Melba y Haydée: unidas eternamente en la historia #patria

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Eduardo Palomares Calderón

Según contara Melba, su amiga Elda Pérez le dijo que había conocido a un joven distinto, que cuando hablaba lo hacía diferente y, como vivía cerca, una noche se dirigieron a su apartamento en 25 y O, donde mientras esperaban al joven (Abel), en escasos minutos de conversación había quedado impresionada con su hermana Haydée.

Apenas bastó ese primer encuentro, para que entre Melba Hernández Rodríguez del Rey y Haydée Santamaría Cuadrado surgiera la férrea unidad en la lucha revolucionaria y la historia, que la vida enlazara aún más al hacer coincidir en este 28 de julio, el aniversario 94 del natalicio de Melba y el 35 de la desaparición física de Haydée.

Fueron ellas las dos únicas mujeres que el 26 de Julio de 1953 integraran el grupo de jóvenes de la Generación del Centenario del Apóstol, que comandados por Fidel Castro Ruz asaltaran el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, ciudad a donde llegó la primera con una caja de flores que debajo ocultaban armas, y la segunda con una maleta de ropas en iguales circunstancias.

Al ser de las primeras en llegar a la Granjita de Siboney, sitio desde el cual partirían los asaltantes, previamente ambas se dedicaron a la limpieza de la casa, a ayudar en la cocina, planchar los uniformes y a recoger los clavos que podrían ponchar a los autos, pero llegada la hora exigieron su lugar en la acción armada.

Quien luego sería el heroico comandante Juan Almeida, desde aquel momento las calificó como mujeres más valientes que muchos hombres, y así lo demostraron a la hora del combate frente a la muerte de sus compañeros (en el caso de Haydée del hermano y su novio Reinaldo Boris Luis Santa Coloma), al ser detenidas, ante los vejámenes e insultos de sus captores.

Luego proseguirían fieles a Fidel desde la misma prisión. Al ser liberadas, en actividades conspirativas, y tras el desembarco del Granma de lleno en la lucha, tanto en el clandestinaje como en la Sierra, hasta que al triunfo revolucionario asumen importantes tareas asignadas por sus grandes méritos y su inteligencia.

Fue el 23 de julio del 2003, apenas 72 horas antes del cincuentenario de la gesta del Moncada, la última ocasión en que como solía hacer cada vez que viajaba a Santiago de Cuba, Melba Hernández visitó la Granjita de Siboney, momento del cual fuimos testigos.

“¿Puedo pasar?”, —preguntó con su habitual modestia ante la entrada flanqueada por las banderas cubana y del Movimiento 26 de Julio, sin reparar que desde hace cinco décadas ya estaba dentro, porque ella misma es parte de la historia atesorada en la instalación devenida en museo.

Como una fuerza magnética su presencia atrajo a visitantes y trabajadores. Estos últimos advirtiendo sus casi 82 años de edad quisieron llevarla directo a un cobertizo, donde sentada la acariciara la fresca brisa que baja de la cercana Cordillera de la Gran Piedra.

“No, yo quiero ver la casa y primero este cuarto —dijo encaminándose a la habitación de la derecha—. Aquí dormí yo, pero eso no es lo importante sino esta otra cama, la cama de Haydée. Yo, cuando vengo a la Granjita, y hace tiempo que no podía, traigo una flor y se la pongo en su cama a Yeyé”.

Luego de contemplar el retrato de Heydée, sobre el impecable sobrecama blanco, colocó una vareta de alpinia púrpura (conocida por su rojo intenso también como antorcha), que en sí encerraba lo que para las nuevas generaciones han simbolizado estas dos mujeres.

En su lento, pero firme andar, la Heroína del Moncada recorrió cada rincón. El cuarto matrimonial donde Abel, segundo jefe de la acción, ocultó en el cielo raso los uniformes, la pequeña cocina y la tercera pieza, la cual ahora exhibe fotos de combatientes detenidos:”Miren a Fidel, Raúl, Almeida y Ramirito, qué jóvenes todos…”.

Al concluir el recorrido se sentó en el mismo balance de 50 años atrás y comentó al grupo de trabajadoras: “Todo está muy bien conservado, ustedes se preocupan mucho por la Granjita, sigan así, que esto también tienen que conocerlo las nuevas generaciones, para que sepan cómo fue la lucha dirigida por Fidel”.

Ya en la despedida su mirada fue de un sitio a otro, como para fijar en las pupilas y el corazón cada recuerdo. Por último, nuevamente ante la cama de Haydée, hizo una hermosa petición: ¿Podrían ponerle flores todos los días?, a ella le gustaban tanto…

Matilde del Carmen Gainza Lores y Aleidy Oliva Alcántara, museólogas de la histórica instalación, aseguran que desde aquel día jamás ha faltado el girasol (que era la preferida de Haydée), y que una vez fallecida Melba, el 9 de marzo del pasado año, flores rojas acompañan su cama.

Ambas heroínas descansan en nichos contiguos junto a sus compañeros caídos en la gesta del Moncada, en el Panteón de los Mártires del 26 de julio, del cementerio Santa Ifigenia, de esta ciudad, mientras que su ejemplo de mujeres entregadas a la causa revolucionaria y fieles a Fidel y Raúl, es bandera para nuestro pueblo.

Pie de Foto: La museóloga Matilde del Carmen Gainza asegura que en las camas de Haydée (a la derecha) y Melba nunca faltan flores. Foto del autor.

A la salida del Presidio Modelo Fidel se abraza con las dos únicas mujeres heroínas del Moncada: Haydée y Melba, activas luchadoras por la liberación de sus compañeros.

Tomado de Granma

http://www.granma.cu/cuba/2015-07-27/melba-y-haydee-unidas-eternamente-en-la-historia-patria

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