todo saldrá bien», le respondían. Más atrás a alguien le aseguraban: «Ahora nos quedamos sin médicos, sin su cariño; ustedes son como un Dios». «¿Quién va a curar las enfermedades de mi hijo? Los llevaremos siempre en el corazón», le decían a otro médico por videollamada.

Y entonces uno comprende mejor el valor de que en estos cinco años de trabajo, cerca de 20 000 colaboradores  cubanos vinieran a Brasil y atendieran a 113 millones 359 000 pacientes, en más de 3 600 municipios. Su huella está en lugares de extrema pobreza, en sitios donde se convirtieron en el único consuelo para millones de pobres.

JR

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