PERIODISMO Y PERIODISTAS ¿INDEPENDIENTES?

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Scarlett  Lee

Francisco Herodes, autotitulado periodista independiente, exrecluso por terrorismo, sabotaje y hurtos.

Siempre creí que mi fuerte era escribir, así que aquella vez que la profesora de Análisis del discurso enunció en el aula, al entregar los resultados de una pregunta escrita: “Aquí hay 15 periodistas y una sola comunicadora social”; me sentí de maravillas pues mi nombre figuraba en el primer grupo.

Unos años después (ya graduada), mi entusiasmo por escribir se sintió ofendido y se albergó en un rinconcito bien escondido del cajón de mis anhelos, cuando un reconocido periodista me comunicó que “escribía bien” pero me faltaba aprehender el lenguaje para publicar en medios digitales (mi objetivo en ese momento). Nunca me reveló cómo hacerlo y realmente, perdí los deseos antes de preguntar cuáles eran las herramientas para materializar ese sueño.

Tiempo después, por azar de la vida he tenido la posibilidad de escribir en este blog. Todavía no me autotitulo “periodista” (no creo que lo haga, en el mejor de los casos, seré una buena comunicadora) y por eso me sorprendo tanto cada vez que leo en algún artículo o cuando los encuentro por ahí: “fulano de tal, periodista independiente”. ¿Independiente de qué y por qué? ¿Dónde estudiaste? ¿Dónde está el título que te acredita? ¿Quién te ha dado el derecho? Eran las preguntas que me hacía y  así comenzó mi curiosidad por estos personajes que van por la calle, compartiendo criterios y “verdades” de dudosa procedencia.

Detrás de la conceptualización

En todo país, los medios de comunicación (y los profesionales que trabajan en ellos) reflejan los intereses de sus gobiernos-amén de cuál sea su sistema social- y la eficiencia (o no) de las políticas y estrategias que los que dirigen implementan en la sociedad para dar solución a problemáticas sociales, económicas y  políticas.

Con este razonamiento como premisa, comencé a entender de qué va la cosa. En Cuba ser “independiente” significa disentir del gobierno, de sus políticas y estrategias y por ende, del sistema social que defiende. Razón por la que estos “trabajadores por cuenta propia (sin licencia)” se afilian a organizaciones contrarrevolucionarias, poniendo letra y empeño en hacerse eco de la supuesta “lucha por la democracia en Cuba”.

Entonces su presumida independencia resulta ambigua, pues si bien no pertenecen a organizaciones institucionalizadas como la Unión de Periodistas y Escritores de Cuba (UPEC) y se declaran en abierto enfrentamiento al gobierno, sí responden a los intereses solapados de organizaciones que desde el exterior financian la subversión en Cuba y a las que, desde el interior; pretenden crear y difundir un ambiente de desobediencia social,  de pérdida de las convicciones revolucionarias y sobre todo, de la confianza en la Revolución y sus principales líderes.

Los puedes encontrar por ahí de todas las clases y clasificaciones. Existen aquellos que alguna vez se desempeñaron como periodistas en algún medio de comunicación (estos son los menos); en el segundo grupo se encuentran los que estudiaron algo de letras, dígase Filosofía, Estudios Socioculturales, Comunicación Social o Filología (entre los mejorcitos).

En el tercero se incluyen los que han pasado algún cursito patrocinados por la SINA u otras de esas organizaciones internacionales que costean los proyectos subversivos dentro de la isla y en el último, los que de periodismo sólo conocen el nombre (los que no han estudiado una profesión, los que a fuerza de cara se inician en esta labor, los que en busca de dinero fácil han vendido el alma). No se trata de no reconocer que existen quienes sin estudiar tienen la aptitud, pero la instrucción debe ir de la mano de esta, si no es así; su misión en la sociedad se pierde, deja de ser.

Periodismo independiente ≠ Periodismo “oficialista”

La estrategia o política editorial que defienden estos personajes, cualquiera que sea la clase a la que pertenecen, se sustenta en construir- convenientemente- una realidad social paralela a la que difunden los medios de comunicación cubanos, a los que denominan “oficialistas”.

Para ello, persiguen aquellas problemáticas sociales -acompañados de altas dosis de hipercriticismo y mala fe- que generan estados de opinión desfavorables en la población, nunca en función de facilitar el diálogo y el entendimiento, si no para aumentar las contradicciones, para alentar al incumplimiento de lo establecido, para crear desorden e indisciplinas sociales. Nunca proponiendo soluciones viables, con la crítica constructiva y el llamado a mejorar la sociedad que se construye; y menos reconociendo lo bueno de la Revolución cubana, sus pasos de avance en todos los sectores y la búsqueda constante de estrategias para perfeccionar nuestro sistema social.

Por otro lado, divulgan las acciones realizadas por los grupos de los llamados opositores y hechos que los incluyen, siempre victimizando a los protagonistas, sobredimensionando y tergiversando lo que en realidad acontece; razones por lo que su retórica solo funciona en una semiosfera integrada por detractores del gobierno cubano, delincuentes, antisociales y exreclusos que constituyen los grupos antes mencionados. Su discurso no trasciende.

Es así como se diferencian abismalmente de nuestros periodistas y medios de comunicación; a quienes caracteriza el espíritu crítico y autocrítico pero con el don de proponer y viabilizar soluciones, de intercambiar criterios, de facilitador social y de educar a la población. Ellos poseen la capacidad creadora, el talento; que de no existir hace imposible rebasar los niveles básicos de la profesión, unido al espíritu investigativo y analítico, la dedicación y la voluntad tenaz. Le faltan cosas por lograr, pero avanza según el contexto histórico que vive la sociedad cubana, haciéndose cada vez más representativo de su realidad social y se perfecciona según las necesidades, inquietudes y exigencias del pueblo. Defiende la verdad, con el rigor que exige esta, por ser científica, y la elegancia y belleza de su mandato.

El periodismo es arte y ciencia, esta es adquirible y aquella no. No se trata exclusivamente de informar, sino de informar bien, de orientar, sino de orientar bien, de criticar, sino de criticar bien, de escribir sino de escribir bien. Entonces es una afrenta que cualquiera vaya por ahí autotitulándose “periodista independiente”, una independencia que solo responde al divorcio de la ética profesional y del respeto a la inteligencia que caracteriza al pueblo cubano.

Tomado del Blog Santiago arde

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