La solidaridad médica de Cuba no se discute

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Por Manuel E. Yepe

El bloqueo informativo global sobre Cuba que durante más de 60 años ha impuesto el gobierno de Estados Unidos como parte del asedio genocida (eufemísticamente calificado de “embargo”) a que ha sometido a la isla desde que ésta logró su independencia real del sistema neocolonialista de Washington en 1959, ha silenciado sistemáticamente toda noticia, comentario, estadística o prueba que confirmara los grandes progresos de la Isla en materia de sanidad, educación, nutrición o desarrollo humano.

¡Nadie se atrevía a desmentirlos!

Sin embargo, ha sido excepción de esa regla el hecho de que en el diario español El País, con el sugerente título de “¿Cómo consigue Cuba índices de sanidad comparables a los de un país rico?” apareció un reportaje que, aunque aparentaba anticipar reconocimiento del exitoso sistema de salud cubano, tenía como objetivo justamente lo contrario: desacreditarlo.

El texto reconocía que “el sistema médico cubano está situado a la vanguardia de América y muy por encima de la media mundial; que la inversión en salud, en relación al PIB, supera al de Estados Unidos o Alemania; o que la Isla ha sido “el primer país en eliminar la transmisión materno-infantil del VIH”.

Sin embargo, lo relevante para El País no es cómo ha podido conseguir esto un país bloqueado del Tercer Mundo, sino las supuestas “sombras” de su sistema de salud, que describía como “división del sistema en dos: uno (…) para los cubanos y otro para los extranjeros”, con “clínicas exclusivas para turistas, gobernantes o altos mandatarios”, “mientras desatiende (…) al cubano de a pie”.

Reducía así todo un sistema integrado por 12.000 consultorios, policlínicos, hospitales y otros centros a una estampa grotesca, para magnificar la existencia de unas pocas clínicas internacionales, también propiedad del Estado cubano, que lejos de enriquecer a nadie, destinan sus ingresos a financiar –precisamente- el sistema público gratuito nacional.

El periodista José Manzaneda, coordinador de la Asociación vasco cubana Euscadi-Cuba, en su sitio Cubainformación, pregunta al respecto: “Hay algo que no cuadra: ¿cómo un sistema de salud con “instalaciones en ruinas” –tal como se lee en el reportaje- logra “unos indicadores sanitarios elogiados por la directora de la Organización Mundial de la Salud”, quien estimó en días pasados que el sistema de salud cubano es ejemplo a seguir en el mundo.

Esta contradicción informativa tiene fácil explicación: la fuente que informaba de las supuestas “sombras” del sistema cubano es una organización no gubernamental (ONG) llamada “Solidaridad sin Fronteras”, cuyo director era identificado en el texto como un indefenso “médico cubano exiliado en Miami”.

Explica Manzaneda que el diario El País no revela que esa supuesta ONG desde 2006 ha trabajado directamente con el State Department de Estados Unidos en el llamado “Cuban Medical Professional Parole” (CMPP), programa eliminado en sus últimos días de mandato por Barack Obama cuyo objetivo era destruir la cooperación médica cubana en el mundo, mediante ofrecimiento de asilo político a todo cooperante sanitario cubano que lo solicitara. Pero este escándalo moral era presentado en el reportaje como un inocente “programa de visado especial para asistir a trabajadores (cubanos) de la salud”.

En su web, “Solidaridad sin Fronteras” afirma que trabaja con los congresistas “cubano–americanos” Mario Díaz-Ballart, Ileana Ros-Lethinen y Carlos Curbelo y el senador Marco Rubio (…) para el pronto restablecimiento del CMPP con la nueva administración del presidente Donald Trump”.

La solidaridad médica de Cuba, una de cuyas experiencias, la Brigada “Henry Reeve”, que recibió en enero el Premio de Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se califica en el reportaje como “una lucrativa herramienta diplomática y un gran negocio para el Estado cubano.

Manzaneda recuerda que, de los 66 países en los que está presente la solidaridad médica cubana, en los 40 más pobres Cuba asume todos los gastos y en los 26 restantes, se comparten con el país receptor. En unos pocos con recursos, como Sudáfrica o Qatar, éstos abonan los servicios. “En cualquier caso, dichos ingresos no benefician a ningún magnate sanitario, sino que sirven para financiar el sistema de salud gratuito de la Isla”.

El País sostiene, además, que “es tan grande el negocio (de la cooperación médica) que ha dejado a los hospitales y policlínicas de la Isla bajo mínimos de personal”.

Es incuestionable que tener 50.000 profesionales sanitarios en el exterior, la mitad médicos, impacta en el sistema nacional, pero los cubanos, que disfrutan de una elevada cifra de médicos por cada mil habitantes (5,4) como resultado de su revolucionario desarrollo social, se enorgullecen de “compartir lo que tienen, no lo que les sobra”, como principio de la verdadera solidaridad.

Rebelion

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