Prío, la CIA y los misiles soviéticos en Cuba (+ PDF documento original)

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Humberto Vázquez García

Entre los documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), figura un memorándum titulado “Informe de Carlos Prío Socarrás sobre la actividad militar soviética en Cuba”, del 6 de abril de 1964. Se trata de una evaluación de la Agencia sobre la información contenida en una carta del expresidente cubano al entonces presidente de los Estados Unidos, Lyndon Baynes Johnson, fechada el 27 de marzo del propio año. La carta de Prío —que sepamos—no ha sido desclasificada, perotanto su estructura como su contenido fundamental resultan fácilmente deducibles del texto elaborado por los analistas de la CIA. Como el documento se explica por sí mismo, este comentario solo pretende ofrecer algunos elementos de contextualización.

Tras la derrota sufrida en Playa Girón (abril de 1961) y el desenlace de la Crisis de Octubre de 1962, el presidente norteamericano John F. Kennedy estimó conveniente mo-dificar la política de los Estados Unidos hacia Cuba. Tal inflexión mantendría inalterado el propósito de destruir a la Revolución Cubana, pero introducía “métodos más suaves, flexibles y sutiles” que pasaban por un “desarrollo gradual de cierta forma de arreglo con Castro”.

Sin renunciar a los métodos violentos tradicionales, calificados eufemísticamente por las eminencias grises de la Casa Blanca como “maldades abiertas y encubiertas de diversa magnitud”, se trataba de resolver “nuestro problema con Cuba” mediante un osado recurso: “atraer suavemente a Castro hacia nosotros”. Esta opción, carente de funda-mento, fue resumida por Gordon Chase —asistente delasesor del presidente Kennedy para Asuntos de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy— en los siguientes términos: “Mientras podamos 1) atemorizar más a Castro y 2) demostrarle que el bloque socialista ni está dispuesto ni le puede garantizar su seguridad y necesidades económicas, más dócil se mostrará Castro a la nueva aproximación”. A falta de argumentos, Chase abundaba en los beneficios sustanciales que los Estados Unidos obtendrían si el cambio de política o “dulce aproximación” resultaba factible y tenía éxito: “Probablemente pudiéramos neutralizar a corto plazo por lo menos dos de nuestras principales preocupaciones en relación con Castro: la reintroducción de los misiles ofensivos y la subversión cubana. A largo plazo, podríamos trabajar en la eliminación de Castro a nuestra conveniencia y desde una buena posición de ventaja”.

Aunque con toda seguridad Fidel advirtió el propósito de la jugada imperial, manifestó su disposición a establecer “algún tipo de comunicación con el gobierno de los Estados Unidos y a explorar la posibilidad de un modus vivendi”. “Yo lo interpreté, realmente [diría en 1992 el líder de la Revolución Cubana], como un gesto tendiente a establecer alguna comunicación, algún intercambio, porque como Kennedy había quedado con tanta autoridad dentro de su país después de la crisis [de octubre], podía hacer las cosas que quizás anteriormente no había hecho. A mi juicio tenía el valor de hacerlo, porque se necesitaba cierto valor para desafiar estados de opinión en todas estas cuestiones”. Estapostura no constituía una novedad, pues desde mucho antes Fidelhabía expresado sus deseos de buscar una solución al conflicto histórico con los Estados Unidos.

Así, luego de algunos tanteos, el 23 de septiembre de 1963 se iniciaron los contactos secretos entre representantes y/o emisarios de ambos gobiernos que, sin avances sus-tanciales,se extendieron hasta el asesinato de Kennedyen Dallas, Texas, el 22 de no-viembre del propio año. Precisamente ese día, mientras conversaba con Jean Daniel, periodista francés portador de un mensaje verbal del presidente norteamericano, Fidel recibió la noticia del abominable crimen.

El vicepresidente Lyndon Johnson, quien acompañaba a Kennedy durante su viaje a Texas, juró la primera magistratura de la nación a bordo del avión presidencial que trasladaba el cadáver del mandatario a Washington.Una vez instalado en la presidencia, Johnson concentró sus esfuerzos en dar continuidad a las políticas públicas de su predecesor y lograr su nominación como candidato del Partido Demócrata a las elecciones presidenciales de noviembre de 1964.

Pero una cosa eran las políticas públicas y otra la diplomacia secreta, más aún si se trataba de Cuba. Así lo advirtieron los artífices del “arreglo con Castro”, para quienes la sucesión en la Casa Blancarepresentaba un cambio esencial. Gordon Chase dejó cruda evidencia de elloen un memorándum dirigido a McGeorge Bundy el 25 de noviembre de 1963, tres días después del magnicidio:

“[…] Pareciera que los sucesos del 22 de noviembre indican que llegar a un acuerdo con Castro es un asunto aún más dudoso que antes. En tanto que pienso que el Presidente Kennedy pudo haber llegado a un acuerdo con Castro y salirse con la suya con un mínimo de exaltación nacional, no estoy tan seguro con el Presidente Johnson. Existe un problema, un nuevo Presidente quien no tiene antecedentes de haber desafiado con éxito a Castro y a los comunistas (como por ejemplo, el Presidente Kennedy en octubre de 1962) probablemente correría mayor riesgo de ser acusado por el pueblo estadounidense de “blandenguería”. Además, el hecho de que Lee Oswald ha sido anunciado como típico pro Castro pudiera hacer el reacercamiento a Cuba más difícil, si bien es difícil decir cuánto más difícil”.

Chase tenía razón. Johnson no solo no siguió los tímidos pasos de Kennedy, sino que desautorizó el proceso y, en su lugar, incrementó el empleo de medios violentos para derrocar al Gobierno Revolucionario cubano.Y ello a pesar de varios mensajes indirec-tos enviados por Fidel que mostraban su disposición a sostener conversaciones para solucionar el conflicto entre los Estados Unidos y Cuba. En abril de 1964, por medio de una declaración pública, Johnsonlanzó una señal inequívoca: “Nuestra primera tarea debe ser aislar a Cuba del sistema interamericano”. Y en julio del propio año, a instancias de los Estados Unidos, y tomando como pretexto una denuncia del presidente venezolano Rómulo Betancourt sobre la “subversión cubana” contra su gobierno, la IX Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA), efectuada en Washington, adoptó una resolución que compulsaba a los Estados miembros a la ruptura de las relaciones diplomáticas, consulares, económicas y de comunicaciones con Cuba. De esta manera, el Gobierno norteamericano logró que los países de América Latina, excepto México, rompieran relaciones con la Isla. Obviamente, si los Estados Unidos forzaban a semejante ruptura, no negociarían con Cuba para tratar de solucionar el conflicto bilateral.

En este complejo escenario se inserta la carta de Prío a Johnson sobre la presunta reinstalación de misiles y otrasactividades militares soviéticas en Cuba. Los analistas de la CIA fueronlapidarios al calificar al expresidente cubano: “Carlos Prío Socarrás […] es conocido por ser políticamente un oportunista, cuya actitud hacia los EE UU está grandemente condicionada por su ambición de retornar a una posición de influencia en Cuba”. Y su dictamen sobre el informe fue terminante: “Hemos examinado las áreas de sospechosa actividad citadas por el Dr. Prío y no hemos encontrado nada que justifique su argumentación de que hay misiles estratégicos asentados en Cuba. La mayoría de la información contenida en su carta del 27 de marzo parece estar basada en una ficción o una exageración de la actividad militar previamente identificada en la Isla”.

La carencia de información complementaria impide llegar a conclusiones sobre los propósitos de Prío al escribirle a Johnson. En consecuencia, parece más prudente for-mular algunas preguntas que incentiven la investigación y el esclarecimiento del hecho:

¿Conocía el expresidente cubano los contactos sostenidos entre los Estados Unidos y Cuba con vistas a una posible normalización de las relaciones? ¿Intentaba obstaculi-zarla, como haría en 1977 durante el gobierno de James Carter? ¿Pretendía tensar las relaciones soviético-norteamericanas, con el consiguiente peligro para laseguridad nacional de Cuba? ¿Deseaba provocar una agresión de los Estados Unidos que liqui-dara la Revolución y le permitiera jugar un papel protagónico en Cuba? ¿Ignoraba el daño humano y material que esa acción representaba para el pueblo cubano?

Tal vez la desclasificación de la carta de Prío y nuevos hallazgos informativos puedan ofrecer una respuesta cabal a estas y otros interrogantes.

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Traducción

LBJ LIBRARY

Revisión Obligatoria
Caso nº NLJ 95-408
Documento nº 21 OCI Nº 0708/64

AGENCIA CENTRAL DE INTELIGENCIA
Oficina de Inteligencia Actual
6 de abril de 1964
MEMORANDO
ASUNTO: Informe de Carlos Prío Socarrás sobre la actividad militar soviética en Cuba.

1. El expresidente cubano Carlos Prío Socarrás (octubre 1948 – marzo 1952) es cono-cido por ser políticamente un oportunista, cuya actitud hacia los EE UU está gran-demente condicionada por su ambición de retornar a una posición de influencia en Cuba. [Siguen tres líneas tachadas en el original].

2. A continuación, una evaluación de la información brindada en su carta al presidente Johnson, el 27 de marzo (el número de los párrafos siguientes es el mismo de los párrafos relevantes de la carta):

2) Los soviéticos poseen un sistema no operacional de misiles comparable con el misil balístico subacuático GOLEM II de 1,200 millas de alcance descrito por Prío. “GOLEM” es un término de la Segunda Guerra Mundial frecuentemente utilizado por la prensa europea o en relatos populares de ficción sobre la actividad misilística en general y no es la designación oficial de ningún sistema de misiles conocido.

3) Reciente fotografía tomada a gran altitud no muestra actividad sospechosa u otro tipo de actividad en las proximidades de Playa Fraile, que es el lugar, según Prío, donde, supuestamente, los técnicos soviéticos han sido vistos trabajando en la ins-talación del “GOLEM II”.

4) La zona de lanzamiento de Santa Cruz del Norte para los misiles crucero de 35 millas de alcance para la defensa de las costas está localizada cerca del central Hershey, un área a la que Prío se ha referido como un complejo de armas estratégi-cas rusas que contiene misiles de 2,000 millas de alcance en silos subterráneos más pequeños que los silos requeridos para los misiles US Minuteman. Misiles de un tamaño tan pequeño, como para caber en tales silos, no tendrían un alcance de 2,000 millas.

5) Prío también reporta la presencia de una red de radares en las montañas cerca-nas a Jaruco y Tapaste que está vinculada al complejo de misiles estratégicos men-cionado anteriormente. También dice que en esta área hay localizados potentes equipos electrónicos para rastrear el lanzamiento de misiles de Cabo Kennedy. Te-nemos información confiable que indica que en Tapaste están localizados un al-macén de municiones y una probable instalación de apoyo a misiles cruceros. Aunque no se conoce de ninguna instalación electrónica o de radares en las montañas de Tapaste, hay un grupo de sitios de comunicaciones y radares ubicados en un radio de 15 millas de Tapaste.

6) La presencia en Cuba del astrofísico soviético Nikolai Yerpylev ha sido publicada en la prensa, y este probablemente está encargado de la estación soviética de rastreo satelital foto-óptica en Cuba. Reciente evidencia indica que esta estación puede estar operacional en estos momentos.

7/8) Otra importante base estratégica soviética, dice Prío, se localiza en las cuevas de Bellamar cerca de Matanzas. Se dice que túneles recientemente construidos van desde las cuevas hasta rediles submarinos en la bahía de Matanzas. Las cuevas de Bellamar sirven como almacén de municiones y armas pequeñas y no son apropiadas para el almacenaje de grandes equipos militares debido a lo empinada que es la entrada. [Siguen dos líneas tachadas en el original]

9) La información ofrecida por Prío en el párrafo nueve se aviene con la actividad militar conocida en las áreas mencionadas, excepto el informado escondite de misi-les estratégicos en las canteras cerca de Limonar. Limonar es el antiguo cuartel ge-neral soviético para el sector oeste de las fuerzas de defensa aérea y la ubicación de una instalación de entrenamiento de las fuerzas terrestres cubanas.

3. Hemos examinado las áreas de sospechosa actividad citadas por el Dr. Prío y no hemos encontrado nada que justifique su argumentación de que hay misiles es-tratégicos asentados en Cuba. La mayoría de la información contenida en su carta del 27 de marzo parece estar basada en una ficción o una exageración de la activi-dad militar previamente identificada en la Isla.

Tomado del Blog La Pupila Insomne

http://lapupilainsomne.wordpress.com/2014/06/07/prio-la-cia-y-los-misiles-sovieticos-en-cuba-pdf-documento-original/

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