La turbia mirada del anexionismo sobre #Cuba

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Por Narciso Amador Fernández Ramírez

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Siempre con el bloqueo y la ocupación ilegal de la Base Naval de Guantánamo invariables, ésta última resulta el dinosaurio sobreviviente de la Enmienda Platt.

El 2 de marzo de 1901, la Cámara de los Estados Unidos aprobaba la Ley Platt y, un día más tarde, la firmaba el presidente norteamericano William McKinley.

Era el cerrojo necesario para imponerle a Cuba las gruesas cadenas del protectorado y la consumación de las apetencias imperiales sobre la Isla que databan desde antes de dar a conocer la teoría de la “Fruta Madura” y la clásica Doctrina Monroe, ambas en 1823, cuando apenas comenzaba el siglo XIX.

Los patriotas cubanos intentaron soslayar la imposición de la Ley Platt, pero al final cedieron y como Enmienda a la Constitución de 1901 fue aprobada por 16 votos contra 11. Al decir de Juan Gualberto Gómez, uno de sus grandes opositores, fue como darle la llave de la casa al vecino para que entrara y saliera de ella cuando lo desease.

Nacería una República con su independencia lastrada. Una República bastarda que duraría 56 años. Al respecto, la historiadora norteamericana Irene Wright afirmó con justeza: “Esta República no es un producto cubano; no ha sido modelada por ellos, ni siquiera la han influido. Es, por el contrario, una manufactura totalmente americana”.

Con dolor de Patria conculcada, los cubanos de entonces vieron rodar por tierra los sueños libertarios de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, del Titán de Bronce Antonio Maceo, del Generalísimo Máximo Gómez, del Apóstol Martí. Hombres ilustres que supieron ver el peligro que para la independencia de la Isla representaba el Gobierno de los Estados Unidos.

Céspedes, en carta a Charles Sumner, en 1871, lo dejó claro al expresar: “A la imparcial historia tocará juzgar si el gobierno de esa República ha estado a la altura de su pueblo y de la misión que representa en América; no ya permaneciendo simple espectador indiferente (…) sino prestando apoyo indirecto moral y material al opresor contra el oprimido, al fuerte contra el débil, a la Monarquía contra la República, a la Metrópoli europea contra la Colonia Americana, al esclavista recalcitrante contra el libertador de cientos de miles de esclavos”.

El Titán Maceo fue aún más diáfano cuando en carta al coronel Federico Pérez Carbó, fechada el 14 de julio de 1896, afirmó: “De España jamás esperé nada: siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. (…) Tampoco espero nada de los americanos, todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer, sin su ayuda, que contraer deudas de gratitud con el vecino tan poderoso”.

En tanto Gómez, calibró también a los americanos al decir que estaban cobrando demasiado caro con la ocupación militar del país, su espontánea intervención en la guerra: “Nadie se explica la ocupación…”, escribió el Generalísimo

Y qué decir de Martí, el pensador más profundo y radical de Cuba y la América Latina de su tiempo. El hombre que murió en combate por el bien mayor del hombre, sin poder evitar que los Estados Unidos cayesen “con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”.

Después de 1959, el reconocido diferendo histórico, o conflicto, como le llaman algunos historiadores, entró en sus momentos más álgidos con la clásica lucha del David rebelde e irredento contra el Goliat avasallador y prepotente.

Indistintamente, en estos cerca de 60 años se ha pasado del garrote de la “guerra fría” a la zanahoria del deshielo. Para de nuevo, en vuelta a la noria de la historia, volver a retornar a la política de la imposición y la fuerza.

Siempre con el bloqueo y la ocupación ilegal del territorio de la Base Naval de Guantánamo invariables. Hoy, la Base resulta el dinosaurio sobreviviente de la Enmienda Platt, que en su artículo VII obligaba al gobierno cubano a cederle porciones de terreno insular para establecer en ellas bases navales o carboneras.

Con Donald Trump se regresa a los tiempos del Gran Garrote y el neoanexionismo es menos solapado que el de la anterior administración Obama, en que fuera más aterciopelado, sin dejar de lado sus pretensiones hegemónicas.

Con la creación ahora de la llamada Fuerza de tarea de Internet no se pretende otra cosa que subvertir la Revolución, destruirla, enmascarando el objetivo desestabilizador, con un engañoso llamado al “libre flujo de la información en Cuba”.

No es la primera vez que eso sucede, recordar la Operación Zunzuneo, ni tampoco será la última. Son las mismas aspiraciones anexionistas de antaño, que ven en los quintacolumnistas y neoplatistas de adentro el caldo de cultivo propicio para ello.

Contra eso existen muchos antídotos, y sí somos una potencia médica mundial, también somos potencia en eso de destruir los planes enemigos. La reciente decisión de crear una institución destinada a la preservación del patrimonio documental, el estudio y la divulgación del pensamiento y obra del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz será, sin duda, uno de los más eficaces en el futuro.

Fidel, el invicto Comandante que sobrevivió a más de 600 intentos de asesinarle, sabía desde los tiempos de la lucha en la Sierra Maestra que su destino futuro sería enfrentar al Imperialismo y sus ansias de dominio sobre la Isla, pues, discípulo eminente de José Martí, le conocía las entrañas al monstruo.

Por eso, en carta a Celia Sánchez, al ver los bombardeos a familias campesinas, le escribió: “Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.

Cubahora

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