Los CDR y el desafío de un nuevo tiempo

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Por Yuniel Labacena Romero

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Anoche mientras la típica caldosa se hacía más exquisita con sus olores y la cuadra lucía más engalanada de lo habitual para dar la bienvenida a otro 28 de septiembre —cumpleaños de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR)—, pensaba que esos elementos representativos de la mayor organización de masas del país no han sido olvidados, pero es necesario que su quehacer actual se dinamice, para que la cuadra, ese pedacito que al final es la esencia pura de los Comités, sea diferente.

Sin atenuar el éxito alcanzado por los CDR en estos 55 años, en misiones como las donaciones voluntarias de sangre, la recuperación de materias primas, los trabajos voluntarios, la vigilancia revolucionaria y la labor de los destacamentos Mirando al Mar, deben adecuar sus tareas a los cambios por los que transita la sociedad, sin perder el propósito y la esencia que le dieron origen.

No hay dudas que existen Comités con numerosas iniciativas en el país, pero también hay otros donde el funcionamiento es débil, donde falta protagonismo, donde lo único que se hace en el año es la actividad esperando el 28 de septiembre. No estamos en los años 60 cuando se creó la organización, pero se puede hacer más para lograr que cada CDR ayude en estrategias para el beneficio de los vecinos y la comunidad.

Si misiones como la vigilancia revolucionaria se ha redefinido en correspondencia con las necesidades y características de la cuadra, para que los cederistas garanticen la protección de sus viviendas, de sus centros laborales, del entorno de su barrio…, por qué no lograrlo con otras acciones más prestas a fortalecer las estructuras de dirección capaces de viabilizar soluciones para el vecindario.

La limpieza y embellecimiento de las cuadras, esta última, como parte de las acciones en conjunto con las instituciones del Ministerio de Salud Pública para hacer frente a la situación epidemiológica, tienen prioridad en la cruzada higiénico sanitaria, a partir la constitución y funcionamiento de los dúos focales; sin embargo este asunto todavía impone desafíos a los CDR, pues no han tenido el impacto esperado.

No menos cardinal son otros problemas que aún existen en las cuadras relacionados con el maltrato a la propiedad social, los escándalos públicos y sobre todo seguir aportando al combate contra el delito, las ilegalidades e indisciplinas sociales, como evidenció en el proceso Sin tregua contra las indisciplinas sociales, en el cual tuvieron un protagonismo las nuevas generaciones.

Los CDR son la organización de la familia cubana y deben ayudar a mejorar ese comportamiento social. Como genuinos representantes del pueblo, deben redefinir nuevas rutas de acción a lo interno logrando otorgar mayor espacio a las iniciativas renovadoras y al entusiasmo de los jóvenes, pues el mayor desafío como se apuntaba en el último congreso de la organización (2013) es que estos “se integren y desarrollen sus ideas y actividades con un carácter dinámico y atractivo”.

Lo apuntaba la artemiseña Rosa María García Sánchez, coordinadora de la zona No. 70, la cual recibió este año la Bandera 28 de Septiembre, el mayor estímulo colectivo que otorga la organización cederistas. “Debemos continuar conquistando e incorporando a los jóvenes a nuestras tareas como ha sucedido ahora, para unir a los experimentados dirigentes de base en el binomio del presente y el futuro de la organización”, expresó.

Se trata de que los más nuevos —actualmente más del 40 por ciento dirigentes de base—, tengan sentido de pertenencia hacia la labor de los CDR y le aporten nuevas energías, con el propósito de que esta sea una organización más rejuvenecida no solo en su composición, sino también en la forma de asumir sus principios, pues los Comités agrupados en cuadra por cuadra, han sido fundamentales para la Revolución.

Son esas ideas las que también ha defendido Orestes Llanes Mestre, vicecordinador nacional:“Una organización que se respete debe labrar su futuro, y no podemos hablar de futuro si no trabajamos con los jóvenes. Para nosotros este sector es primordial. Una organización que no logre la incorporación sistemática de jóvenes al quehacer de su funcionamiento está sentenciada a desaparecer y nosotros no queremos eso”.

Satisfecho con lo logrado, pero convencido de que se puede hacer más, Carlos Rafael Miranda, coordinador nacional afirma que “cada vez que le hemos dado una tarea a un joven la ha asumido con responsabilidad”, pero se trata,—señala— de que se trabaje más con la familia, con el entorno, con la escuela y la comunidad en la formación de valores, donde promueven la educación formal, los correctos hábitos de conducta, la solidaridad en el barrio, y el respeto a los demás.

Aunque muchos pudieran pensar que no, los CDR sí se están mirando por dentro, pero como se destacaba en la Mesa Redonda del pasado viernes dedicada a ellos, es esencial contar mucho con los activistas en cada cuadra o zona, y también es vital que los dirigentes a todos los niveles se vinculen más con las bases, no solo para conocer los problemas del vecindario, sino para ayudar en su respuestas.

Se trata de distanciarse de todo formalismo y promesas que, en la práctica restan credibilidad y confianza, se trata de explicar, dialogar, persuadir y crear mayores vínculos con el pueblo y sus instituciones, pues los Comités al decir de Fidel —su máximo inspirador— son pueblo, son una idea, son una esperanza, son un ejemplo…,y con esas convicciones tienen que trabajar y vivir el desafío de su tiempo.

Cubahora

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