Lo que no entienden nuestros enemigos

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Por Bernardo Guía Perdomo

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Ahora que hemos emprendido el largo camino para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Gobierno de EE. UU. y pareciera que todo el mundo se ha lanzado en un maratón para conocernos o tratar de conquistarnos, como si volviésemos a vivir en la época de los Reyes Católicos con sus almirantes, valdría la pena meditar qué es y qué ha significado la Revolución Cubana para los jóvenes.

Así, en no pocas ocasiones, escuchamos que algunos se refieren a ella como si fuera un objeto inanimado, una cuestión formal alejada de la realidad, plagada de imperfecciones y desajustes, incluso los más incrédulos en ocasiones no entienden cómo ha podido sobrevivir tantos años a las apetencias y seducciones imperialistas. Quienes así se manifiestan, desafortunadamente, no la han podido conocer, no la consideran lo suficiente o no la entienden en su real dimensión.

 Para los cubanos, nacidos después del 1ro de enero de 1959, es muy natural comprender que a todos —y esclarezco bien— a todos, sin distinción de raza, color, género o creencias religiosas nos ha sido entregado desde nuestro nacimiento como por obra y gracia de un ser divino que se llama Fidel y la Revolución Cubana, una infancia feliz con derechos de asistir gratuitamente a uno de los mejores sistemas de educación universal, al servicio de salud y una cobertura de vacunación que nos protege contra más de diez enfermedades prevenibles.

Hemos podido disfrutar del derecho a la práctica sana de deportes, visitar museos, sitios históricos, espectáculos culturales y deportivos, recrearnos en las vacaciones junto a nuestros padres y familiares, asistir a bibliotecas públicas, ferias del libro, tener un trabajo digno o pertenecer desde las primeras edades a, organizaciones estudiantiles, de masas y políticas como la Unión de Jóvenes Comunistas.

Y es que la Revolución Cubana bien ha interpretado el papel de la arcilla fundamental y su indiscutible naturaleza formadora de la obra, ella ha resistido y triunfado a pesar de las carencias y necesidades, de los embates y las agresiones, para asegurarnos la libertad plena de derecho y de vida, hermosos privilegios que disfrutamos tal y como nos enseñara el Maestro cuando sentenció: “Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

 Los que ignoran estas realidades, no pueden comprender el valor y el sacrificio demostrado por nuestros Cinco Héroes, o por qué cuando surgió un brote mortal en África, que amenazaba con arrasar al sufrido continente, cientos de médicos accedieron a ir a combatirlo a riesgo de sus propias vidas, o las tantas proezas laborales, estudiantiles, deportivas y científicas protagonizadas, que nos han merecido el respeto y el reconocimiento de hasta los más incrédulos del mundo.

La Revolución Cubana es una obra de infinito amor y nos cabe todo el derecho de defenderla. Una popular canción refiere “un cubano de verdad da la vida por su tierra”, así somos los jóvenes cubanos llenos de entrega, pasión, amor y patriotismo. Somos, hijos de Céspedes, de Martí, del Che y de Fidel y eso no lo entienden nuestros enemigos.

Revista Verde Olivo

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