¿Qué es la deuda externa?

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Por Luis René Fernández Tabio

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Contestar esa pregunta, aparentemente simple, puede resultar sumamente complejo y enrevesado. Intervienen en ello muchas variables económicas que pueden afectarla y no tienen la misma interpretación dependiendo del tipo de país, estructura económica, relaciones externas y el momento histórico en que se encuentre cada uno.

Por ejemplo, la deuda de la economía de Estados Unidos, su déficit fiscal y su deuda pública en parte comprada por inversionistas extranjeros, es un problema ampliamente debatido y sobre el cual hay distintos criterios, pero no es comparable al de países en desarrollo, con economías deformadas y dependientes, porque de un modo u otro la economía estadounidense absorbe la deuda con su moneda libremente convertible y su poderoso mercado de capitales. Sin embargo, la deuda externa no representó lo mismo para México, que fue el primer país que declaró la imposibilidad de pagarla en agosto de 1982.  Este acontecimiento marcó el inicio de la crisis de la deuda externa de América Latina, la década perdida y los correspondientes procesos de ajuste y estabilización que constituyeron una poderosa puerta de entrada al neoliberalismo en nuestra región con sus nefastas consecuencias socioeconómicas.

Probablemente, para hacer comprensible el significado de la deuda externa para todo público, el mejor camino es asociarlo a la economía de los hogares. La deuda sería el monto de dinero necesario para cubrir nuestras necesidades corrientes y otros gastos, que no se puede pagar con las fuentes propias de ingreso, ni con los ahorros acumulados.

En la economía de un país se dispone de indicadores para conocer el balance de ingresos y gastos frente a la economía mundial. La Cuenta Corriente del Balance de Pagos resume los ingresos y gastos por comercio de bienes y servicios. Los balances del gobierno se registran en su Presupuesto, que contiene los ingresos por impuestos y otras fuentes; y los gastos, que expresan las asignaciones a los distintos objetivos y sectores de la economía y la sociedad. El déficit en el presupuesto nacional debe compensarse de algún modo, y si excluimos el mecanismo monetario —que traería aumento de los precios o inflación— supone una deuda del gobierno. La deuda externa constituye aquella parte de los desequilibrios internos que se cubre con fuentes del resto del mundo por esa vía, porque también llegan recursos internos en forma de donaciones, inversiones extranjeras y remesas monetarias.

Dicho esto conviene hacer algunas distinciones sobre el destino que se le otorga a esa obligación monetaria comprometida con el exterior y cómo se distribuye. ¿Se emplea para cubrir gastos corrientes como la compra de alimentos y combustible o para realizar cambios en la infraestructura económica, o en la creación y desarrollo de nuevas industrias, o modernización de las existentes con introducción de tecnologías que incrementen la productividad y posteriormente generen mayores ingresos y permitan pagarla? Ello sería equivalente a realizar inversiones con ese dinero en industrias como, por ejemplo, la biotecnológica y farmacéutica, el sector energético, minero o el turismo, según las prioridades de la política industrial y la cartera de inversiones. Para un país en desarrollo con un objetivo socialista, con un proyecto estratégico para modificar la estructura de su inserción en la economía mundial, la deuda externa constituye uno de los instrumentos vinculados a su futuro desenvolvimiento económico.

Como se explicó, la deuda externa es la suma de todos los préstamos y créditos recibidos de fuentes financieras extranjeras. Su valor agregado incluye a toda la sociedad, el gobierno, el pueblo y el sector privado. Si es entre gobiernos, se trata de una deuda pública (oficial), que por regla se establece en mejores condiciones de pago: largos plazos para devolver el dinero y relativamente bajas tasas de interés respecto a las del mercado.

Los créditos o préstamos que se negocian con la banca privada extranjera se realizan en términos comerciales. Las condiciones de la deuda privada se fijan por el mercado de capitales y de acuerdo a la moneda libremente convertible de que se trate, son influidos por las tasas de interés específica, sean euros, libras esterlinas, yenes, o dólares canadienses. Es decir, si la deuda externa se asume en euros y a tasas de interés variables, debe pagarse en esa moneda el servicio de la misma y su amortización (según la política monetaria del banco central de la Unión Europea).  La “amortización de la deuda” es el pago del principal, de su monto. Cuando se paga por los intereses de la deuda se refiere al “servicio de la deuda”.

De acuerdo con las condiciones económicas, políticas y sociales de cada país, las firmas especializadas en calificación de riesgo, adoptan un porciento que se agrega como penalización a la tasa de interés del mercado. Naturalmente, ello encarece la deuda externa. Al tener que enfrentar una tasa de interés superior a la del mercado, la economía interna del país debe realizar un sacrificio mayor para saldarla, y ser más eficiente respecto a las condiciones estándar del mercado. Es decir, para que pueda devolverse el dinero de la deuda, la tasa interna de retorno —el porciento de beneficio del negocio implicado en la inversión concreta de que se trate— debe ser superior a la tasa de interés de mercado más el porciento incrementado por concepto de riesgo país concertada en la negociación de esa parte de la deuda externa.

En el momento que se negocia y se contrae la deuda, se establecen las pautas para su devolución. Eso puede variar. Pero por ejemplo, seguramente la deuda de Argentina debe ser mayoritariamente en dólares estadounidenses y con banca privada. Dado que la política monetaria del Sistema de Reserva Federal (Fed) -sistema bancario central de Estados Unidos- se plantea ahora, por las propias necesidades de su política interna, aumentar su tasa de interés, los que tienen deudas en dólares de Estados Unidos tienen que pagar más por su servicio. Eso es lo que pasa con la propia deuda federal de Estados Unidos, que cada vez más el peso del pago de los intereses, su servicio es una parte mayor.

También se sabe que la política del gobierno de Macri ha sido pagar toda la deuda a cualquier costo, incluso aquella que estaba en disputa por el gobierno anterior y se consideraban los Fondos Buitres, aquellos que no aceptaron el descuento realizado con la mayoría de los acreedores por la negociación. El problema para el gobierno argentino actual es que el gobierno de Trump, aunque supuestamente es su aliado político, no está dispuesto a realizar concesiones en este sentido. La política monetaria del Fed debe seguir aumentando las tasas de interés para atraer capitales hacia ese país y Argentina se queda “colgada de la brocha”, sin capitales, con una política neoliberal que aumenta los problemas socioeconómicos de su pueblo y afrontando nuevos retos proteccionistas con la propia administracion estadounidense.

No cabe duda de que en el caso de Cuba es mucho mejor incentivar la inversión extranjera directa, sea o no con participación de una empresa cubana en forma de asociación o empresa mixta, porque el flujo de capital para dicha inversión llega como parte de un negocio específico, que es interés del país. Siendo la inversión acordada parte de la estrategia de desarrollo del país, es muy favorable porque se accede a flujos de capital que no son deuda en sí misma. Sin embargo, las inversiones extranjeras directas no llegan al país independientemente de su comportamiento respecto al pago de la deuda externa.

El desafío que representa mantener el servicio de la deuda otorga confianza a la realización de negocios en el país y favorece las inversiones extranjeras en la cantidad y calidad que se desea. El servicio de la deuda externa supone destinar una parte importante de los ingresos de la economía nacional, sin olvidar que se tiene esa deuda externa porque fueron financiamientos que entraron anteriormente al país y se emplearon para cubrir sus necesidades. De no ser cumplida la devolución de la deuda externa, se cierran y encarecen adicionalmente las fuentes de financiamiento y se reducen los incentivos a la inversión extranjera. Es por ello que se necesita cumplir esos compromisos de pago del servicio y amortización de la deuda, porque son fundamentales para mantener la credibilidad financiera del país.

Sin profundizar en el tema particular de Cuba, cabe recordar que para normalizar las relaciones financieras del país se ha desplegado un proceso de renegociación de la misma que ha permitido reducir su monto total de forma considerable. Se salió de la situación de estrangulamiento financiero externo por impago de la deuda, pero al mismo tiempo se establecieron nuevos compromisos como resultado de esa negociación, que se deben cumplir en lo adelante.

Pero, además, cuando se analiza el tema de la economía cubana y en particular el asunto financiero, no pueden dejarse de lado las condiciones del bloqueo financiero y económico de Estados Unidos, que impiden el empleo del dólar estadounidense, dificultan las transacciones bancarias, e importantes bancos extranjeros temen ser multados por cifras de miles de millones de dólares. No debe olvidarse que la principal moneda usada en todo el mundo para el comercio, como reserva, medida de valor y en los flujos de capital, sigue siendo el dólar norteamericano. Estados Unidos, por su condición de principal centro financiero mundial y el carácter extraterritorial de sus medidas contra Cuba, afecta las tasas de interés sobre los créditos y préstamos a Cuba, por lo que se agrega a las tasas de mercado como riesgo país. Es decir, las condiciones del mercado financiero para Cuba no son normales, dado el bloqueo de Estados Unidos, son más duras y ello obliga a que nuestra economía sea más eficiente, en especial el sector empresarial y las inversiones que se realicen.

No se pudo disponer de un cuadro actualizado sobre el monto de la deuda externa de Cuba y el desembolso de su servicio, pero las finanzas externas están sumamente tensas en las condiciones actuales de la economía mundial, inestables precios de los productos básicos, pérdidas económicas asociadas al cambio climático, sin descartar una nueva crisis financiera y recesión en la economía capitalista mundial, que también nos afectaría. Cumplir el servicio de la deuda renegociada, como se ha decidido por la dirección del gobierno, supone un enorme esfuerzo de eficiencia interna y obliga a aprovechar todas las reservas existentes en la economía. De lo contrario, no se podrán ejecutar los objetivos de crecimiento, inversiones y el desarrollo sostenible que se propone el país y que tanto necesita el pueblo.

Cubahora

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