Los abandonados

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Arthur González

En una reciente crónica escrita en el libelo “Diario de Cuba” por dos contrarrevolucionarios, se preguntan a dónde habían ido a parar sus condiscípulos al servicio de Estados Unidos, aquellos que un día del año 1997 firmaron un documento en contra su país, siguiendo orientaciones de los miembros de la mafia anticubana de Miami y de diplomáticos acreditados en la Misión estadounidense en La Habana.

El documento en cuestión lo titularon “La Patria es de todos”, firmado inicialmente por Vladimiro Roca, Martha Beatriz Roque Cabello, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcasés, con el cual Estados Unidos preparó una gran campaña de prensa contra Cuba, incluso fue presentado en el Congreso estadounidense por algunos Representantes anticubanos.

El panfleto se mantuvo en “cartelera” durante meses y elevó al estrellato a los “cuatro jinetes”, convirtiéndose en asiduos invitados a cócteles, recepciones y cenas ofrecidas por Michael Kosac, jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en la Isla.

Fue una época dorada para ellos, los dólares abundaban, unidos a muchos artículos de consumo personal que les permitió vivir a toda leche.

El documento al igual que otros, no obtuvo los resultados esperados en Cuba, porque la contrarrevolución es solo conocida en el mundo diplomático y de ahí su calificativo de “diplodisidentes”.

No obstante “los cuatro”, acostumbrados a los vaivenes de su oficio, aprovecharon al máximo la “fama”, afiliándose a cuanto “partido”, grupúsculo o denominación que se creara, con el objetivo de mantenerse abastecidos con altas sumas de dinero, sin tener que trabajar.

Por ese entonces, según el libro “Los disidentes”, escrito por los periodistas Luís Báez y Rosa Miriam Elizarde; Bornes Carcasés pertenecía al grupúsculo “Corriente Cívica Cubana”, Vladimiro Roca al “Partido Socialdemócrata de Cuba”, Martha Beatriz al “Instituto de Economistas Independientes” y Gómez Manzano a la “Unión Agramontista de Cuba”, organizaciones que nunca llegaron a tener más de una docena de miembros y en la casi totalidad de los casos se repetía en otros para cobrar varios salarios a la vez.

Han pasado los años, el proceso revolucionario venció múltiples obstáculos y se mantiene con apoyo mayoritario de la población, mientras la contrarrevolución decrece en número, a la vez que se incrementa su desprestigio.

Ha quedado al descubierto, tanto en Estados Unidos como en Cuba, el teatro bufo que preparó para una realizar una supuesta huelga de hambre, terminó en un amplio show humorístico expuesto en la TV, conocido como la “Huelga del Aguacate”, donde los diplomáticos norteamericanos y corresponsales de la prensa extrajera, fueron burlados por ella, al comprobarse que todo era una farsa, pues la alimentaba un vecino a través de la ventana con frutas y vegetales.

Vladimiro trabajó por poco tiempo en el desaparecido Comité Estatal de Colaboración Económica y abandonó su puesto laboral mucho antes de incorporarse a la contrarrevolución, incluso estando casado con una oficial del MININT, de la cual heredó la vivienda que ahora aseguran vendió.

Siempre fue un mantenido de su padre y no tenía necesidad de sudar la camisa; solo después que Blas Roca y su propia esposa fallecieron, es que decide incorporarse a la “disidencia” como una forma de vida, al quedarse sin un centavo.

¿Por qué Washington no les pasa una pensión, si todos trabajaron bajo sus órdenes durante más de 25 años?

Al parecer los ancianos contrarrevolucionarios sí se quedan desamparados una vez que no sirven para los propósitos de los norteamericanos. Ahora necesitan de jóvenes que puedan atraer a otros para lograr una sublevación al estilo de la Primavera Árabe, de ahí que reclutaran figuras nuevas como Yoani Sánchez, Antonio González-Rodiles y Eliécer Ávila. Los viejos ya no son útiles.

Sin embargo esos asalariados tienen en Cuba servicios de salud gratuitos. Martha Beatriz como diabética recibe medicamentos y atención medica como si fuese una comunista destacada, al igual que el resto de ellos.

Un ejemplo fue Héctor Maceda quien estuvo ingresado en terapia intensiva en varias oportunidades y logró sobrevivir en Cuba de su cirrosis hepática, sin pagar un solo centavo. Posteriormente viajó a España donde murió.

En cambio los ancianos del pueblo cubano no son abandonados a su suerte, el Estado les garantiza una cuota alimentaría a precios subsidiados, atención médica y otras actividades para su cuidado. Los que trabajaron cobran su pensión, quienes no la tienen y carecen de familiares reciben una por la Seguridad Social.

No es con aporte de los jóvenes “disidentes” con lo que debe conformarse un fondo salarial para los ancianos contrarrevolucionarios; la responsabilidad moral es de los patrocinadores del Norte, algo que debe servirle de ejemplo a los actuales “opositores”, para que aprendan cómo serán tratados cuando dejen de ser necesarios.

Al final como dice el proverbio popular: “Roma paga a los traidores pero los desprecia”; así son los yanquis.

Tomado del Blog El Heraldo Cubano

http://heraldocubano.wordpress.com/2014/11/07/los-abandonados/

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