Las batallas de Vilma

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imagesPor Dra. C. Isabel García Rodríguez

La mujer cubana ha tenido un rol protagónico en la historia del país, desde las acciones de la india Casiguaya, esposa del gran guerrero Guamá, la lucha libertaria de Carlota, la esclava negra que por su vigor y valentía forma parte del patrimonio cubano de rebeldía contra la opresión. En los treinta años de lucha armada contra el coloniaje español y por la independen­cia nacional que transcurrió desde 1868 a 1898, se registra la participación activa y efi­ciente de la mujer.

La ayuda que prestó a la causa mambisa fue extraordinaria, prueba de ello es que en cierta ocasión, un alto jefe militar español atribuyó la permanencia de los focos de guerra en los campos de Cuba, a la influencia ejercida por el patriotismo femenino; muchas mujeres se destacaron, pero en Mariana Grajales, se resumen los nobles sentimientos de amor a la libertad y a la patria.

La mujer se expresó frontal y valiente con sus ideales emancipadores representativos del poder opre­sor y, consecuentemente, ejercitó la práctica re­volucionaria, fundó clubes en el extranjero dedica­dos a dar ayuda en armas, municiones, ropa y medicina a los mambises, realizó gestiones cerca de personalidades internacionales tendientes a lograr apoyo a la causa de nuestra independen­cia; demandó de poderes públicos de países ex­tranjeros el reconocimiento de la República en Armas; se destacó como periodista y oradora del movimiento revolucionario y rechazó en épo­ca de ilusiones y confusiones, la idea de anexar Cuba a Estados Unidos, consciente del significado de tal paso.

También hizo de su hogar centro conspirativo y depósito de material de guerra, tomó parte en los preparativos de nuevas contiendas; siguió al esposo a la manigua, donde se consagró al cui­dado de los combatientes heridos; resistió toda suerte de penalidades y vio morir a sus pequeños hijos víctimas del hambre y el frío; se in­corporó al Ejército Libertador como soldado, den­tro del cual realizó importantes misiones, desem­peñó cargos de responsabilidad y libró numerosos combates. Mujeres como Adela Azcuy, Isabel Rubio, Bernarda Toro, María Cabrales, Adriana del Castillo y Emilia Casanova,  son muestra del patriotismo masivo con que actuó la mujer cubana en el primer proceso de luchas de nuestro pueblo por su liberación nacional.

La intromisión armada del Go­bierno de Estados Unidos en la Guerra de 1895, hizo de Cuba una neocolonia yan­qui; el saqueo de nuestras riquezas nacionales y la servidumbre política a una potencia extran­jera, agravaron intensamente los males del régimen capitalista existente.

La constitución del Partido Comunista de Cuba, como vanguardia consciente y organizada de la clase obrera, que tomó los fundamentos del Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí en 1895, dio principio a una fase trascendental de la historia política y del movimiento obrero cubano a partir de agosto de 1925, ya había ocu­pado el poder la dictadura machadista impuesta por el imperialismo yanqui, con el propósito de frustrar el movimiento revolucionario en ascen­so; a la crisis económica y social se añadió una grave crisis política, que fue incrementando la participación de las masas en la lucha por derro­car el gobierno títere impuesto.

La incorporación de la mujer a esa gran bata­lla de los años treinta por el logro de los dere­chos democráticos, por la liberación nacional del yugo imperialista yanqui, por la emancipación social de los trabajadores del régi­men capitalista y por el socialismo, se ejempli­fican en la historia conmovedora de la adolescente de 16 años América Lavadí Arce, valiente luchadora del movimiento comunista, asesinada en Santiago de Cuba por un sicario de Machado, cuyo ejemplo demuestra el alto desarrollo político y la profunda conciencia de clase que ya había co­menzado a tener la mujer cubana en una época en que vivía acosada por repudiables prejuicios.

La causa popular no pudo triunfar en 1933, el derrocamiento del contradictorio go­bierno de Grau, inició una etapa de reacción hasta 1938, a la que siguió otra de democratiza­ción de la vida nacional en el marco de la lucha mundial contra el fascismo, y finalmente en 1947, como parte de la política de guerra fría del imperialismo contra la Unión Soviética y el comunismo, comenzó la gran ofensiva reacciona­ria que culminó con el golpe de Estado de marzo de 1952. La total proscripción de las libertades democráticas y la implantación del terror, le­vantaron el movimiento revolucionario que el 26 julio de 1953, bajo la dirección de nuestro líder histórico, comandante Fidel Castro, comenzó a es­cribir la historia de la Revolución Socialista de Cuba.

A la génesis y al desarrollo de esa historia se hayan íntimamente vinculadas mujeres como: Urselia Díaz, Aleida Fernández Chardiet, Lourdes y Cristina Giral, Clodomira Acosta, Lydia Doce, Fe del Valle, María Rosa Martínez, América Domitro, Celia Sánchez, Haydee Santamaría y Vilma Espín que por los aportes que ha venido haciendo a través de todos los tiempos a la causa de la liberación y al pro­greso material y social de nuestro pueblo, han sido forja­doras de su propia emancipación.

Un día como hoy 7 de abril en homenaje a esa tradición de lucha de las mujeres cubanas, recordar a Vilma en su 86 cumpleaños es concentrar toda la herencia histórica que dejaron estas mujeres que al expresar José Martí, en versos:

“Las campañas de los pueblos sólo son débiles,

cuando en ellas no se alista él corazón de la mujer;

pero cuando la mujer,

tímida y quieta de su natural,

anima y aplaude,

cuando lo mujer culta y virtuosa

unge la obra con la miel de su cariño

la obra es invencible”.

Vilma Espín, es de esas mujeres que describe Martí, la que materializó sus anhelos de participar en las luchas heroicas como la guerra por la independencia, hasta derrocar el tirano Batista y lograr ir materializando el proyecto del Moncada. Fue de esas mujeres que increpó a los soldados batistianos en la universidad de Santiago de Cuba, cuando el golpe de estado de 1952. Fue quien se entrevistó con Fidel en México antes del desembarco del yate Granma; quien logró salvar el armamento empleado durante el alzamiento del 30 de noviembre, miembro de la dirección del movimiento clandestino, guerrillera que cumplió importantes misiones en el II Frente Oriental Frank País. Quien con el triunfo revolucionario de 1959 enfrentó los prejuicios en el ámbito nacional e internacional en la batalla a favor de la mujer y los derechos de la infancia, pudiendo constatar logros significativos de los que disfrutamos las mujeres cubanas de hoy.

Tuve una oportunidad, que agradeceré siempre, de intercambiar con ella en VIII Seminario Internacional de Atención Primaria de Salud en junio del 2002, fueron unos minutos, pero me dejó la huella inolvidable de una mujer sencilla, sensible, inteligente y culta que en su conferencia magistral, en apretada síntesis, significó la importante labor de las mujeres del sector de la salud en el cumplimiento de sus misiones médicas en el exterior, esas heroínas anónimas, forjadas en la tradición de lucha, que con desinterés y entrega salvan vidas a diario.

Gracias Vilma por el ejemplo de mambisa del siglo XXI, fragua del honor y la valentía de las mujeres que lucharon junto a los hombres por conquistar una sociedad más justa, gracias a sus batallas se construyeron los cimientos para las batallas de hoy, lejos del lujo y las banalidades, centradas en la ética, el amor, la dignidad, la emancipación, la justicia y la igualdad, sus inconmovibles principios morales. Patriotismo y convicciones revolucionarias la convirtieron en una de las protagonistas imprescindibles en la forja de la nueva sociedad; imposible olvidar, porque ese sustento es lo que ha hecho que Cuba se erija como bastión moral ante el mundo. El homenaje perenne es mantener viva nuestra historia, que se construye cada día con lo que se realice en bien de los demás y lo que se aporte en la construcción del socialismo próspero que queremos.

La historia es más que elocuente, muestra el camino a seguir, las batallas de Vilma continúan.