Maceo y su herencia al pueblo cubano

Lea más de: , , ,

Por Marta Denis Valle

maceo

La vida y la obra del insigne patriota Antonio Maceo se mantienen hoy como guías de los ideales de libertad en Cuba.

Con dos nuevas heridas en su cuerpo, marcado por numerosas cicatrices de guerra, murió el heroico Mayor General Antonio Maceo Grajales (1845-1896) en el combate de San Pedro, el 7 de diciembre de 1896, fecha patria luctuosa.

Maceo respondió a un sorpresivo ataque enemigo al campamento y resultó derribado por un nutrido fuego cuando ordenaba la defensa de la posición; tras varios intentos mambises, su cuerpo fue rescatado, trasladado y sepultado clandestinamente en el Cacahual. Su ayudante, Panchito Gómez Toro, murió en el último intento de rescate.

Ese día, el Lugarteniente General del Ejército Libertador se encontraba en el campamento de San Pedro, cerca de Punta Brava, y pensaba organizar un ataque a Marianao con las tropas mambisas de la provincia habanera.

Su siguiente objetivo era marchar a reunirse con el General en Jefe Máximo Gómez, a petición de este, quien peleaba en la región central, para analizar la situación político-militar presente y futura.

Procedente de Pinar del Río, donde realizó exitosamente su segunda campaña en esa región, Maceo burló la trocha militar española de Mariel a Majana, que separaba las dos provincias.

En la madrugada del día 4, con un reducido número de compañeros, cruzó en un bote la célebre bahía de Mariel, hoy importante polo de desarrollo económico del país.

Desde el 15 de marzo de 1896 hasta los primeros días de diciembre de ese año puso en práctica los principios de la guerra irregular en una zona montañosa y así logró desgastar al enemigo a pesar de la carencia de armas y municiones.

Ese año las fuerzas cubanas sufrieron la pérdida de otros valiosos jefes que perecieron en combate: dos mayores generales, el 5 de julio José Maceo Grajales (1849-1896) y el 18 de noviembre, Serafín Sánchez Valdivia (1846-1896), ambos combatientes de las tres guerras independentistas.

También el general de división Juan Fernández Ruz (1821-1896), el 22 de diciembre, y los generales de brigada Ángel Guerra Porro (1842-1896, el 9 de marzo, y Esteban Tamayo Tamayo (1843-1896), el 21 de mayo, los dos veteranos mambises, y el joven brigadier Juan Bruno Zayas Alfonso (1867-1896), el 30 de julio.

Por enfermedad, provocada a causa de la guerra, fallecieron el mayor general y veterano del 68 José María Aguirre Valdés (1843-1896), el 29 de diciembre, y en noviembre, el general de brigada Pedro Vargas Sotomayor (1868-1896), nacido en Chile, quien peleó junto a Maceo más de un año.

El héroe y mártir de 51 años de edad

Hijo de Marcos Maceo y de Mariana Grajales, campesinos pardos libres, nació el 14 de junio de 1845, en la ciudad de Santiago de Cuba (o en Majaguabo, San Luis, Oriente, según algunas fuentes).

Antonio Maceo alcanzó la altura militar de famosos guerreros del mundo y su talla política y moral trasciende desde la Protesta de Baraguá (1878), hecho que dignifica la lucha de la nación cubana por su soberanía.

Muertos los patricios de la Revolución de 1868, Maceo asumió a la edad de 32 años, en Mangos de Baraguá (15 de marzo de 1878), la defensa de los principios que mantuvieron a los cubanos sobre las armas aquellos largos días y noches durante 10 años.

En una histórica entrevista con el jefe militar español general Arsenio Martínez Campos, rechazó la paz sin independencia y sin abolición de la esclavitud que ofrecía España y ratificó el camino de la lucha.

El desconocido joven de 23 años, incorporado a la insurrección el 11 de octubre de 1868, era Mayor General con más de 800 acciones militares cuando termina la Guerra de los 10 Años.

En la última guerra de independencia dirigió 119 combates, en poco más de año y medio, y en esa etapa está la Campaña de la Invasión a Occidente, en 1895, en unión del Generalísimo Máximo Gómez, que logró en forma relampagueante la proeza militar de levantar en armas a toda Cuba.

La columna invasora de Maceo recorrió la Isla, en solo tres meses, desde Baraguá (22 de octubre de 1895) a Mantua (22 de enero de 1896).

Maceo y Gómez, en forma combinada y con inteligencia, burlaron a 182 mil soldados españoles —25 mil destacados tras el rastro de los invasores—, que mandaban 42 generales.

El legado de Antonio Maceo

Los méritos extraordinarios, militares, políticos y humanos de Maceo, así como su legado a la nación cubana, recibieron la exaltación merecida del Comandante en Jefe de la Revolución cubana Fidel Castro (1926-2016), en ocasión del centenario de la Protesta de Baraguá, el 15 de marzo de 1978.

Destacó la conducta intachable de Antonio Maceo en todos los aspectos, la cual se convirtió en una doctrina, en una verdadera escuela para los combatientes orientales, y en esos principios se formaron los jefes, oficiales y soldados de sus tropas.

Maceo —señaló— se reservó el derecho, con toda libertad y con toda lealtad, sin tener que incumplir ningún compromiso, de continuar en el futuro la guerra libertadora de nuestra Patria.

Al no pactar con los españoles, dijo, dejó realmente a nuestro pueblo una herencia gigantesca, infinita, con esa actitud.

El joven líder rebelde, admirador y seguidor de la conducta de Maceo —a 60 años entonces de la caída del llamado Titán de bronce—, hizo suyas estas enseñanzas cuando emprendió en medio de vicisitudes el camino hacia la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, en diciembre de 1956.

“Nosotros defendemos el principio que mientras haya un hombre con un fusil, la guerra no se ha perdido”, declaró en el centenario de Baraguá.

“…hemos recibido una herencia histórica tan valiosa, una experiencia tan grande, una cultura, una filosofía, una serie de principios, y podemos proclamarlo de esa forma, y no solo proclamarlo, sino incluso hacerlo”.

Nación y emigración

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.