Los apacibles amaneceres de Monte Barreto

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Monte Barreto

Monte Barreto

Por : Jorge Wejebe Cobo

A pocos kilómetros al oeste de la capital, siguiendo la línea de la costa paralela al barrio de Miramar, se encuentra la zona conocida como Monte Barreto, de la que solo quedan restos de vegetación original, y en su lugar más cercano al mar se levanta un hotel enchapado en cristal, con cierta inspiración cubista, más propio de un paisaje de una urbe europea que del trópico en el que se asienta, como herencia del desarrollo turístico de la zona en los inicios de los años de 1990.

En los alrededores de la zona, compartiendo la discreción del lugar para regocijo de los enamorados de entonces que escogían el lugar para sus encuentros o desencuentros, funcionaba en un edificio construido casi sobre el agua, una instalación de la contrainteligencia cubana desde la década de 1960.

Allí, un grupo de oficiales habitualmente extendían sus jornadas de trabajo y habían incorporado a su cotidianidad ver las puestas de sol y los apacibles amaneceres desde las ventanas de lo que fue un lujoso edificio de la década de 1950. Pero, víctimas de la rutina, la mayoría había perdido la capacidad de asombro ante los anocheceres y el nacimiento de un nuevo día en el horizonte marino. .

Pertenecían a una unidad del contraespionaje encargada de detener la ofensiva de la inteligencia estadounidense, que se iniciaba en la década de 1980. Fueron escogidos entre los mejores directivos y oficiales, la mayoría veteranos de los primeros años de enfrentamiento a las redes de la Agencia Central de Inteligencia yanqui (CIA) y organizaciones contrarrevolucionarias.

Entre sus jefes resaltaba una atractiva mujer de poco menos de 40 años, trigueña, de ojos y cabellos negros, y a la que pudiera atribuirse algún ancestro árabe, la cual ya era una experimentada oficial que había olido la pólvora en los encuentros con infiltrados y, probablemente, fue la única fémina que sustituyó a su jefe muerto en un enfrentamiento con agentes de la CIA, allá por los años de 1960 en el litoral de la costa norte de La Habana.

Producción en serie de espías.

Una Estación Local de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) fue organizada en 1977, en el 5º piso de la Oficina de Intereses de EE.UU en La Habana, establecida ese año por acuerdos bilaterales que permitían abrir representaciones en ambas capitales. Los espías estadounidenses, con cargos diplomáticos tenían como principal tarea minar de agentes sectores estratégicos de la sociedad cubana y se aplicaron a fondo en la tarea.

Los cerca de 30 0 40 oficiales de la CIA en La Habana estudiaron sus candidatos en las esferas de la economía, la política, relaciones internacionales y comerciales con países capitalistas y la URSS, vínculos con los movimientos de liberación en Centroamérica, África y por supuesto que tuvieran acceso a la vida y movimiento de los máximos líderes del país, en especial Fidel Castro.

Todos debían reunir una condición fundamental: que viajaran al exterior con alguna regularidad donde generalmente eran asediados para asegurar su disposición y reclutados después, por lo que recibían una cantidad de dinero equivalente a la importancia y nivel del funcionario y de la información que aportarían.

Generalmente, los reclutamientos de los presuntos agentes se realizaban en lujosos hoteles en Europa y Canadá, para lo cual la CIA montaba una cuidadosa escenografía con el fin de impresionar a los presuntos conspiradores en las que incluían los más sofisticados platos, bebidas y donde los oficiales reclutadores prometían un futuro promisorio a su nuevas adquisiciones, y con palmadas en el hombro y un brindis sellaban los tratos que eran secretamente filmados.

Los oficiales radicados en la Sección de Intereses eran encargados de abastecer con equipos de comunicación, dinero y todo tipo de medios a los agentes reclutados en el exterior. Para esto tenían que escoger los lugares para dejar esos medios enmascarados en falsas piedras, cajas de maderas inservibles, en lugares apartados, como cunetas, bajo puentes, basureros y todo tipo de lugar alejado y a salvo de miradas indiscretas.

Durante casi 10 años esas operaciones fueran exitosas y aceleraron el reclutamiento de los prospectos de la CIA, así como la introducción en la Isla de los más modernos equipos de comunicación, producidos por los norteamericanos para el espionaje antes de la era de Internet, en la década de 1980, entre los que se destacó la planta RS 804 con un valor de cerca de un cuarto de millón de dólares que transmitía vía satélite.

Agentes a la medida

Sin embargo, estos pasos eran conocidos al detalle por los cubanos y se dispusieron a jugar fuerte. En el edificio del Monte Barreto la contrainteligencia aseguró primero que la CIA encontrara los aparentes colaboradores, que buscaban en la cantidad y especificidad requerida, al estilo del más desarrollado marketing, durante años de paciente labor desde los primeros años de la Revolución.

La opción era variada: empresarios, ingenieros, médicos, funcionarios, economistas, pilotos, periodistas, capitanes de barco y de otras ocupaciones de interés para los servicios especiales estadounidenses y ubicados en los lugares claves interesados por la inteligencia norteamericana.

Todos con una presunta historia de insatisfacciones y desilusiones políticas que contaron en Cuba y en el exterior, las cuales iban desde las predilecciones por el modo de vida capitalista y hasta los más creíbles fundamentos de desafección al régimen socialista.

Los agentes cubanos eran tantos, tan diferentes y originales en sus argumentos que fue imposible detectar por los analistas de la CIA indicios de que la contrainteligencia del país llevara una operación de esa envergadura, que según los expertos estadounidenses estaba fuera de las posibilidades reales de los servicios especiales de la Isla.

Nunca antes desde su creación en 1947, la CIA sería vulnerada de una forma tan masiva. En la práctica todo el personal operativo de la agencia en La Habana durante casi 10 años, desde 1977 y hasta 1987 trabajaba para la atención de 27 agentes que en realidad eran colaboradores de la contrainteligencia cubana, quienes les fueron presentados como jugosas carnadas y aquellos entusiastas oficiales de inteligencia estadounidense fueron mordiendo los anzuelos.

Colaboradores cubanos en el sector de la medicina recibieron la encomienda de buscar información sobre la capacidad de respuesta del sistema de salud cubano ante la aparición de enfermedades contagiosas, como el dengue y la conjuntivitis hemorrágica, meses antes de manifestarse brotes de esos padecimientos en 1982. De la primera enfermedad murieron 111 pacientes, la mayoría niños.

Además, la CIA solicitó a otros supuestos agentes que facilitaran la compra y validación de depósitos para almacenar amoniaco fuera de los parámetros de seguridad requeridos en sus estructuras y válvulas, lo cual hubiera podido producir graves consecuencias por escape de ese gas y provocar el envenenamiento de miles de personas.

El mayor peso de los requisitos iba dirigido a fomentar la guerra económica contra el país, haciendo más efectivo el bloqueo, al identificar proveedores de materias primas, alimentos, tecnología y todo tipo de renglones que Cuba comerciaba con terceros países, principalmente europeos, para aplicar las leyes del embargo o sabotear los productos.

A varios agentes relacionados con el tráfico aéreo se les solicitó insistentemente información sobre vuelos oficiales y rutas de dirigentes cubanos, principalmente sobre el líder Fidel Castro en sus viajes al exterior.

Para satisfacer esos requerimientos la contrainteligencia cubana realizó una cuidadosa labor, entretejiendo una urdimbre hecha a la medida de cada agente con historias falsas o desactualizadas, mientras otros las tenían verídicas pero de escaso valor. Literalmente todas fueron intoxicando las computadoras de la CIA.

Un verano caliente

Curtis W. Kamman, un diplomático de 48 años, era en 1987 el Jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana y el 29 de enero de ese año al final de su misión se encaminaba a una inesperada entrevista convocado por la Cancillería Cubana. Seguramente no pudo dejar de pensar en las febriles actividades de los oficiales de la CIA adscriptos a su persona,l pero difícilmente se imaginó la sorpresa que le aguardaba.

Fidel Castro lo recibió y después de los saludos de cortesía le dijo ”Nosotros hemos llegado a la conclusión de lo que más le interesa al Gobierno de Estados Unidos en relación con esta Sección de Intereses, no es una motivación de orden político, es una motivación de orden hostil, es una motivación de inteligencia y si usted quiere lo digo con palabras todavía más precisas: el espionaje.” Y como para evitar un mayor embarazo al diplomático y pérdida de tiempo le solicitó se ahorrara sus justificaciones.

Al parecer todo siguió igual, pero de junio a agosto de 1987 la televisión cubana incorporó una programación, jamás vista en ningún otro país. En varios capítulos fueron desclasificados agentes que denunciaban el trabajo de la CIA, contaban sus historias como dobles agentes y cada una de sus declaraciones eran acompañadas de decenas de horas de filmación secreta de cada uno de los oficiales de la inteligencia norteamericana, sorprendidos dejando equipos de comunicación en carreteras, en lugares apartados para ser utilizados por sus supuestos colaboradores.

Actuaron en ese original, pero verídico serial de espionaje, 89 oficiales de la CIA captados en plena faena, muchos permanentes y otros en tránsito en el país. Sus fotos fueron reproducidas a toda página por la prensa cubana con el historial de cada una de sus acciones secretas.

Ante las denuncias, el Departamento de Estado protestó, pidió seguridad para sus diplomáticos supuestamente calumniados e inundó el mundo con esa versión y limitó la repercusión de la denuncia cubana, gracias al control casi absoluto de los medios de difusión masiva y esperaron que fueran expulsados sus diplomáticos del país, como era usual en sus acciones contra el entonces campo socialista y la URSS, para acrecentar la campaña contra la Isla.

Pero la respuesta fue inesperada. El gobierno cubano anunció que como eran agentes desenmascarados ya eran inútiles y los oficiales de la CIA se podían quedar con las maletas hechas y sin trabajo. No fueron molestados y posiblemente tuvieron que ocupar su tiempo libre en elaborar largos informes explicativos de los fracasos que compartieron con el centro principal de la Agencia en EEUU, hasta que poco a poco fueron retirados de La Habana.

Ha pasado casi un cuarto de siglo de este capítulo de la guerra secreta de EEUU contra Cuba y en el entorno del Monte Barreto lo único que no ha cambiado en el paisaje son los amaneceres que con los primeros rayos del sol siguen iluminando el perfil de espuma blanca de la rompiente de los bajos arrecifes, para después difuminarse en tonalidades azules verdosas del mar con el avance de las primeras luces del alba,

La instalación de la contrainteligencia cubana hace años fue desmantelada y su edificio vive una segunda vida reformado y destinado a otros usos y solos los iniciados o los veteranos que la integraron y regresen al lugar pueden contemplar y recordar con nostalgia y orgullo aquellos convulsos años en que en tan pequeño espacio convivieron en armonía el amor y la guerra secreta en defensa de la patria.

Fuentes.

El asedio económico más prolongado de la Historia. Andrés Zaldívar Diéguez. Editorial Capitán San Luis La Habana, 2003.

Prensa de la época y archivo del autor

(Tomado del Blog  Cuba es surtidor)

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2 Comentarios

Rene dijo:

soy un joven de 23 años y reafirmo que la juventud cubana tenemos una gran conciencia revolucionaria y daremos el paso al frente si es preciso para salvaguardar las conquistas de la revolusion

25 enero 2012 | 08:39 pm
ukraine marks independence day on tuesday, august 24 . dijo:

En mi adolescencia me hice joven revolucionaria y me propuse leer algunos ensayos de pedagogÃ

14 febrero 2012 | 02:07 pm