Política del odio hacia Cuba cae en picado

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Deisy Francis Mexidor

Gran parte de la comunidad de emigrados cubanos en Estados Unidos está a favor de normalizar las relaciones entre los dos países y solo un sector mínimo, perteneciente a la extrema derecha, persiste hoy en la política del odio.

Al menos esas son las señales que se emiten hace años, en especial entre los más jóvenes, quienes llegaron a ese territorio a mediados de la década de 1990 o los que nacieron allí, pero tienen sus orígenes al otro lado del Estrecho de la Florida.

Esta tendencia rompe con las posturas más recalcitrantes de generaciones anteriores, opuestas a cualquier entendimiento con La Habana, las cuales promueven, respaldan y patrocinan los planes criminales que intentaron ejecutar en la isla cuatro cubanos residentes en Miami detenidos el pasado 26 de abril.

Se trata de José Ortega Amador, Obdulio Rodríguez González, Raibel Pacheco Santos y Félix Monzón Álvarez.

Los restos de esas élites dominantes derrotadas tras el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959 marcharon al exilio convencidas de que regresarían en breve plazo a retomar sus posesiones amparados en el objetivo histórico de los gobiernos de la Casa Blanca de no tolerar “régimen comunista” a 90 millas de sus costas.

Un centro de estudios con sede en Washington publicó en febrero los resultados de un sondeo en el cual salió a flote que una gran mayoría de los estadounidenses y un porcentaje aún más grande de residentes de Florida apoya la normalización de las relaciones con Cuba.

La encuesta indicó que 56 por ciento de los entrevistados favorece ese cambio, una cifra que se elevó a 63 por ciento cuando solo se cuenta a los que viven en el sureño estado.

Tal percepción está asociada con el bloqueo y sobre el tema se han pronunciado algunas figuras de la política estadounidense, como el exgobernador republicano de Florida Charlie Crist.

Crist, quien se está postulando de nuevo para el cargo en noviembre, en esta ocasión como demócrata, dijo en una entrevista de televisión que apoya el levantamiento del bloqueo.

De otro lado, “los políticos acostumbrados a abogar en favor del bloqueo como forma de apelar al favor del electorado cubano de la Florida, comienzan a calibrar los riesgos y beneficios de sus posiciones, situando la política de odio cada vez más cuesta abajo”, consideró el analista cubano Manuel Yepe.

Jason Marczak, subdirector del Centro Latinoamericano Adrienne Arsht del Atlantic Council, advirtió que “teniendo en cuenta los resultados de la encuesta, es claramente el momento de dar otra mirada a la política estadounidense hacia Cuba”.

La Habana no pone condiciones para un diálogo con Estados Unidos, cuyo gobierno rompió unilateralmente sus relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961.

Tampoco las autoridades de la isla exigen a los norteamericanos que cambien su sistema de gobierno y mucho menos que renuncie su presidente.

A la hora de reclamar, solo exigen un diálogo de iguales, con respecto a su soberanía nacional y que resuelva el caso de Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, los tres antiterroristas cubanos que aún permanecen en prisiones federales.

Esos hombres, junto a Fernando González y René González (quienes cumplieron la totalidad de sus injustas sentencias), pretendieron frenar desde territorio estadounidense planes similares a los que ahora traían en proyecto los cuatro detenidos hace dos semanas.

De acuerdo con una nota divulgada por el Ministerio del Interior de Cuba, los encartados admitieron que ejecutarían actividades terroristas en la isla, para lo cual desde mediados de 2013, tres de ellos habían realizado varios viajes con el propósito de estudiarlas y modelarlas.

Los implicados declararon que estos planes se han organizado bajo la dirección de los terroristas Santiago Álvarez Fernández-Magriñá, Osvaldo Mitat y Manuel Alzugaray, hombres con estrechos nexos con el connotado asesino internacional Luis Posada Carriles, autor entre otros crímenes, de la voladura de un avión civil cubano en 1976 con 73 personas a bordo.

Todos esos conocidos terroristas pertenecen a los restos de esa élite resentida de Miami, incapaz de admitir el fracaso de sus aspiraciones de acabar con el proyecto social en la isla, algo que el propio Posada Carriles califica de “desafortunado”.

No es secreto que el gobierno de Barack Obama, como lo han hecho otras administraciones, mantiene el financiamiento para estas acciones y buena parte de esos fondos se destinan a la utilización de las tecnologías no precisamente en función del desarrollo, sino para la desestabilización.

Tomado del Sitio Tercera Información

http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article68461

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