Madre

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Por Anabel Madiedo Oropeza

Una vez siendo muy joven tuve un mal sueño donde sentí como si fuera cierto que perdía a mi madre, la quería mucho y a partir de esa noche en la que “me vi” sin ella, aprendí a valorarla mucho más, siendo aún una adolescente, esa etapa de la vida en que nos consideran “aborre-centes” porque andamos aún de la mano de nuestros padres, faltando mucho por aprender, empecé a darle la verdadera connotación al amor que sentía y siento por ella, MI MADRE.

Madre tunera junto a su bebé en las inmediaciones del centro histórico de la ciudad, en la proximidad de la celebración el próximo 13 de mayo, Día de las Madres, Las Tunas, Cuba, el 11 de mayo de 2012. AIN FOTO/Yaciel PEÑA DE LA PEÑA/sdl

Se hace difícil hacerle un homenaje en tan solo un día, saber que siempre está aquí, allí o allá donde es más útil, saber que siempre estuvo en la vanguardia y cuando ha hecho falta ha estado y está en la retaguardia de nuestra familia, que sus hijos nos sentimos seguros porque ella está, son cosas que la hacen ser alguien especial, su consejo oportuno aunque a veces comprendido tardíamente, su hombro para llorar en momentos de dolor, sus brazos para sostenernos placenteramente cuando más lo necesitamos, su palabra de aliento, su aclaración de dudas sobre cualquier tema ya sea de letras, de ciencias o de historia, su andar recto por el camino de la vida, su ejemplo como trabajadora ejemplar, esposa, hija, abuela, su respeto por la familia en el más amplio concepto de la palabra, su voz dulce y delicada a pesar de los años que ya tiene, su mirada activa y emprendedora, su don cariñoso, su profesión de maestra desde la alfabetización, su labor sindicalista, su integración a las organizaciones de masas, su amor por la Revolución, la huella que dejó en sus alumnos que aún hoy la llaman maestra en ese barrio donde vive desde los 9 años, donde yo nací y fui tan feliz y lo soy todavía, me hacen sentir que el amor que ella profesa es infinito y sublime.

No solo deseo hacer llegar estas palabras a ella sino a todas las madres que están junto a sus hijos, a las que están lejos y a las que ya no están físicamente pero que su memoria vive eternamente. Otro Día de las Madres que en Cuba se celebra con alegría y unión familiar, como se extraña la comida, el abrazo, la felicitación cercana, la fiesta, la visita al lecho que acoge los restos de las que ya no están.

Va mi homenaje a las madres cubanas internacionalistas que hoy se entregan a la noble labor de ayudar a otros pueblos con la tranquilidad de haber dejado a sus hijos bien cuidados en nuestra patria, pero con la añoranza de no tenerlos cerca para abrazarlos y decirles cuanto los quieren, a las madres cubanas que ya lo son por segunda vez y que ven en sus nietos o bisnietos la continuidad del amor maternal.

Mi felicitación a todas las madres brasileñas y a todas las madres del mundo, esas que hayan llevado o no el fruto de un amor en su vientre hoy cuidan de sus hijos para que tengan un futuro mejor, a las Marianas del presente y el futuro.

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