La Rosa Blanca y los narcos colombianos

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Por José Luis Méndez Méndez

El 3 de enero de 2011, el converso y mimético político republicano norteamericano de origen cubano Lincoln Rafael Díaz-Balart Caballero, dejó su escaño en el Congreso de Estados Unidos a donde había llegado dieciocho años antes, como representante por el estado de la Florida. Algunos suspicaces conocedores del medio político de los norteamericanos de origen cubano se preguntaron, cómo era posible que con la obsesión y el descomunal afán de protagonismo de este congresista federal, haya renunciado a ese asiento.

Político de ética flexible, dice haber recibido una iluminación celestial en abril de 1985, que le indicaba cambiar de casaca partidista. Proviene de una familia que ha utilizado la política para escalar posiciones económicas por más de ochenta años, primero en la Cuba natal y después en Estados Unidos, afiliados todos al Partido Demócrata hasta el 24 de ese mes cuando Lincoln, su esposa Cristina Fernández y su hermano Mario dijeron adiós a los elefantes demócratas, y más por oportunismo que por convicción, se pasaron a los burros republicanos.

Lincoln Rafael no era un simple militante de filas, ocupaba relevantes cargos dentro del Partido Demócrata en la Florida, había sido líder de los jóvenes demócratas en el condado Dade y después, de todo el Estado. También habido sido elegido miembro del selecto Comité Ejecutivo de ese partido en el Condado, era entonces una estrella rutilante en ascenso, pero en 1982 se postuló como demócrata para ocupar un escaño en la Cámara de Representantes del Estado por el Distrito 113 y en las elecciones perdió frente al republicano Humberto Cortina. Ese fracaso en la carpa demócrata lo inspiró a dejar a sus correligionarios y pasarse a la competencia  partidista. Le fue bien como republicano, entre 1986 y 1989 estuvo en la Cámara de Representantes estadual y después fue senador al mismo nivel hasta 1992.

Durante sus años como congresista, fue controvertido, hizo las mismas triquiñuelas de otros políticos para evadir los controles de las contribuciones a sus campañas electorales. Mañoso de cuna y fullero de formación, no evitó relaciones de alto riesgo como coquetear con figuras relacionadas con el narcotráfico en Colombia.

Las andanzas mafiosas de Rafael Lincoln Díaz-Balart y su hijo Lincoln, en Colombia, han trascendido durante años a la prensa en  artículos que denunciaron cómo ese binomio familiar intercedió en 1984 para evitar la deportación a Estados Unidos desde España del Jefe del Cártel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela, entonces detenido en ese país y reclamado por la justicia norteamericana, quien corría el riesgo de ser deportado a los Estados Unidos, para ser juzgado.

Al padre de Lincoln le quedaban accesos a figuras políticas de derecha en España desde sus andanzas por ese país, más la presencia allí de su hermano Waldo, convertido en afamado pintor. A punto de travestirse de demócrata en republicano, a Lincoln Rafael le sobraban los contactos políticos para apoyar una gestión de ese tipo y su padre no vaciló en acudir a él. Era un problema de familia.

Se asegura que en este escenario sirvió de mediador un personaje controversial de la farándula política cubana antes del triunfo de la Revolución, el político, periodista y comentarista radial José Pardo Llada, quien a principios de 1958 lideraba un jocoso partido político de oposición denominado Partido Nacionalista Revolucionario o “partido del meneíto”, como el pueblo lo llamaba.

Algunos años después fue un decidido defensor de la Revolución, crítico de la política hostil de Estados Unidos contra Cuba, finalmente optó por salir del país al comenzar a tener contradicciones con el carácter radical del proceso socialista cubano en desarrollo. El 11 de julio de 1960 fue víctima de un atentado personal en la esquina de las calles L y 19 en el Vedado, acto criminal que se adjudicó una denominada organización contrarrevolucionaria llamada Resistencia Agramonte, resultó ileso, pero uno de sus acompañantes fue herido de bala, dos de sus autores fueron detenidos.

Pocos años después Pardo Llada se estableció en Cali, Colombia, se naturalizó y llegó a ser senador en ese país, además de embajador colombiano en Noruega y República Dominicana. Falleció el 7 de agosto de 2010 a los 86 años de edad.

Durante el mandato como senador por Cali, tuvo lugar la muerte del capo narcotraficante Pablo Escobar Gaviria y la desaparición del Cartel de Medellín. Para ese entonces, los hermanos Rodríguez Orejuela controlaban todo el narcotráfico de Colombia. Gilberto uno de los ellos es arrestado en Madrid, entonces su  hermano Miguel, le pide a su senador de Cali, que medie para sacar a su hermano de España. Pardo Llada, se comunica, con su amigo de la infancia Rafael Díaz-Balart Gutiérrez, para que medie en esta gestión. Podía disponer de los recursos que necesitara.

En la operación puesta en marcha con varios millones de narcodólares, se crea una corporación en Puerto Rico destinada a “blanquear” el movimiento del efectivo. Para ello entra en el ruedo el Congresista Federal Lincoln Díaz-Balart. Las secuelas colaterales de esta conjura tienen relación directa en años recientes con el anuncio de la salida del político republicano a mediados del año 2010, al quedar evidenciado el nexo de Rafael Díaz-Balart con los hermanos del narcotraficante colombiano. Hizo gestiones con la extrema derecha española a fin de lograr sus propósitos.

En la saga del negocio de la familia, Lincoln realizó una visita oficial a Colombia, con vistas a ser condecorado a propuesta del senador Germán Vargas Lleras, presidente del Congreso colombiano, y luego poder entrevistarse con el presidente Álvaro Uribe y el ministro de Defensa Jorge Alberto Uribe. El bochornoso hecho ocurrió el 13 de abril de 2004. El Congreso de la República y quienes invitaron y recibieron al legislador republicano deben responder al país por otras delicadas y peligrosas iniciativas propuestas por el señor Díaz-Balart, quien como mensajero de la administración George W. Bush fue a Colombia a promover a través de un sector del Senado, para que se solicitara a la OEA aplicar la “Carta Democrática” al gobierno legítimo y democrático de la República Bolivariana de Venezuela, objetivo cumplido a pie juntillas por un minoritario grupo de senadores encabezados por Enrique Gómez Hurtado.

La conspiración fue más que evidente, con la iniciativa del senado colombiano se creó el precedente y se conoce que la idea era llevarla a la reunión del Parlamento Latinoamericano que se celebraría a fines de abril en Santiago de Chile, todo con el objetivo de buscar que otros parlamentos de la región se sumaran y presionaran a sus gobiernos en la OEA para buscar el aislamiento del gobierno del Presidente Hugo Chávez y así propiciar una intervención militar en Venezuela de carácter multilateral invocando la llamada “Carta Democrática”.

Dirigentes sociales y políticos de oposición al gobierno de Álvaro Uribe, en Colombia, denunciaron supuestos planes del mandatario para atacar Venezuela. En una declaración, afirmaron que la condecoración del congresista estadounidense, Lincoln Díaz-Balart, fue parte de una campaña para provocar la guerra entre los países vecinos.

Díaz-Balart fue uno de los promotores de una intervención militar para derrocar al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. Este gesto “conforma una estrategia que no obedece a los intereses del pueblo colombiano, sino a la estrategia de Estados Unidos que busca crear conflictos y guerras entre pueblos hermanos para sacar provecho en los intereses petroleros y geopolíticos”.

Entre los firmantes de la declaración se encontraban Gustavo Petro, representante de la Cámara por el Polo Democrático Independiente; Hernando Cardona, del Comité de Apoyo y Solidaridad con el Proceso Bolivariano; Luis Fernando Escobar, de Planeta Paz; y Ernesto Amezquita, de la Asociación Colombo-Venezolana por la Paz.

Las conexiones de los Díaz Balart en Colombia se hicieron mucho más claras cuando la mafia de origen cubano a través de los representantes federales Lincoln Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen, exigieron a George W. Bush, reinstalar en el cargo de Sub-Secretario para América Latina a Otto Juan Reich y si no era posible, destinarlo a otro de mayor nivel e importancia. Para ello alegaron el “magnífico trabajo” que este “guerrero de la democracia” había desarrollado con su “experiencia, eficacia y lealtad” en su política contraria a Fidel Castro y la influencia positiva para Estados Unidos ejercida sobre el presidente de Colombia Álvaro Uribe.

Estos son pasajes del ahora “líder” de los rosablanqueros, que además de malandrín político, ha cometido más de un delito, que lo equipara a los delincuentes comunes que pululan en el medio floridano de la contrarrevolución cubana.

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1 Comentario

Zimbabue dijo:

hola acabo de enterarme de tu pagina y la verdad es que me parece super bueno no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote abitualmente.

5 junio 2012 | 05:39 am