Migrantes #cubanos: Una travesía de alto riesgo (Parte I)

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Por Enrique Ojito y Xiomara Alsina

Cuando menos, en una ratonera se siente Yunialsy en aquel cuarto de hotel de décima categoría en la ciudad de Turbo, Colombia. Recostada al espaldar de la cama y con las rodillas en el mentón, intenta calmar el cosquilleo frío que le salta en el estómago. “Cubanos no se duerman, los estamos velando para matarlos”. La advertencia escrita venía de las paredes. No. Venía de los hombres, quizás de los que yacían desperdigados por el suelo en el vestíbulo con olor a marihuana.

Yunialsy lo intuía, como también su esposo Miguel José, quien se recuesta al mismo espaldar. No pegarán los ojos, por si las moscas; aunque, ¿cómo podría defenderse esta pareja de cubanos, a miles de kilómetros de Sancti Spíritus, en medio de la noche antioqueña, en una de sus paradas en la ruta hacia Estados Unidos?

En mayo del 2015 se apareció Damián en la casa del matrimonio.

—Si quieren irse, es ya, les urgió.

El deshielo de las relaciones diplomáticas anunciado al unísono el 17 de diciembre de 2014 por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama cebó la expectativa ante la posibilidad de la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano, aprobada en 1966 por el Congreso de Estados Unidos, que le concede un tratamiento diferenciado y único en el mundo, al admitir de modo inmediato y automático a cualquier persona nacida en la isla, sin importar la vía empleada para arribar al territorio norteamericano.

3.-INFOGRAFIA

Luego de vender la casa y de casi ahogarse en deudas, Yunialsy y Miguel José arriban el 5 de junio al aeropuerto de Quito, Ecuador. A las afueras, Damián y su esposa colombiana aguardan por ellos para trasladarlos al apartamento de este traficante de cubanos.

—Anoten todo, le aclaró al amanecer a la pareja en la sala.

Más precavida que su esposo, la muchacha apunta teléfonos, lugares, nombres de contactos, evidencia de una lucrativa red de tráfico de cubanos y cubanas que implica a “coyotes” y a otros miembros en Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos. Según el periódico Granma, el pasado año esa travesía internacional de cubanos y cubanas pudo dejar una estela de alrededor de 30 millones de dólares, exprimidos de los bolsillos de los propios habitantes de la isla y de sus familiares y amigos diseminados por medio planeta.

Pero a Yunialsy le importa un bledo la millonaria cifra y le lanza una pregunta al regordete de Damián.

—¿Y tú no vas con nosotros hasta salir de Colombia?

—Sí, pero en otro bus. Denme todo el dinero; yo se los cuido.

—Pero, mira…, interviene Miguel José.

— Si no es así, esto se jodió aquí mismo.

El traficante rastrilló las palabras en son de “lo toman o lo dejan”.

Mochila al hombro, el matrimonio salió en bus de Quito a Ipiales, ciudad colombiana fronteriza con Ecuador, con la recomendación de Damián cimbrándoles en los oídos: “Ni se les ocurra hablar con alguien. Ese tonito los chivatea”.

En el intento de llegar a territorio de los Estados Unidos, los migrantes se han convertido en víctimas de traficantes y de bandas delincuenciales.

En el intento de llegar a territorio de los Estados Unidos, los migrantes se han convertido en víctimas de traficantes y de bandas delincuenciales. (Foto: Getty Images)

Punto en boca en todo el trayecto. “7:45 pasado meridiano”, anuncia Radio Ipiales, desde la bocina del bus. “Informaciones a esta hora: Luego de dos años y medio del asesinato de 23 taxistas nocturnos en el municipio de Ipiales, los familiares denuncian…”.

La pareja deja atrás la noticia; finge no escucharla y se abisma en la noche de la urbe en busca de un hostal cercano a la terminal de buses hacia Medellín, recomendada por Damián. Poco antes del amanecer, otro coyote está plantado frente a ellos, Gabriel, cuyo porte nada se semeja al hijo del telegrafista de Aracataca, García Márquez.

— ¿Y mi plata?

El saludo, muy cordial, por cierto. De los dólares que Yunialsy separó a escondidas y previsoramente en la casa de Damián, en Quito, le deja caer 50.

—No hablo paja (mentira, en el diccionario cubano); el chofer los recogerá afuera de la terminal. Será una maricada montar dentro; la policía está…

La frase en suspenso de aquel hombre con voz sheriff vendría a aguar el itinerario siguiente. Vencida la ciudad de San Juan de Pasto, en el primer retén…

—Documentos.

Una sola palabra les cuesta 50 dólares, y mucho más. Al parecer, los uniformados le tomaron la chapa al bus y en el próximo retén la policía se dirige a ellos sin pestañear. La misma palabra y otros 50 dólares que descargan a la cloaca de la corrupción. Las extorsiones suman 400 dólares al arribar a Medellín, una ciudad picada de sur a norte por el río Aburrá y sentada a horcajadas entre montañas andinas; mas, ni Yunialsy ni Miguel José están ahora para disfrutar el paisaje.

En el camino de Medellín a Turbo, los espirituanos casi se dan de narices con Damián.

—Al fin apareces, compadre, le espeta Miguel José a quien lleva a cuestas casi todo el dinero que prácticamente le regalaron en bandeja de plata en Quito. ¿Qué tajada se llevará esta versión cubana de coyote que ha hecho un trillo entre La Habana, Quito y Medellín? Poca, poquísima: 3 600 dólares.

—Nos vemos en Turbo, intenta animarlos Damián.

Yunialsy y Miguel José pasaron una noche interminable en la ciudad de Turbo, Antioquia, Colombia.

Yunialsy y Miguel José pasaron una noche interminable en la ciudad de Turbo, Antioquia, Colombia.

Alrededor de las dos de la mañana del lunes arriban a Turbo, al noroeste de Medellín. Nadie los espera en una ciudad sin reponerse aún de la resaca dominguera. Caminan sin rumbo.

—Tengan cuidado, los van a matar, les alertan, y ellos aceleran el paso hasta que llegan a un hotel; sin embargo, no les permiten entrar por ser cubanos. Súplicas a la señora que continúa en sus trece.

—Si se quedan, nos caen a tiros a todos.

Telefonean a Damián, que duerme a piernas sueltas con su mordida verde de almohada. En la cartilla de instrucciones, dictada por el coyote, Yunialsy descubre el nombre de otro contacto en Turbo, quien llega tambaleándose sobre un motor por causa de tanto alcohol en sangre.

—Me llevo a uno primero y al otro después.

No bastan los ruegos de la joven, quien se queda tragada por la noche en una esquina. “Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!…”, implora de rodillas. Y piensa que no estuviera pasando por esta zozobra de no habérseles denegado las visas en la entonces Oficina de Intereses de EE.UU. en La Habana. Cuando ya cree a su marido sin vida, escucha aproximarse la moto.

— ¡Ay, mi madre! “Padre nuestro, que estás…”.

Por ahora, Yunialsy es escuchada. La evidencia está en que sigue recostada al espaldar de la cama de este hotelucho, junto con Miguel José, quien tampoco ha pegado un ojo durante la noche, presto a salir corriendo de aquella ratonera al despuntar el día.

Golpes secos en la puerta, tan secos como la voz del hombre del motor que les exige 900 dólares en total por los servicios prestados —incluidas la ración por venir del lanchero y de otro guía— por el cruce esa noche de la frontera de Colombia con Panamá, junto a otros migrantes de la isla. Toda una maquinaria bien aceitada.

Llueve. Y salen a partir el monte que los separa de la costa; distante a unos 10 kilómetros. Casi nada. Se tornan sombras mudas; los paras y los asaltantes que conocen esos atajos de memoria permanecen a la caza en busca de su “vacuna”; pero los aguaceros y el fango los ahuyentaron. Otra noche sin dormir. Y ahí están Yunialsy y Miguel José, picados por los mosquitos y el miedo.

6.-GOLFO-DE-URABA

Cuando la lancha da señales de vida a las siete de la mañana, se arma el sálvese quien pueda en el abordaje. Veinticinco personas intentan acomodar los huesos en una embarcación de apenas 10 capacidades, para cruzar el Golfo de Urabá. Debido a ese mismo oleaje, que ahora zarandea la lancha, padres cubanos verían el mar encrespado llevarse a su hijo meses después; cuentan que al pisar tierra firme buscaron alambres para suicidarse.

Un año atrás, siete migrantes (¿cubanos, nepalíes, ghaneses?) zozobraron también; por Turbo se corrió el rumor: los propios coyotes los lanzaron al mar, después de quitarles todo el dinero. “Son personas como uno y demás, y sus familias en el otro lado del mundo no saben qué pasó con ellos”, comentó el sepulturero del pueblo, Evelio Cortés, a la prensa colombiana.

El sepulturero de la ciudad de Turbo, Colombia, ha enterrado a varios migrantes ahogados en el Golfo de Urabá.

El sepulturero de la ciudad de Turbo, Colombia, ha enterrado a varios migrantes ahogados en el Golfo de Urabá.

Continuará…

Tomado de Escambray

http://www.escambray.cu/2016/migrantes-cubanos-travesia-de-alto-riesgo-fotos-infografia-y-mapa/

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