No se puede confiar en los Estados Unidos (Parte II)

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Por Miguel Angel García Alzugaray

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Imperialismo económico

El imperialismo económico de EE. UU se caracteriza por llevar a los países a contraer empréstitos que los atan a grandes deudas, entre los métodos empleados se pueden resaltar la instalación de filiales en los países subdesarrollados para conseguir mano de obra barata, el control de la política de esos países dependientes y la instalación de gobiernos obedientes que estén dispuestos a suscribir tratados abusivos para la entrega gratuita las materias primas que el mercado mundial necesita, la compra de las empresas estatales para evitar que el país se desarrolle por sí mismo, y tratados de libre comercio que eximan a esas empresas multinacionales de pagar aduanas en esos países.

La Doctrina de Seguridad Nacional plantea que cualquier intento de independencia económica de esos países dominados acarrea un riesgo para la economía de EE. UU., e identifica economía con “seguridad nacional”. El informe de Kissinger llamado NSSM200 declara que un crecimiento de la población en los países capitalistas subdesarrollados aumenta el riesgo de la aparición de un movimiento independentista.

Según la opinión de varios autores, a lo largo del siglo XX, Estados Unidos se valió de diversos medios para garantizar esa dependencia.

La Escuela de las Américas, los golpes de estado, las invasiones, pero también los empréstitos y el control de la natalidad son algunas de las medidas por medio de las cuales EE. UU. ha creído y querido perpetuar su dominio.

Un aspecto de la estrategia de seguridad nacional estadounidense ha consistido en el fomento del control de la natalidad en los países subdesarrollados. A principios de los 70, durante los últimos días del gobierno del Presidente Richard Nixon, un documento del Departamento de Estado creado bajo la dirección del Secretario de Estado Henry Kissinger (el llamado NSSM 200), identificó el crecimiento de la población en los países del tercer mundo como “un asunto de máxima importancia”:

“Un extenso análisis de la situación demográfica mundial y soluciones para la estabilidad de los intereses de Estados Unidos relacionados con los recursos naturales que alimentaban las industrias estadounidenses”.

Este documento, establecía el control de la natalidad y el control político y económico de los países subdesarrollados, para “ahorrar recursos y materias primas” que potencialmente serían utilizados por los Estados Unidos. Supuestamente, dicho apoyo se deriva de una preocupación por: “a) El derecho del individuo a determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos. b) El desarrollo fundamental, social y económico de los países pobres”.

Consenso de Washington

A comienzos de la década de 1990 se dictó a los países de América Latina un listado de políticas económicas de los organismos financieros internacionales y centros económicos con sede en Washington DC tendientes a implantar el Neoliberalismo.

Ese listado incluía medidas económicas, y su resultado fue la reducción de los sueldos, el aumento del desempleo, la privatización masiva de todas las propiedades estatales, la desindustrialización y el endeudamiento a través de empréstitos y otras acciones tendientes a la quiebra de esos países para evitar su desarrollo y su independencia económica.

Algunas de las regulaciones fueron la Privatización, Desregulación, Reforma Impositiva, Reforma de las leyes laborales para facilitar el desempleo, Liberalización de las tasas de interés, Liberalización del comercio internacional (trade liberalization), liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas. Estas medidas no son exclusivas del consenso de Washington, ya que tienen como antecedente las políticas económicas de las dictaduras militares latinoamericanas de los ’60, ’70 y ’80.

 

Apropiación de recursos naturales vitales

La película argentina Sed, invasión gota a gota sostiene que la teoría de EE. UU. sobre la presencia terrorista en la triple frontera de Argentina, Paraguay y Brasil es en realidad una excusa para justificar su presencia militar en esa región, zona de recarga de la mayor reserva de agua del mundo, el Acuífero guaraní. También presenta pruebas de presencia militar estadounidense en diversas regiones de Latinoamérica y el mundo ricas en diversos recursos naturales estratégicos.

El caso del clan Rockefeller es quizás el principal emblema, pero no el único. Durante buena parte del siglo XX, el monopolio petrolero anglo-estadounidense fue rebautizado como “The Seven Sisters” (Las Siete Hermanas). Pero el proceso de gran concentración del capital vivido en la década del 90 ha hecho que se dejaran de guardar las apariencias y las empresas petroleras volvieran a fusionarse. De seguir a este ritmo, ya poco faltaría para volver a la primitiva Standard Oil.

En efecto, la familia Rockefeller controla los conglomerados petrolíferos Exxon Mobil, Chevron-Gulf-Texaco y Amoco-British Petroleum. Entre otros muchos intereses petrolíferos en el resto del mundo, también les corresponde, por ejemplo, una proporción muy importante en el petróleo que Repsol posee en la Argentina, dado que Aznar vendió en 1997 acciones de Repsol en la Bolsa de Madrid y fueron compradas nada menos que por el Chase Manhattan Bank.

En la Guerra de Iraq y la Guerra de Afganistán numerosas empresas estadounidenses se han visto beneficiadas con las guerras. Ya sean empresas petroleras, armamentísticas o constructoras, se han convertido en las verdaderas impulsoras, financiadoras y beneficiarias de estas guerras.

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