No se puede confiar en los Estados Unidos (Parte III)

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Por Miguel Angel García Alzugaray

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El Imperio Yanqui  contra Cuba

Por más de 100 años, Estados Unidos ha causado incalculable sufrimiento al pueblo cubano. El diferendo entre La Habana y Washington es un fenómeno histórico que se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII y se mantiene hasta nuestros días. Su esencia descansa en las pretensiones del poderoso país del norte en imponer a nuestra Isla sus concepciones hegemónicas desconociendo el derecho de esta a su independencia, soberanía y a establecer el sistema económico, político y social que considere más conveniente para su pueblo.

Este diferendo bilateral se remonta a 1777, una década antes de que las Trece Colonias inglesas declararan su independencia. Benjamín Franklin, uno de sus padres fundadores, escribió acerca de la necesidad de colonizar el valle del Mississippi… “para ser usado contra Cuba o México mismo”.

El conflicto es uno aunque para su estudio se dividan en varias etapas:

1767 – 1898. Colonia: Primeras pretensiones

1898 – 1958. Neocolonia

1959 – actualidad. Revolución en el poder.

Los círculos de poder de los Estados Unidos siempre han considerado que Cuba debe estar bajo su influencia, concepción manifestada prácticamente por todos sus gobernantes a lo largo de la historia. Evidencia de ello han sido los argumentos que aluden a que en el plano político militar la posición geográfica de la Isla desempeña un papel estratégico para la seguridad y defensa de su territorio norteamericano y sus vías de comunicación marítimas. Mientras que en el plano económico la han codiciado por su clima, fertilidad del suelo y la existencia de importantes recursos naturales, así como los puertos y vías de comunicación por mar.

Cuba cayó en las garras del imperialismo en 1898. Los cubanos luchaban por la independencia y Estados Unidos aprovechó la situación para tomar a Cuba como neocolonia. La Mayor de las Antillas se independizó de España, pero en 1901 el Congreso de Estados Unidos aprobó la Enmienda Platt.

Esa enmienda, que se incorporó en la Constitución de Cuba hasta 1934, estableció las condiciones para la intervención en los asuntos internos de la Isla. Estados Unidos mandó marines a la Nación Antillana en 1906, 1912, 1917 y 1920. La Enmienda Platt también estableció una colonia militar estadounidense: Guantánamo, la misma base que hoy es un campo de detención y una cámara de tortura de la guerra de Estados Unidos contra el mundo.

 

En la década del 50, el gobierno estadounidense controlaba el 80% de las empresas de servicios públicos, el 90% de las minas, y casi el 100% de las refinerías de petróleo. Cuba se convirtió en un paraíso para inversionistas de los sindicatos de apuestas, agentes de bienes raíces, dueños de hoteles y mafiosos, mientras que mantenían en el poder al represivo y profundamente odiado gobierno de Fulgencio Batista. Esa fue la causa de la revolución de 1959.

La revolución cubana fue un levantamiento popular contra el imperialismo estadounidense. Estados Unidos no aceptó la derrota. Quería recuperar sus propiedades y, más aun, parar el mal ejemplo de Cuba para el resto de América Latina.

A principios de los años 60, Washington procedió por dos caminos: aplastar a Cuba y a los movimientos revolucionarios del continente; y lanzar la Alianza para el Progreso, presentada como una medida de libre comercio para curar la pobreza, pero que sirvió para que Estados Unidos clavara más profundamente sus garras económicas.

En 1961 Estados Unidos invadió Playa Girón, pero el pueblo cubano lo derrotó de forma aplastante.

Muchos han sido los hechos en los que Estados Unidos ha estado involucrado, incluyendo actos terroristas para intentar obtener una total dominación sobre Cuba. Algunos de ellos son:

10 de marzo de 1952: Golpe de estado en Cuba dirigido por el general Fulgencio Batista

4 de marzo de 1960: Sabotaje del barco La Coubre

5 de enero de 1961: Asesinato de Conrado Benítez

13 de abril de 1961: Explosión en la tienda El Encanto

17 de abril de 1961: Invasión por Playa Girón

26 de noviembre de 1961: Asesinato de Manuel Ascunce Domenech

12 de octubre de 1971: Ataque a Boca de Samá.

6 de octubre 1976: Crimen de Barbados

23 de octubre de 1992: Aprobación de la Ley Torricelli

12 de marzo de 1996: Se puso en vigor la Ley Helms-Burton

En septiembre de 1997: Explosiones en Hoteles de La Habana. Muere el joven turista italiano Fabio Di Celmo

12 de septiembre 1998: EE.UU. FBI detiene a cinco cubanos acusados injustamente de espionaje

17 de noviembre de 2000: Frustrado atentado contra Fidel Castro

Febrero de 2005: El connotado terrorista Luis Posada Carriles se refugia en los Estados Unidos con el abierto apoyo del gobierno norteamericano.

Es bueno recordar que tras un análisis de los motivos de la derrota en Playa Girón, a finales de 1961, Kennedy le pidió a su hermano Robert F. Kennedy que se pusiera al frente de la que se denominó Operación Mangosta (Operation Mongoose). El propósito de ésta era promover sabotajes que desembocaran en levantamientos internos y en el derrocamiento del gobierno, quizás con una segunda invasión, pero esta vez con la participación directa de EE.UU., lo que a la larga se traduciría en un largo e inútil conflicto de desgaste diplomático.

Tampoco debe olvidarse que el Comandante en Jefe Fidel Castro afrontó 634 intentos de asesinato planeados por EE.UU., y más de 3000 cubanos han muerto como víctimas de los atentados terroristas que se han llevado a cabo en Cuba.

DcrfbSSUwAE-AZv.jpg largeDocumentos desclasificados de 1964 del Departamento de Estado también afirman que Fidel Castro representaba una amenaza a la hegemonía de Estados Unidos y un desafío abierto a la Doctrina Monroe.

Después del Triunfo de la Revolución cubana se produjo una escalada de agresiones económicas como la prohibición de toda exportación a Cuba. Mientras, el 19 de octubre de 1960, el presidente Dwight D. Eisenhower impuso un bloqueo parcial y rompió las relaciones diplomáticas el 3 de enero de 1961. John F. Kennedy completó ese bloqueo. La Unión Soviética, en cambio, ofreció a Cuba precios preferentes para las exportaciones cubanas, especialmente en azúcar, y les vendió petróleo, también a precios preferentes.

Por las presiones norteamericanas, la Mayor de las Antillas fue expulsada de la OEA, organización manejada por EE.UU. Por su parte, el bloqueo fue reforzado en octubre de 1992 por la Ley Torricelli y en 1996 por la Ley Helms-Burton, que planteaba, entre otros muchos artículos, que las filiales estadounidenses en terceros países no podían establecer ningún tipo de relación comercial con la Isla, impidiendo además los negocios entre compañías estadounidenses y compañías extranjeras que hubiesen comerciado con Cuba.

Durante la administración de Bush Jr. se redactó un plan, que se proponía cambiar el gobierno revolucionario de Cuba y prácticamente devolver a Cuba al tipo de relación con Estados Unidos existente en 1902, algo totalmente violatorio del Derecho de autodeterminación de los pueblos.

Las sucesivas administraciones norteamericanas no han cesado hasta hoy de adoptar medidas para reforzar este genocida bloqueo.

Noam Chomsky, filósofo, politólogo y activista estadounidense, afirma que el bloqueo tiene el objetivo de evitar el éxito del plan económico cubano, evitando así que sirva de ejemplo en otros países latinoamericanos.

Es así que el bloqueo cuenta con la oposición de la comunidad internacional. Las Naciones Unidas han aprobado varias veces con absoluta mayoría resoluciones instando a Estados Unidos a levantar esta criminal política; y se le ha calificado como “acto de genocidio” por relevantes personalidades.

 

Trump sabotea la normalización de las relaciones con los EE. UU. 

Como es sabido, el 17 de diciembre de 2014 en una locución simultánea los presidentes de Cuba, Raúl Castro Ruz y Barack Obama, de Estados Unidos anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países. En la suya, el presidente norteamericano reconoció el fracaso de la política de bloqueo económico contra Cuba y la necesidad de realizar un cambio en este sentido. En la misma línea línea anunció un grupo de acciones a tomar por parte de su administración para aliviar el bloqueo contra la Isla.

Casi un año más tarde, el 1 de julio de 2015, Raúl Castro y Barack Obama intercambiaron cartas mediante las cuales confirmaron la decisión de restablecer relaciones diplomáticas entre los dos países y abrir misiones diplomáticas permanentes en las respectivas capitales.

Cuba no puso nunca condiciones para un diálogo con Estados Unidos. No exige a los norteamericanos que cambien su sistema de gobierno o que abandonen el capitalismo, y mucho menos pide la renuncia de su actual presidente.

Pero basta hacer un breve análisis de las agresivas medidas adoptadas por la administración de Donald Trump contra Cuba, para reafirmar nuestro criterio de que no se puede confiar en el gobierno norteamericano.

 

A mediados de junio del año pasado, durante su discurso en Miami sobre las relaciones con Cuba, frente a un auditorio de representantes de los círculos más recalcitrantes de la mafia cubano-norteamericana, encabezada por sus “socios”, el corrupto senador republicano Marco Rubio y el no menos reaccionario congresista Mario Díaz-Balart, el presidente Trump expresó:

 

“Estoy cancelando todo el acuerdo bilateral del último gobierno (Barack Obama). Estoy anunciando una nueva política, como prometí durante la campaña, y firmaré ese contrato en esa mesa en solo un momento”.

 

En lo adelante, las intenciones del mandatario norteamericano hacia nuestro país se resumirían en:

-Aumentar las restricciones de viaje para recrudecer la prohibición del turismo de los Estados Unidos a Cuba.

-Reafirmar el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba.

-Oponerse a las convocatorias en las Naciones Unidas y otros foros internacionales que apoyan a Cuba y piden el fin del bloqueo.

-Limitar los viajes con fines educativos no académicos que tendrán que ser en grupo.

-Prohibir el viaje individual autodirigido permitido por la administración Obama.

-Limitar las actividades económicas con empresas vinculadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

 

Así, el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba firmado por Trump y se dirigía a los Departamentos de Tesorería y Comercio para iniciar el proceso de emisión de nuevas regulaciones en 30 días.

 

Según la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC) se confirma que Trump prohibió a las empresas de su país hacer negocios con sectores ligados a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

 

Por su parte, el 29 de septiembre de 2017, Rex Tillerson, quien fungía en ese momento como Secretario de Estado de los Estados Unidos, anunció la decisión de reducir significativamente el personal diplomático de su Embajada en La Habana y retirar a todos los familiares, con el argumento de que se habían producido “ataques” contra funcionarios del gobierno estadounidense en Cuba, que les causaron afectaciones a su salud.

 

Más adelante, el 3 de octubre de 2017, una vez más el gobierno estadounidense, en una acción injustificada, decidió que 15 funcionarios de la Embajada de Cuba en Washington abandonasen el territorio de los Estados Unidos, sobre la base de que habían reducido su personal diplomático en La Habana y que el gobierno cubano no había dado los pasos necesarios para prevenir “ataques” contra estos.

 

Un reporte del Buró Federal de Investigaciones al que la agencia AP tuvo acceso, aseguró que, después de llevar a cabo varias pruebas en el terreno, no existen evidencias de que se hayan perpetrado «ataques acústicos» contra diplomáticos estadounidenses en La Habana.

 

Si bien las conclusiones del FBI, cuyos agentes viajaron en cuatro ocasiones a la Mayor de las Antillas para adelantar pruebas en el terreno, coinciden con las del Comité de Expertos creado en Cuba para investigar los incidentes y con la de otros reconocidos especialistas internacionales, quienes aseveran que los supuestos ataques sónicos nunca existieron, el Departamento de Estado adoptó una serie de agresivas medidas.

 

En particular, designó inicialmente la Embajada de EE.UU. en Bogotá, Colombia, para procesar visas de inmigrante para residentes de Cuba. Aunque los solicitantes de visa cubanos pueden hacer esta diligencia en cualquier embajada o consulado estadounidense del mundo, deben estar físicamente presentes al momento de la solicitud. Esto quiere decir que los cubanos deberían pedir visa para ir a Colombia y continuar con el procedimiento, con lo cual se complicaron en grado superlativo estos trámites para los solicitantes.

 

Además, el 22 de diciembre del 2017 la Oficina de Servicios de Inmigración y Ciudadanía (USCIS) anunció que suspendía de forma temporal e inmediata las operaciones en su embajada en La Habana, ante la reducción de personal, y sería la oficina de la agencia en México la que asumiría estos trámites.

 

Para enredar aún más estas gestiones, a finales de marzo del año en curso, el Departamento de Estado anunció que a partir del 1 de abril se trasladaban de Colombia a Guyana los trámites de la visa de inmigrante a ciudadanos cubanos para viajar a Estados Unidos. Las citas tendrán lugar en la embajada estadounidense de Georgetown, la capital de Guyana, con todos los gastos adicionales que esto conlleva para los interesados.

 

En adición a lo expuesto, el Departamento de Estado anunció el pasado 23 de enero, la decisión de convocar a una “Fuerza de Tarea de Internet”, integrada por funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos y representantes de organizaciones no gubernamentales, con el objetivo declarado de promover en Cuba el “flujo libre y no regulado de la información”. Según el anuncio, esta Fuerza de Tarea “examinará los retos tecnológicos y las oportunidades para expandir el acceso a Internet y los medios de difusión independientes” en Cuba.

 

Al respecto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba entregó el miércoles 31 de enero al Encargado de Negocios a.i. de los Estados Unidos en La Habana, Lawrence Gumbiner, una nota diplomática que expresaba su enérgica protesta por la pretensión del gobierno estadounidense de violar de modo flagrante la soberanía cubana, en lo que respecta a la competencia nacional para regular los flujos de información y el uso de los medios de difusión masiva.

 

De igual forma, Rodríguez Parrilla rechazó el intento de manipular Internet para llevar a cabo programas ilegales con fines políticos y de subversión, como parte de sus acciones destinadas a alterar o cambiar el orden constitucional de la República de Cuba. La misma nota fue remitida por la Embajada de Cuba en Washington al Departamento de Estado.

 

En su mensaje, la Cancillería cubana reiteró la determinación del Gobierno de Cuba a no tolerar ningún tipo de actividad subversiva ni de intromisión en sus asuntos internos y, como país soberano, a continuar defendiéndose y denunciando la naturaleza injerencista de este tipo de acciones.

 

Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba alertó mediante nota dada a conocer el 5 de febrero del año en curso, sobre la gravedad del mensaje de arrogancia y desprecio con que el Secretario de Estado de los Estados Unidos inició una gira por varios países de América Latina y el Caribe.

 

En vísperas de su viaje, el exSecretario de Estado Rex Tillerson, en una comparecencia en la Universidad de Texas en Austin, realizó declaraciones alarmantes e injerencistas, que instigaban abiertamente al derrocamiento, por cualquier vía, del gobierno legítimo de Venezuela.

 

Además de propugnar el retorno de la tristemente célebre doctrina Monroe, sus declaraciones se ajustaban claramente a los esquemas de cambio de régimen que han cobrado millones de víctimas inocentes en varias partes del mundo y promueven la violencia, la guerra, las crisis humanitarias y la inestabilidad, demostrando su fracaso.

 

Como si ello no bastara, el pasado 14 de abril, en el Segmento de Alto Nivel de la Octava Cumbre de las Américas, el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, también arremetió contra Cuba y Venezuela. Calificó los sistemas sociales de nuestros países como “represivos” y mostró a los Estados Unidos como “libertador” de ambos pueblos. Sin embargo, en su agresiva intervención, el vicepresidente estadounidense no se molestó en hablar de las sanciones que su gobierno impone a Cuba y Venezuela, verdaderos hechos represivos.

 

Estas insolentes falacias del representante de Trump en el evento, recibieron la contundente respuesta del canciller Bruno Rodríguez Parrilla.

 

Resumiendo lo expuesto, está claro que las agresivas medidas del jefe de la Casa Blanca contra Cuba marcan un retroceso en relación a la apertura que comenzó el expresidente de EE.UU., Barack Obama, y acentúan nuestra natural desconfianza en todo lo que proviene de Washington.

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Pero el actual inquilino de la Casa Blanca debe tener algo bien claro: La política de Estados Unidos contra Cuba falló por más de 50 años y ahora volverá a fracasar.

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