Nuestra democracia. Elecciones en Cuba.

Por Gustavo de la Torre Morales

El pueblo de Cuba no tiene la más mínima intención de coronarse como único en materia de democracia; primero porque está consciente – amén del desarrollo democrático alcanzado en el proceso revolucionario- que toda obra es perfectible y a medida que nuevas condiciones aparezcan en cada contexto histórico, habrá que introducir nuevos métodos y mecanismos que propicien mayor participación de la ciudadanía.

Segundo, aunque la democracia en Cuba tiene un componente de carácter inevitablemente representativo (también está institucionalizado en otras sociedades contemporáneas regidas por el capitalismo), no se ciñe únicamente a que sea ejercida por medio de un voto electoral cada cierto tiempo. En Cuba la ciudadanía tiene el derecho de nominar y elegir, así como la responsabilidad de controlar la labor de sus representantes y revocarles del cargo y  ejercer las funciones de señalar que no se ha cumplido con la labor correspondiente o que existe una incorrecta conducta ética y moral del representante que resquebraje la confianza que le ha sido depositada.

¿De dónde nace el sistema democrático cubano?

Se debe acotar que el sistema de organización política y popular cubano no es el resultado de copiar o importar otros modelos, como tampoco ha estado sujeto al inmovilismo, más bien ha sido la consecuencia de un proceso histórico.

“Porque los cubanos habían recorrido ya un largo trecho en términos de organización democrática aún en medio de su guerra por la independencia. Desde el comienzo de ésta, en las circunstancias más difíciles, se dieron a la tarea de elegir representantes para discutir y promulgar Constituciones, fundar gobiernos y aprobar normativas que regirían en los territorios liberados. Esa tradición se mantuvo incólume a lo largo de aquella extensa brega: Guáimaro, 1869; Baraguá, 1878; Jimaguayú, 1895 y la Yaya, 1897. Esas cuatro Constituciones expresan el valor que el patriotismo cubano otorgó a las ideas, al debate y a la concertación intelectual, que acompañaron siempre al heroísmo del combate físico. Pero esas asambleas aportaron también un mensaje especial que atesoraron los cubanos de generaciones posteriores. En ellas nuestros representantes 13 discutieron profunda y abiertamente, muchas veces partiendo de enfoques muy dispares y contradictorios, pero al final arribaron siempre a decisiones comunes, aceptadas por todos” (1)

La intervención norteamericana en el conflicto hispano-cubano evaporó toda posibilidad de independencia real y se impuso una etapa de neorepública, manchada por la corruptela política y los crímenes contra los sectores sociales más pobres, con carácter restrictivo, de régimen militar y privativo que desgajó a Cuba de su más preciado bien: la libertad. La necesidad en la lucha se mantuvo, porque el pueblo de Cuba moriría “por la libertad verdadera; no de pretexto para mantener a unos hombres en goce excesivo, y a otros en el dolor innecesario”  (2).

La Constitución de 1940, también llevaba en su composición un alto grado democrático para la época, dando a conocer un nuevo texto constitucional en la tradición jurídica de la nación cubana y con un importante vínculo a los momentos históricos de las Constituciones anteriormente mencionadas. Se dio un salto cualitativo en derechos sobre los textos modernos conocidos. Su poca duración se debió al golpe de Estado de Fulgencio Batista en marzo de 1952, quien impuso a su vez una etapa marcada por la corrupción, la brutalidad policial, el asesinato de líderes políticos y sindicales, para lo cual contaba con el asesoramiento directo del imperialismo yanqui.

Esta última Constitución vio su rescate con el triunfo de la Revolución y en la puesta en marcha, el 7 de febrero de 1959, de la Ley Fundamental por el gobierno presidido entonces por el Doctor Manuel Urrutia Lleó.

La nueva etapa revolucionaria ha enfrentado la política agresiva de los gobiernos de Estados Unidos (feroz bloqueo, agresiones militares, sabotajes y acciones terroristas), el pueblo ha tenido un protagonismo directo en la construcción del nuevo proyecto; el cual alcanzó una nueva institucionalidad 17 años después con la nueva Constitución aprobada el 15 de febrero de 1976, la cual fue obra de la opinión, enmiendas y modificaciones de millones de personas a todo lo largo de la geografía cubana y que en su votación alcanzó el 97% del electorado.

La nueva Constitución, con el paso de los años, sufrió también modificaciones con el objetivo de garantizar el ejercicio de derechos civiles y políticos y libertades fundamentales a la ciudadanía (incluyendo a los extranjeros residentes en Cuba); pero la modificación que reafirmó el camino a seguir fue la Ley de Reforma Constitucional, que contó con el respaldo popular de 8 millones 198 mil 237 firmas (lo cual alcanzaba el 98% del electorado cubano), donde se adoptó el Acuerdo Nº V-74, el cual le otorgaba el carácter irrevocable del socialismo en Cuba y que ninguna negociación se aceptaba bajo las condiciones de amenazas, agresión o coerción proveniente de parte de potencia extranjera.

Asistencia de los electores a las urnas en las elecciones de delegados a las asambleas municipales desde la instauración de los órganos del Poder Popular
AÑO DEL PROCESO ELECTORES REGISTRADOS EJERCIERON EL VOTO % DELEGADOS/AS ELECTOS DEL TOTAL SON MUJERES % DE MUJERES
1976 5 655 837 5 382 304 95,2 10 725 856 8,0
1979 6 001 890 5 813 767 96,9 10 656 764 7,2
1981 6 272 189 6 097 639 97,2 10 735 837 7,8
1984 6 494 488 6 411 251 98,7 10 963 1 261 11,5
1986 6 865 344 6 705 434 97,7 13 256 2 264 17,1
1989 7 240 039 7 117 807 98,3 14 246 2 378 16,6
1992 7 762 958 7 576 764 97,2 13 865 1 878 13,5