Las razones por las que dije SI

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Por Jeniffer Rodríguez Martinto

Exponen biografías de candidatos a delegados a la Asamblea provincial del Poder Popular en Ciego de Ávila,  en diferentes áreas públicas como parte del proceso eleccionario en el país, el 31 de enero de 2018. ACN FOTO/ Osvaldo GUTIÉRREZ GÓMEZ/mvh

Foto: ACN

Desde que se oficializaron las candidaturas a las asambleas Nacional y provinciales del Poder Popular, no pocas personas se me han acercado para felicitar a esta joven de 26 años que tras las elecciones del 11 de marzo, puede integrar el órgano de gobierno de La Habana en representación del municipio de Boyeros.
Pero otras han cuestionado mi decisión de aceptar una responsabilidad que no entraña privilegios personales ni beneficios económicos, máxime cuando el tiempo y el salario de un periodista en la Cuba de hoy son muy limitados. Sin embargo, mi respuesta siempre ha sido la misma: hay cosas a las que no se puede decir no.
Quizás para algunos tal afirmación pudiera estar condicionada por el errante criterio de que, quien no acepta responsabilidades pone en entredicho su afiliación política; pero nada más alejado de la realidad.
En medio de un arduo proceso de actualización de su modelo económico y social, este año Cuba constituirá una renovada Asamblea Nacional y contará, por primera vez en más de medio siglo, con un presidente de los Consejos de Estado y de Ministros que no pertenece a la llamada generación histórica.
Esto, sin dudas, marcará un nuevo escenario para una población que desde el primero de enero de 1959 tuvo en la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro a su máximo líder, y en el General de Ejército Raúl Castro su mejor discípulo, como lo calificara el historiador de La Habana, doctor Eusebio Leal.
Ante esta coyuntura histórica, ¿cómo podría una joven revolucionaria renunciar a formar parte de un órgano del Poder Popular, que representa el poder soberano del pueblo?
El Período Especial marcó un antes y un después en la isla. Esos años se caracterizaron por la escasez de recursos que el Estado debió controlar y distribuir de manera racionalizada y centralizada, en aras de proteger a los ciudadanos. Tales circunstancias obstaculizaron diversos programas de desarrollo concebidos para bien del país y de su población.
No obstante el sentir revolucionario de los cubanos, la difícil coyuntura generó en las rendiciones de cuenta del delegado a sus electores una cifra nada despreciable de planteamientos, muchos de los cuales permanecieron sin solución debido a la situación económica, lo cual puso en juego la credibilidad en el sistema del Poder Popular.
Hoy, sin embargo, el escenario es otro. A pesar de las limitaciones económicas y financieras que aún enfrenta el país, se trabaja para dar respuesta a viejos problemas y dotar de mayor autonomía a los municipios.
Un ejemplo de ello lo constituye la utilización de la contribución territorial en función de potenciar el desarrollo local, siempre bajo la mirada atenta de las asambleas del Poder Popular como encargadas de cumplir y hacer cumplir lo establecido.
El reto resulta arduo, es mucho lo que tenemos que hacer, fundamentalmente las nuevas generaciones, para impulsar el proceso revolucionario cubano y contribuir a reforzar la confianza de los electores en sus representantes en las instancias de gobierno, elegidos precisamente por el voto popular.
Por eso cuando la Comisión Provincial de Candidaturas me preguntó si estaba dispuesta a ser nominada precandidata a delegada provincial no pude decir que no, porque como afirmara el Che “en la tierra hacen falta personas (y ahora más que nunca jóvenes) que trabajen más y critiquen menos, que construyan más y destruyan menos, que prometan menos y resuelvan más, que esperen recibir menos y dar más, que digan mejor ahora que mañana”.

ACN

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