Plaza del Himno Nacional, donde confluyen esencias de cubanía

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Por Elizabeth Reyes Tasé

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Ubicada en una de las partes más antiguas de la emblemática ciudad de Bayamo, la Plaza del Himno Nacional debe su nombre a un devenir indisolublemente ligado a la composición y los estrenos, instrumental, vocal y oficial (con coro y orquesta), de la marcha guerrera La Bayamesa, reconocida como canto patrio de Cuba.
Sus orígenes se remontan al siglo XVI, a partir de la edificación del principal templo católico de la segunda villa fundada por los conquistadores españoles en la Isla, el cinco de noviembre de 1513, y actual capital de la oriental provincia de Granma.0704-plaza-del-himno2-.jpg
La explanada, de 200 por 800 metros cuadrados, fue consolidándose en un área alrededor de la ermita que, en el batey indio de Bayamo, los colonizadores consagraron al religioso ibérico San Salvador, con la presunción de solidificar la ocupación tanto en al ámbito material como espiritual.
Sin embargo, desde la propia denominación inicial, en la cual se fundieron el patrono español y el vocablo aborigen, terreno y santuario adquirieron una suerte de destino que los convertiría en testigos de hechos trascendentales de la historia del país, donde la pujanza de sus hijos los llevó a enfrentarse y prevalecer sobre sus
opresores.
Orientada originalmente hacia el río Bayamo, como fundamental vía de comunicación del naciente asentamiento, la plaza se transformó de forma rápida en área comercial, sitio de acontecimientos religiosos y sociales, y desde ella comenzaron a crearse calles hacia embarcaderos, haciendas y estancias.
Hacia 1613, con significativos cambios en su estructura, el templo del Santísimo Salvador fue convertido en Parroquia Mayor, y a la construcción civil circundante se le nombró explanada de la Iglesia Mayor.
Llegó el siglo XVIII, y a pesar del crecimiento urbano, el lugar mantuvo su condición privilegiada como principal ruta de acceso a la villa y espacio para el comercio, al tiempo que fue testigo mudo del incremento de las actividades conspirativas de los criollos contra el dominio colonial español.

En unos de sus  extremos, en la casa del patriota Pedro Figueredo Cisneros (Perucho), se constituyó el Comité Revolucionario de Bayamo, el 14 de agosto 1867, y el santuario que abraza fue escenario, el 11 de junio de 1868, de la primera ejecución pública de la música del Himno Nacional.
Refiere la tradición que, con la anuencia del cura Diego José Baptista, los conspiradores independentistas aprovecharon una ceremonia litúrgica en alabanza al cuerpo de Cristo, para dejar escuchar las notas de la marcha guerrera, frente a las principales autoridades hispanas de la comarca.
Posteriormente, la intensa emoción patriótica vivida en el interior de la iglesia se propagó por toda la explanada y las calles de la urbe, al compás de sublimes notas interpretadas por la agrupación primigenia de la centenaria Banda de Conciertos de la urbe, bajo la batuta del maestro Manuel Muñoz Cedeño.
Cuatro meses después, en plena guerra por la independencia de Cuba, al producirse la liberación de la localidad, el 20 de octubre del 1868, aquel pueblo que ya conocía la melodía, recibió la letra de manos de Perucho Figueredo y protagonizó, en la Plaza de la Iglesia Mayor, el estreno popular de la marcha.
Ese acontecimiento marcaría para siempre la historia del sitio y determinaría desde entonces su cambio de apelativo por el de Plaza del Himno Nacional, aunque no fue oficialmente reconocida como tal hasta el tres de junio de 1974.
Espacio ideal para conmemoraciones históricas y eventos culturales, persiste hasta nuestros días con su belleza y singular carga de simbolismo, regalándonos una de las mejores oportunidades para reencontrar el pasado heroico de la Ciudad Monumento Nacional, y beber de las esencias mismas del alma indómita y libre de los cubanos.

ACN

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