Los que iniciaron el cambio

Lea más de: , , , , , , , , ,

María Carla González

La Operación Peter Pan fue una operación de subversión política ideológica del gobierno de  Estados Unidos ejecutada a inicios del triunfo de la Revolución Cubana con el apoyo de  la Iglesia Católica de Miami, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y organizaciones contrarrevolucionarias.

En mi criterio, constituyó uno de los sucesos más crueles y dolorosos para muchas familias cubanas, ya que salieron del país aproximadamente 14 mil niños, muchos de ellos viajaron solos y vivieron alejados de sus padres, los más afortunados por un tiempo limitado, pero otros nunca más los volvieron a ver. Esos niños fueron arrancados a sus padres y a su Patria.

El gobierno estadounidense jugó con los sentimientos y con algo tan sagrado como lo es la familia, para satisfacer sus propósitos imperialistas, manipulando un tema tan sensible como la Patria potestad.

Washington ni siquiera contaba con las condiciones humanitarias propicias para recibirlos y mantenerlos. Los niños fueron expuestos a la violencia y al abuso por el uso de castigos  corporales y la existencia de pandillas en los centros de recepción y campamentos; además, en su mayoría  fueron explotados por sus tutores y maestros. También se enfrentaron abruptamente a la diferencia de idiomas, costumbres y culturas, pues fueron esparcidos por varios Estados.

Aquellos niños fueron enviados a casas de adopción, orfelinatos, e incluso, a establecimientos penitenciarios para delincuentes juveniles de 35 estados. Según sus propios testimonios, el  sentimiento de soledad y abandono era insoportable.

Afortunadamente, muchos de ellos conservaron el amor a su terruño y otros fueron asaltados por la curiosidad y el llamado espiritual oculto pero latente en su interior. Comenzaron a buscar respuestas y a acercarse a sus raíces. Otros fueron más allá e iniciaron el cambio, el acercamiento entre los cubanos de allá y de acá. Desde luego ni Washignton ni los grupos extremistas de La Florida  lo iban a permitir, por eso asesinaron al joven peter pan Carlos Muñiz Varela, por el simple hecho de simpatizar con la Revolución y promover vínculos estables con su Patria. Carlos Muñiz Varela fue asesinado a balazos el 28 de abril de 1979 por fundar la Brigada Antonio Maceo y dirigir la Agencia Viajes Varadero, que promovía excursiones de la comunidad cubana, de norteamericanos y puertorriqueños a Cuba.

La Operación Peter Pan es una página triste en la historia de la emigración cubana, por eso el libro Operación Peter Pan, cerrando el círculo en Cuba me parece tan importante, a veces la historia se hace más vívida cuando no las cuentan sus propios protagonistas, esos que vivieron lejos de sus padres y sus Patria pero aún así conservaron el sentimiento y salieron a hacer justicia.

Operación Peter Pan en testimonios que hacen historia

Por: Olga Rosa Gómez Cortés

El libro Operación Peter Pan, cerrando el círculo en Cuba, del Fondo Editorial Casa de las Américas, fue presentado el pasado 23 de febrero, como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro Cuba 2014.

Las primeras palabras para agradecer a la Casa de las Américas, al Programa de Estudios sobre Latinos en los Estados Unidos, a Iris Cano, editora, a Ricardo Villares, en el diseño y a todos y todas cuanto hicieron posible este libro.

El saludo en nombre de Estela y Ernesto Bravo que en el veinte aniversario de las relaciones Cuba-Sudáfrica comparte su obra fílmica con el público de ese país, por invitación de la Fundación Nelson Mandela y el Congreso de los Sindicatos.

Con mucho gusto comparto con ustedes algunas ideas sobre este libro que hoy presentamos en el marco de la Feria, lo que tuvo un primer y significativo momento el pasado 10 de enero en la Casa de las Américas, que nos dejó un grato recuerdo. Este volumen que lleva por título: Operación Peter Pan, cerrando el círculo en Cuba hace treinta y cinco años comenzó a gestarse no como libro, sino como documental. Usualmente ocurre a la inversa, y explico.

Dentro de la amplia obra documentalista de Estela Bravo — siempre acompañada por Ernesto, su compañero en la vida, en su labor periodística y en su realización artística— se inscribe el documental Los que se fueron. Cuando lo filmaban en 1979 tuvieron un primer acercamiento a la historia de los Peter Pan por intermedio de emigrados cubanos. Ese propio año, en New York, conocieron y entrevistaron a la artista Ana Mendieta, quien salió de Cuba cuando apenas tenía 12 años y a otros dos jóvenes que habían atravesado por iguales circunstancias e intercambiaron sobre el tema con monseñor Bryan O. Walsh, figura principal la operación en Miami.

Veinte años después, en 1999, conocen a Ely Vilano Chovel. Ella había trabajado, ya en ese momento, en la localización de otras personas que siendo niños habían viajado en iguales circunstancias a los Estados Unidos, logró contactar con más de dos mil, creó una organización con el propósito, como dijera en esa entrevista, de «recapturar la historia para dejarla a los que vienen detrás, con la esperanza de que aprendan por el dolor, por el coraje que tuvimos, por todo lo que nosotros pasamos».

Estela y Ernesto, impactados por el conocimiento de esos acontecimientos emprenden la búsqueda de otros testimoniantes de aquellos acontecimientos y deciden filmar un documental. Fue un largo proceso que culmina en el 2010. El documental Operación Peter Pan, cerrando el círculo en Cuba obtiene, en la 32 edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, un premio Coral.

¿Por qué el libro?, ¿cómo surge?

Mientras daban los toque finales a la película tuve acceso a aquel material de incalculable valor, se trataba de un gran número de entrevistas que, lógicamente, su contenido total no era posible incluir en el filme. Le comenté entonces a Estela que todo aquel trabajo merecía un libro.

Su respuesta fue rápida, con la característica agilidad de su pensamiento y con la viveza de su mirada me dijo: “¡Sí, tú lo haces!”. La sorprendida fui entonces yo, pero sus argumentos, su energía, la convicción que no debían perderse ideas de las expresadas, la necesidad de salvaguardarlas como parte de la memoria histórica comenzamos los tres una labor mancomunada que dio como resultado el libro.

Me parece necesario apuntar que sobre esa Operación hay otros textos, escritos en Cuba y en el exterior. Especial importancia tiene el volumen de la Editora Política, de Ramón Torreira y José Bajuasán: Operación Peter Pan. Un caso de guerra psicológica contra Cuba, que es una verdadera obra de cabecera para el acercamiento a este tema, por tratarse de un estudio detallado y minucioso de gran valor histórico, con una amplia base documental.

¿Cuál es entonces la particularidad del libro que presentamos?

Basado en los testimonios individuales de las personas entrevistadas su objetivo es reflejar, desde el punto de vista del impacto humano y emocional, diría que en primera persona, motivaciones y vivencias de sus protagonistas.

Su lectura permitirá apreciar que las opiniones y los puntos de vista expresados no son siempre coincidentes, incluso entre quienes siendo niños fueron partícipes de aquellos acontecimientos y sus propios padres, quienes tomaron la decisión. Recoge testimonios de organizadores de la Operación, que emitieron libremente sus criterios y argumentos. En ambos casos el lector podrá llegar a sus propias conclusiones.

Contiene la mirada de personas que sin ser protagonistas, fueron testigos cercanos y aportan interesantísimas opiniones sobre la operación, su génesis y sus consecuencias. ¿Quiénes son los testimoniantes?

En primer lugar niños, hoy adultos, que fueron enviados a los Estados Unidos por sus padres, quienes de una u otra forma expresaron cómo se sintieron y qué significó aquella separación familiar y su inserción en una nueva y desconocida realidad.

Así podrá encontrarse en este texto lo que dice Ed Canler: «Fue como arrancar un árbol joven de la tierra»; o Alex López: «Éramos niños, niños pequeños, esa fue la primera violación»; o Manuel Ramos: «Es un trauma que llevaré por el resto de mi vida»; o Flora González: «Mi hermana me tenía a mí, yo no tenía a nadie»; y Zenón Arribalzaga: «Creía que iba a ser aceptado como un americanito, lo que nunca ocurrió»; o lo que narra Francisco Méndez: «Lloré tanto esa noche que nunca más he llorado en mi vida»; y Candi Sosa: «Yo me fui de Cuba, pero Cuba nunca se fue de mí»; o Ana Mendieta: «Siento que en la tierra cubana, en el suelo cubano, hay sangre mía»; o las emotivas palabras de Juan Monje cuando al cabo de los años viajó a Cuba: «Cuando vi la bandera en el Morro, lloré como un niño, allí estaba sola, soberana»; o lo que explica Silvia Wilhelm: «Todo era muy secreto, no podíamos decírselo a nadie».

Transitar por el camino de estos testimonios descubre hasta dónde laceró a la inmensa mayoría de esos niños o adolescentes verse obligados a vivir en el seno de familias ajenas, con otra lengua, otra cultura, con hábitos diferentes; ir a vivir a orfelinatos, algunos conocer la ruptura abrupta de la inocencia, su inocencia, por una violación física y espiritual; el significado emocional del desconcierto, la incertidumbre, el sentido de la soledad en edades tempranas. Aun cuando, como resultado de un gran esfuerzo personal hayan logrado realizaciones personales y profesionales lo que debieron enfrentar marcó sus vidas.

Hablan también padres que expresaron el dolor que afrontaron aunque manifiesten no sentirse arrepentidos de la decisión tomada; familiares que sufrieron la separación, como Marina Ochoa, cineasta cubana, que dejó de ver a su hermano cuando apenas tenía siete años y que en cada carta a su mamá repetía, una y otra vez, en cuartillas y cuartillas: «Mami, ven, mami, ven, mami ven», ya después no escribió más, tampoco volvió a hablar español; de la profesora Marta Núñez, que vio partir a sus primos y a muchos de sus compañeros de la escuela donde estudiaba, la Academia Ruston.

Contiene asimismo testimonios de organizadores de aquella operación, como el propio Monseñor Walsh; James Baker, propietario y director de la Academia Ruston; Leopoldina Grau, Albertina O’Farrill. Llama la atención lo expresado por Monseñor Walsh: «El Departamento de Estado me dio la autorización para firmar» Se refiere a las llamadas visas waever, con las que los niños viajaban sin otras exigencias por parte del país receptor; o James Baker: «Antes de dejar La Habana cree un comité para trabajar la parte de Cuba»; o Leopoldina Grau: «Haríamos bien o mal, pero lo hicimos»; o Albertina O̕Farrill: «Me siento muy orgullosa de haber hecho la operación Peter Pan»

Arrojan luz los testimonios de testigos de la época como el caso de Ruperto Hernández, el linotipista que descubrió, en la imprenta en la que trabajaba entonces, que se había acabado de imprimir una supuesta ley, que era falsa; de Ángel Fernández Varela, quien fue agente de la CIA y confesó a su hijos, antes de morir, su participación en la elaboración de la falsa ley sobre la patria potestad; de Francisco Aruca: «Ese plan fue basado en la mentira»; el de Álvaro Fernández Pagliery: «La ley no existía, la hicieron ellos mismos». Así como personas que hacen análisis muy interesantes, desde el punto de vista del contexto histórico en que se producen esos acontecimientos, como Nelson Valdés o Wayne Smith, en aquellos años diplomático de la embajada de los Estados Unidos en Cuba, quién además hizo el prólogo del libro y entre otras cosas afirma:«Fue irresponsable e insensible separar las familias».

De significativo valor el testimonio del Dr. Eusebio Leal, que ofrece sus vivencias personales, pero además una amplia y profunda valoración de esos acontecimientos, a los que califica como «una página oscura y triste de nuestra historia». El escenario en que ocurre la Operación Peter Pan, no está contenido en un capítulo específico, son los propios testimoniantes, con mirada propia, los que van proporcionando las referencias históricas.

Han pasado más de cincuenta años de aquellos hechos y cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que más de catorce mil niños cubanos fueran enviados solos a otro país? ¿Cómo es posible que sus padres los vieran marchar únicamente con el nombre de una persona por la que debían preguntar en el aeropuerto de destino, a su llegada? ¿Qué sucedió con la típica protección y hasta sobre protección que siempre ha caracterizado a la familia cubana, especialmente con sus miembros más pequeños e indefensos? En la medida en que se leen las entrevistas va como desbrozándose un camino para tratar de comprender lo que ocurrió y su significado.

Era la Cuba de 1960. Se producían en nuestro país profundos cambios en todos los órdenes que provocaron una gran conmoción. Una sociedad se fragmentaba y otra surgía, tenía lugar una radical polarización de la sociedad cubana; el gobierno de los Estados Unidos había comenzado a aplicar ya medidas y planes contra la naciente Revolución; los años 1959, 1960 y 1961 se caracterizaron por la ejecución de numerosos sabotajes: la explosión del vapor La Coubre, el incendio de la tienda por departamentos El Encanto; los bombardeos de los aeropuertos de Santiago de Cuba y de San Antonio y Ciudad Libertad en La Habana; la invasión por Playa Larga y Playa Girón en abril de 1961.

En el orden interno tenían lugar conflictos en instituciones educacionales dirigidas por un sector dominante del clero, conformado fundamentalmente por sacerdotes españoles; se creaban organizaciones clandestinas contrarrevolucionarias. El Gobierno Revolucionario respondía a las agresiones con un proceso ascendente de radicalización: intervención de las refinerías de petróleo, nacionalización con compensación de todas las grandes empresas propiedad del capital foráneo y nacional, nacionalización de las escuelas privadas, la expulsión de los sacerdotes católicos extranjeros que manifestaban una actitud de enfrentamiento al proceso que tenía lugar en el país.

En ese contexto los Estados Unidos comienza a aplicar, con relación a Cuba una nueva política migratoria que no tenía antecedentes, crea la categoría de refugiados políticos; el 3 de enero de 1961 se produce la ruptura de las relaciones de los Estados Unidos con Cuba y el cierre de su embajada en La Habana.

No es posible obviar el financiamiento millonario al Programa de Refugiados Cubanos aprobado por el gobierno de los Estados Unidos. Cifras que tuvieron un significativo ascenso en los años comprendidos entre 1961 y 1963 (de más 4 millones, a más de 38 y a más de 56, sucesivamente).

Forma parte significativa de ese entramado una multiplicidad de factores que también inciden en las decisiones de los padres que gestionaron y autorizaron el éxodo de sus hijos, de miles de niños cubanos. Entre ellos cabe mencionar la propaganda en torno a la llamada patria potestad o la pérdida de la patria potestad y contra la Campaña de Alfabetización a través de Radio Swam, creada desde mayo de 1960 y que trasmitía desde la isla de igual nombre, perteneciente a Honduras; el tradicional miedo al comunismo sembrado durante décadas entre la población de la isla; el temor a una inminente guerra civil a partir del presupuesto que se produciría la invasión armada de Estados Unidos. La labor de los sectores más reaccionarios de la iglesia católica, los púlpitos religiosos se convirtieron en tribunas para enfrentar el proceso revolucionario que tenía lugar en el país. No puede dejarse a un lado el criterio que el regreso de los hijos sería rápido o que los hijos se fueran delante y ellos irían detrás u otros como el temor de los padres a que sus hijos se involucraran en hechos contra la Revolución o que se sumaran a las ideas revolucionarias.

Los rumores, lanzados con toda intencionalidad, encontraron terreno fértil en los más sensibles sentimientos de maternidad y paternidad en quienes por su origen de clase, por la educación precedente o por añejas aspiraciones no supieron o no pudieron comprender que formaban parte de una horrenda manipulación.

En este libro podrán encontrar también el reflejo de algunas de las consecuencias de aquella separación: familias que nunca se unificaron, reencuentros en los que al decir de Candi Sosa, refiriéndose a su experiencia a la llegada de sus padres: «…eran las mismas personas, verdaderamente, las personas que se reunieron tenían los rostros familiares pero los seres que habitaban esos rostros ya no eran conocidos”; hijos que se negaron a abandonar a sus padres adoptivos y rechazaron a los biológicos cuando estos llegaron; padres e hijos que volvieron a estar juntos pero que no podían comunicarse: el idioma se había convertido en una barrera.

Se produjeron rupturas que no pudieron ser reparadas, resentimientos, sentimientos de culpa. Para algunos esa separación fue para siempre.

Queridos amigos que nos acompañan:

Cuando se aborda un tema como la Operación Peter Pan a través de la voz y la óptica de entrevistados que tienen su visión de aquellos acontecimientos cada cual expone «su verdad». Unos justifican su actuar y dicen no retractarse, otros describen su dolor, pero hay una realidad genuina y auténtica, en la que es difícil que no coincidan nuestros posibles lectores: no es posible la indiferencia ante el recuerdo de las lágrimas de los niños. Y para contribuir de alguna manera a que estos hechos no se repitan nunca más, a que el llanto infantil no humedezca otras almohadas, se hizo este libro. Este fue el cometido que nos trazamos quienes trabajamos en él. Serán los lectores quienes digan la última palabra.

Muchas gracias

Tomado del Blog La Santa Mambisa

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.