¿Qué significa ser progresista hoy?

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Las preocupaciones políticas del mundo contemporáneo están relacionadas con las formas de vivir de nuestras sociedades y con las respuestas que podemos dar para resolver sus problemas. De la manera como logremos dar esas respuestas dependerán los resultados a futuro. El progresismo, como posición política, tiene ante sí un enorme desafío en el momento actual.

El progresismo está vinculado con el cambio, el laicismo, el pluralismo, el feminismo, la participación ciudadana y el vanguardismo. Ser progresista significa procurar los cambios que se necesitan ahora. Es evidente que estos cambios deben ser ejecutados por actores sociales y políticos provenientes de una amplia base social. Las siguientes propuestas están abiertas para un debate amplio.

1) DEFENSA DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

El progresismo solo puede florecer en una república democrática, y por esta razón propugna un republicanismo radical, en el sentido originario de este concepto. República viene del latín res pública (la cosa pública); y radical se deriva de radix (raíz). El republicanismo radical es la defensa de los intereses públicos desde su raíz; es decir, desde la sociedad.

La sociedad actual debe profundizar la democracia, que es el gobierno (kratos) del pueblo (demos), según sus raíces griegas. La democracia se profundiza cuando es participativa, lo cual significa el involucramiento de todos los ciudadanos en las actividades estatales, sociales, culturales y otras.

También lo hace cuando es consultiva, pues la voluntad popular tiene la posibilidad de expresarse mediante el voto en las urnas. La participación del pueblo es esencial en una sociedad democrática. Participar se complementa con pronunciarse.

2) MACROECONOMÍA ENFOCADA AL TRABAJO DIGNO Y A LO SOCIAL

Ser progresista significa ser partidario de una macroeconomía que genere
trabajo y que sirva primero a la gente, y no al mercado. Eso solo se obtiene aplicando una economía heterodoxa. La economía ortodoxa es la que sigue la corriente establecida, la del libre mercado; es esa economía individualista y estática; es la economía del consumismo, de lo desechable, de la obsolescencia programada, de las privatizaciones.

Esa visión y prácticas económicas están representadas por el grupo de gobiernos europeos que enfrentaron la crisis del capitalismo central del 2008 (cuyo preludio fue la desregulación financiera en Estados Unidos), cuando entregaron la economía a los mismos culpables de la crisis: los banqueros de Grecia, Irlanda, Portugal y España. Se trató de un triunfo del neoliberalismo que produjo secuelas desastrosas en la cultura.

3) DEFENSA DEL AMBIENTE DESDE EL SUR PLANETARIO

En mi más reciente libro Solidaridad sostenible. La codicia es indeseable, he planteado que la defensa irrestricta del ambiente es la prioridad del siglo XXI.

Tras esta portada inflamable que es el acelerado cambio climático, se esconde una crisis civilizatoria como consecuencia de las injusticias sociales y ambientales acumuladas, unidas en el mundo actual a las relaciones asimétricas entre norte y sur.

4) CONSTRUCCIÓN DE CAPACIDADES HUMANAS MEDIANTE EDUCACIÓN Y SALUD, CON PROFUNDIZACIÓN EN DERECHOS

La complejidad de las sociedades actuales nos obliga a realizar continuas intervenciones. Estamos en un momento en el que miramos con enorme preocupación el futuro de nuestra sociedad; prepararnos en lo inmediato es nuestra exigencia y deber ahora. La educación es uno de los puntales para sostener una sociedad digna, y ello implica la entrega de todos los esfuerzos posibles para mejorar las condiciones en las que se desarrolla el proceso educativo; es decir, contar con una gran capacitación de los docentes, la construcción de una infraestructura digna y la creación de un entorno educativo de paz.

Ser progresista es brindar atención integral en salud. La salud no puede ser tratada como una mercancía, porque las ganancias obtenidas de ese trato comercial se convertirán a la larga en gastos fúnebres. Existen enfermedades fáciles de prevenir, pero que en situaciones de pobreza se han vuelto incurables.

Ser progresista significa respetar y hacer respetar los derechos de los seres humanos. En una democracia real, para consolidar una sociedad sana y educada, hace falta profundizar los derechos. Esto solo es posible alcanzar con el ejercicio permanente de los derechos humanos, económicos, sociales, culturales y ambientales. Estos derechos deben enseñarse y cumplirse desde la primera infancia; desde las escuelas hasta llegar a las áreas de trabajo como adultos.

5) ÉTICA Y TRANSPARENCIA EN TODOS NUESTROS ACTOS

Ser progresista es ser transparente. La transparencia tiene que ser una actitud personal y social. Toda persona –mucho más quien ejerce funciones públicas–, debe ser transparente en sus actos individuales. Las sociedades deben levantarse sobre la base de la confianza mutua, y por ello las instituciones deben reflejar esa aspiración de transparencia.

6) SIN SOBERANÍA EN LO INTERNACIONAL, NO HAY PAZ

Ser progresista es ser soberano en las relaciones internacionales. Nuestra época no admite protectorados ni colonias. Es importante promover el alineamiento entre naciones que se tratan como iguales y actúan por el bien del grupo. Una actitud o conducta opuesta al principio del derecho y la equidad entre naciones y estados podría convertirse en un apoyo servil o entreguismo, lo cual deforma y atrasa las relaciones internacionales del mundo contemporáneo.

7) PARTICIPACIÓN POPULAR EN TODOS LOS PROCESOS PÚBLICOS

Ser progresista es involucrar de manera íntegra a la sociedad en los procesos de cambio. Primero, porque la sociedad es corresponsable con el Estado. Pero lo más importante es que la participación activa de la sociedad se convierte en un componente esencial del cambio duradero o de larga duración.

Ser progresista es trabajar por el empoderamiento de los grupos excluidos de la sociedad. Este proceso significa promover los cambios que beneficien a esos grupos, en el ámbito de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Pero no solamente eso, sino, además, que provoquen el empoderamiento dentro de un proceso de autoconfianza al interior de esas comunidades.

8) OPOSICIÓN A UNA CULTURA DOMINANTE Y EXCLUSIVISTA

Las culturas populares se oponen a las culturas dominantes. Ser progresista es ser partidario de las culturas populares. Estas se enraízan en su geografía, conservan sus lenguas originarias, prefieren la tradición oral y son más intuitivas. La cultura dominante impone, tiende a ser uniforme, prefiere lo escrito, lo validado y lo que está sometido a regulación. La cultura dominante se inclina por el uso de una lengua internacional y por la globalización cultural.

9) SINTONIZACIÓN CON LOS CAMBIOS, SIN OLVIDAR LAS RAÍCES

Ser progresista significa estar sintonizado con los cambios actuales. Sin caer en el esnobismo, es necesario escuchar la voz popular y mantenerse al día con el conocimiento y las innovaciones del mundo. Las organizaciones sociales hoy reclaman derechos diferentes a los que reclamaban antes. Ahora se reclama el derecho a la equidad de género, al feminismo, a la recreación, a la educación continua, a escoger las preferencias sexuales, etc.

10) LIBERTADES POLÍTICAS Y SOCIALES

Al principio de la II Guerra Mundial, el presidente estadounidense, Fraklin D. Roosevelt, propuso al mundo luchar por cuatro libertades. «Queremos libertad de expresión y libertad de cultos, y queremos estar libres de necesidades y estar libres del miedo». Eso lo dijo cuando la mitad de Europa estaba esclavizada por el fascismo. Es lamentable que sus palabras no hayan sido retomadas por sus sucesores, sobre todo, en lo referente a necesidades y miedo.

Una persona progresista debe aspirar a convertirse en adalid de las libertades individuales y sociales, de la misma manera como las consignó después la Declaración de los Derechos Universales de las Naciones Unidas en 1948.

Llegar a conceptualizar el ser progresista es un reto constante en todas las sociedades del mundo, pues debe recoger elementos basados en el análisis de la historia, en la configuración universal de un concepto de cultura que provoque una visión auténtica de humanidad con posibilidades de permanecer en un planeta equilibrado, como especie capaz de vivir en afinidad con la naturaleza, compartiendo relaciones también equilibradas y justas entre sus habitantes, pues de ello dependerá su permanencia o aniquilación en el futuro.

Granma

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