Para cumplir un sueño

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Por Ramón Brizuela Roque / Fotos Pablo R. Brizuela Chirino

Ariel tiene un sueño, no sabe si algún día se realizará. No escatima esfuerzos en conquistar a personas que piensen como él; ha devenido matemático para argumentar su deseo, quizás no ha tocado las puertas suficientes, pero confía en que un día le necesidad se imponga y haga más felices a los que sufren como él.

La historia comenzó hace 18 años, cuando ese ímpetu juvenil se crece entre planes y aspiraciones, pero la vida le jugó una mala pasada, tuvo un diagnóstico desfavorable para su salud.

En otra latitud no podría vislumbrar qué hubiera sucedido si el dinero faltara, pero en Cuba, con su sistema de medicina social, todo estaba claro, la vida del paciente está por encima de todo.

Una mala fecha

El próximo 20 de noviembre se cumplirán 18 años de que Ariel Flores Páez, vecino de la calle Maceo, en Consolación del Sur, se somete sistemáticamente –tres veces por semana- a diálisis y a pesar de los inconvenientes y otras derivaciones de su insuficiencia renal crónica, brota el optimismo y ese deseo de no dejarse vencer, lo manifiesta con sus palabras ” como usted sabe es un tratamiento muy fuerte, pero gracias a Dios y a la ciencia cubana he avanzado, y aunque tengo mis achaques hay que seguir adelante, porque eso es la vida”.

La solución práctica a nivel mundial es el trasplante, procedimiento costoso, de mucha exigencia y compatibilidad, que en el país está al alcance de quien lo necesite, sin embargo…

“Cuando llevaba cinco años de hemodiálisis me llegó mi trasplante, me lo hicieron y no funcionó, desde entonces sigo bajo tratamiento. Viajando de Consolación del Sur a Pinar del Río en días alternos, eso significa tres veces por semanas. En ocasiones hay pacientes de Alonso de Rojas, Puerta de Golpe, Pilotos y eso obliga a recorrer un itinerario más amplio de ida y vuelta.

“Estoy muy agradecido de toda la Salud Púbica, de los médicos, los especialistas, en resumen del Servicio de Nefrología, pero esto es extensivo a todas las áreas del Hospital Abel Santamaría, y en mi caso especialmente a Ortopedia.

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“Sufro también de osteoporosis, mis huesos están muy delicados, he padecido fracturas de cadera, recientemente tuve un accidente cuando fui a abordar el taxi que me trae y tengo fracturas en piernas y brazos…no se me puede operar, estoy postrado en una cama esperando que se hagan callos en los huesos para continuar la vida”.

Su sueño

“Todo el mundo me apoya, me quiere, imagínense son 18 años en esto, pero lo que más gustaría es que un día se hiciera una sala de hemodiálisis en Consolación del Sur, sería mejor, yo ya estoy más delicado. A veces uno quiere agradecerles a las personas pero son muchas, especialmente a mi familia, son incondicionales conmigo; pero también –y que nadie se ponga bravo- hay un dicho que dice Dios en el cielo y, para mí, el doctor Carlos Gutiérrez, (especialista en el CIMEQ) en la tierra. Es mi profesor, mi padre, mi amigo, mi hermano, mi confianza, tengo mucha fe en él y he llegado hasta aquí gracias a él, porque como dice “hemos escalado muchas montañas y vamos a seguir haciéndolo.

“En el hospital Abel Santamaría les agradezco a todos, a los doctores, las enfermeras, al personal auxiliar, en fin, siempre se han portado muy bien conmigo. Me he ganado a la gente, por mi humildad, mi cariño.

“Cuando estás normal en la calle y te enfermas, con este tratamiento la vida te cambia por completo, yo comencé con 19 años y me ayudaron mucho, porque si no te derrumbas.

“Recuerdo en una ocasión cuando llegué a mi turno, bajé de la guagua y el doctor Carlos me llamó aparte y me dijo, Arielito ahí hay un paciente que es joven, de San Juan y Martínez, está en un sillón de ruedas, pero es porque tiene miedo y necesito que lo ayudes… para no hacerle el cuento muy largo, nos convertimos en los mejores amigos; yo para ese paciente, fui su maestro y hoy que Dios lo tenga en la gloria.

“Médicos de otras especialidades me han dicho, porqué los nefrólogos no hacen un aulita para que puedas ayudarlos en la instrucción de los pacientes nuevos, pero bueno eso son ideas, nunca más se habló de eso.

“Cuando tenía 23 o 24 años estaba haciendo un libro sobre la enfermedad, los riñones, los trasplantes y resultó que me llegó mi turno, fui para La Habana, me trasplantaron y no tuve suerte, aquello no funcionó, regresé y seguí mis tratamientos de hemodiálisis…

“La verdad que me sentí frustrado, decidí no seguir el libro, me sentía mal. No sé si por la edad me faltaba experiencia, pero ahora quisiera hacerlo antes de que muera, tengo más historias que contar y puedo ayudar”.

¿La vuelta al mundo?

Es probable que su amplio periplo no sea igual que dar la vuelta al mundo, pero la distancia es larga y eso motiva un razonamiento.

“Es verdad, el país está en un proceso económicamente difícil y yo soy una persona que me gusta buscar soluciones, lo tengo escrito, lo he calculado, pero ahora no podría decirle cuánto combustible el Estado ha gastado en mí en estos 18 años para trasladarme tres veces a la semana hasta Pinar del Río, es un viaje largo porque debemos pasar por Alonso de Rojas, Puerta de golpe, Pilotos y Pinar del Río para recoger a otros pacientes, son miles de kilómetros y precisamente ya conocen mi sueño: que no haya que hacer más ese viaje, y que un día las autoridades estudien la forma de habilitar una sala en Consolación, porque no es solo lo económico, es también lo humano, para nosotros y nuestras familias.

“Mi familia, Elsa, mi madre; Pepe, mi padre, ambos son excepcionales. Tengo deseos de vivir porque ahora mi cuñada se ha embarazado – la esposa de mi hermano Adolfo- y eso nos hace muy felices; tengo un sobrinito, Marcos Gabriel, ese es mi vida, es una locura; están mis tíos, mis primos, mis amigos… todos son incondicionales, porque aun así, a la hora de la verdad Arielito está ahí. Cuando hace falta, en las malas y en las buenas, Arielito sigue ahí.

Cuando habla la matemática

Sin pretender suplantar los apuntes de Ariel, ni sus vivencias de 39 años, tuve la curiosidad de hacer algunos cálculos, no enteramente científicos, pero sí honestos.

Si tomamos en cuenta el número de diálisis semanales, el paciente debe andar por las 2808 sesiones, más o menos. Los kilómetros viajados, que lo dejamos para tema de su libro, lógicamente son muy superiores conociendo los pinareños los trayectos mencionados, pero en algo quisiera detenerme.

Una diálisis en el Hospital Abel Santamaría –según su Departamento Económico- costaba a la institución hasta el mes de julio pasado 2 090 pesos como promedio, del presupuesto del Estado.

No es un precio estandarizado, está sujeto a cambios, al número de intervenciones que se hace cada mes, las fluctuaciones salariales de especialistas y técnicos, los precios de importación de recursos y otras necesidades, por lo que en los últimos 18 años debe haberse modificado sensiblemente.

Pero aun así, si tuviéramos en cuenta los números, aunque la medicina cubana sea gratis para las personas, indudablemente resulta altamente costosa para el país. En el caso que nos ocupa podríamos estimar una inversión superior a los cinco millones y medio de pesos, sin incluir el trasplante que no funcionó, pero que se hizo.

 Guerrillero

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