Por Anisley Torres Santesteban

¿Qué pasa en Nicaragua? Si nos guiamos por la matriz informativa dominante, el paÃs ha entrado en una crisis polÃtica de grandes proporciones que transitó demasiado rápido de un descontento popular al derramamiento de sangre, imposible de cuantificar si queremos ser serios con los datos por la burda manipulación al respecto.
Ya superó el mes de protestas para nada pacÃficas y que se vuelven un tanto inexplicables a esta altura si partimos del hecho que el desencadenante desapareció.
Les recuerdo: Daniel Ortega, presidente del paÃs, propuso, pero canceló después, un paquete de reformas a leyes que cubren la seguridad social; dichas modificaciones contemplaban un aumento pequeño pero significativo al bolsillo promedio de los impuestos de los empleados al seguro social y a las pensiones por concepto de cobertura médica, básicamente.
Y esas medidas tenÃan como fin salvar de la quiebra a la institución estatal encargada de estas cuestiones en el campo de la protección ciudadana en la vejez o estadios de enfermedades.
Y claro que si a un ciudadano cualquiera le dicen que deberá incrementar sus gastos, en este mundo donde se vive a la orden del dÃa en el mejor de los casos si no se es un capitalista exitoso, es motivo suficiente para la inconformidad.
De ahà que este tipo de decisiones deba ser muy bien explicada a la gente que deberá sufrirla, para concienciarla de una necesidad de paÃs, sobre todo si ese mismo paÃs es de los que intenta equiparar el bienestar social al desarrollo económico.
Solo que si hay actores internos y externos que buscan poner traspiés a ese mismo gobierno decisor simplemente porque le es ideológicamente enemigo e interfiere en la lógica polÃtica que privilegia a la clase burguesa, será esta la excusa perfecta para echar más leña al fuego.
Es eso lo que ha sucedido y no es Nicaragua el primer laboratorio para poner tal iniciativa en práctica. ParecerÃa que es capricho de la izquierda culpar a las elites de poder de la derecha hemisférica de las inestabilidades domésticas. Pero serÃa ingenuo pensar que un mismo modus operandi se replique en determinados paÃses donde estas mismas élites, «coincidentemente», desconocen a esos gobiernos y que cual receta, la gente común salga a la calle, sin la aparentemente menor articulación a manifestarse «espontáneamente» al punto de querer la salida del presidente de turno.
Sucedió cuando las llamadas «primaveras árabes» y sucedió en Venezuela, como los ejemplos más fieles, pues se han repetido los hechos al pie de la letra de algún dictado bien escondido.
Y me pregunto: Temer y Macri hacen trizas las seguridad social en Brasil y Argentina respectivamente, los brasileños y argentinos desbordan las avenidas de sus paÃses tan o más indignados que cualquiera pero no se habla de crisis polÃtica de Estado si no de protestas puntuales.
En Nicaragua no ve la luz la reforma, y sin embargo, el mundo arrecia las crÃticas a Ortega y los nicaragüenses parecieran poseÃdos o adoctrinados por un ser superior que los instruye o más bien utiliza para sabotear un proyecto de revolución sin que haya que recurrir a los viejos métodos de intervenciones militares y golpes de estado…
Son tiempos en que las operaciones encubiertas con fines polÃticos rigen nuestras vidas.
Y ser presa de la manipulación es tan fácil como creer al detalle cualquier historia que pretende repetirse hasta parecer verdad.