Maceo y el Che anudan el proceso libertario cubano

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Andrés Gómez

Las luchas del pueblo cubano por lograr y mantener su independencia y la construcción una sociedad más justa tienen una fecha que anuda el proceso libertador del siglo XIX, la de nuestras guerras por la independencia de España, y el proceso revolucionario actual. Esa fecha patria es el 14 de junio, cuando ese heroico pueblo celebra los nacimientos del Mayor General Antonio Maceo en 1845, en Santiago de Cuba, hace este año 174 años, y el de Ernesto Guevara, el Che, en 1928, en Rosario, Argentina, hace este año 86 años.

La razón de este modesto escrito es para que sirva de recordatorio a toda persona de buena voluntad, en este mundo tan agitado y de posibilidades de comunicaciones instantáneas que nos abruman, sobre las extraordinarias aportaciones al bien de la humanidad de estos dos seres excepcionales, Antonio Maceo y el Ernesto Guevara.

Aunque mucho se sabe sobre la vida y las aportaciones de ambos principalísimos dirigentes revolucionarios a la libertad y la justicia siempre es necesario insistir en las mismas para no olvidar y para rendirle merecido tributo que son necesidades impostergables.

Tuve el privilegio de estar presente en octubre de 1997 cuando los restos del Che y de seis de sus compañeros de la guerrilla en Bolivia hicieron su entrada en la Plaza de la Revolución de la ciudad de Santa Clara, la cual lleva el nombre del Guerrillero Heroico, para ser depositados en el mausoleo construido para ellos en esa misma plaza, después de haber estado sepultados por treinta años en Vallegrande, Bolivia.

Fidel, en un inolvidable discurso los recibió en nombre de todos diciendo, “No venimos a despedir al Che, sino a recibirlo (…) como un refuerzo, un destacamento de hombres invencibles que llegan a luchar (…) gracias Che por tu vida y ejemplo, gracias por venir a reforzarnos en esta difícil lucha que estamos librando hoy para salvar las ideas por las que tanto luchamos, para salvar la Revolución y las conquistas del socialismo, y resistir el Bloqueo (…) los que te mataron no supieron comprender que seguirías siendo siempre el símbolo de los pobres de esta Tierra”.

Símbolo de esas mismas ideas y abnegación es el que fuera Lugarteniente General del Ejército Libertador de Cuba, el Mayor General Antonio Maceo. A Maceo, por ser negro, le correspondió, además, una lucha dentro de las mismas filas de los independentistas, especialmente con principales líderes del independentismo, contra el racismo, asunto vital que se agravaba por propugnar Maceo, junto con el General en Jefe, el Mayor General Máximo Gómez, y José Martí, las ideas más radicales, más justas, en la guerra tanto como en la construcción de una sociedad más justa y libre en la paz, una vez alcanzada la independencia.

Artífice, por el respeto ganado durante la Guerra Grande, entre los soldados y jefes del Ejército Libertador, de la Protesta de Baraguá, realizó después, durante la Guerra de la Independencia, la comenzada el 24 de febrero de 1895, gestas de inimaginable valor y pericia militar.

Nombrado Jefe de la Columna Invasora, el General Maceo junto con el General en Jefe, Máximo Gómez, realizaron una épica campaña militar, la Invasión. Ya el General Gómez había partido con cientos de soldados para Las Villas, cuando el 22 de octubre de 1895, 17 años al día de la Protesta de Baraguá, partió el General Maceo de ese mismo lugar, Mangos de Baraguá, al frente de 1,500 soldados. Menos de un mes después, al hacer un recuento de armas y municiones, el General Maceo comprobó que sus soldados contaban con sólo un promedio de dos cápsulas por combatientes.

La campaña de la Invasión se extendió por 92 días, durante los cuales el Ejército Libertador recorrió cerca de 1,800 kilómetros, sostuvo 27 combates, ocupó 22 poblaciones importantes. Cumplió sus principales objetivos: llevar la guerra a todos los puntos del país, poner sobre las armas a miles de patriotas, y fortalecer material y moralmente la lucha por la independencia.

La magnitud de la hazaña militar y política se hace más extraordinaria al considerar que las fuerzas militares cubanas nunca sobrepasaron los 4,500 soldados, un tercio siempre desarmado, contra un total de 180,000 soldados y 42 generales españoles que se les opusieron en su recorrido, contando con bien fortificados campamentos y trochas, un excelente sistema de comunicaciones y disponiendo de las armas más modernas e ilimitado número de municiones.

Batallas campales como El Naranjo, Mal Tiempo y Coliseo en las que triunfaron las armas cubanas decidieron la renuncia a su mando del Capitán General español, Arsenio Martínez Campos, General en Jefe del ejército colonial en Cuba. Es para no creerse; pero así y más increíble todavía fue.

Escribió, el General José Miró Argenter, Jefe del Estado Mayor del General Maceo durante la Campaña de la Invasión, sobre la tarde de aquel 22 de enero de 1896, al entrar el ejército cubano en el pueblo de Mantua en la zona más occidental de la Isla, en la provincia de Pinar del Río, tres meses después, al día, de la salida de la Columna Invasora de Mangos de Baraguá, en Oriente, rompiendo las hasta entonces férreas ataduras del regionalismo, comenzando a sentar las bases de nuestra nacionalidad:

“Al llegar a los confines de Occidente, repicando las campanas de la Parroquia de Mantua, aún venían en la Columna Invasora hombres de la Sierra Maestra; de Bayamo, de Santiago de Cuba, de Manzanillo, de Holguín, de Mayarí, de Guantánamo y Baracoa ¡qué prodigio! Sólo Maceo, primer soldado de América… únicamente él, batallador audaz, capitán intrépido, soldado infatigable, siempre delantero, podría abrir el camino de la victoria, e imponer su autoridad indiscutible a esos hombres de la sierra de Guantánamo y de los pinares de Mayarí, agrestes y bravos como los picos de aquellos montes”

Tomado de Rebelión

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=185973

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