La parcializada Corte Suprema de la oligarquía norteamericana

Lea más de: ,

Por Miguel Angel García Alzugaray

Corte-Suprema-de-Estados-Unidos

Prestigiosas universidades concluyen algo que era evidente para cualquier persona con el más mínimo pensamiento crítico: Estados Unidos no es una democracia sino una oligarquía, pues el gobierno representa los intereses de una élite adinerada y no del pueblo.

El estudio realizado por investigadores de Princeton y Northwestern analizó extensivamente información de políticas públicas aprobadas desde 1981 para determinar el estado del sistema estadounidense. Estas leyes implementadas fueron comparadas con las preferencias de los estadounidenses promedio, las preferencias de los más ricos y las preferencias u opiniones de grupos con intereses especiales. Los resultados muestran que la política estadounidense sirve los intereses del grupo afluente o de la élite económica que despliega una poderosa influencia a través del cabildeo, lo cual sugiere que la democracia es una gran farsa, una representación teatral para que el pueblo no reclame el poder y se mantenga relativamente cómodo, y ciertamente inofensivo, observando en la televisión, el espectáculo entre republicanos y demócratas.

Los investigadores concluyen que: “El punto central que emerge de nuestra investigación es que las élites económicas y los grupos organizados que representan los intereses de las corporaciones tienen un sustancial impacto independiente en la política del gobierno de Estados Unidos, mientras que los grupos masivos y los ciudadanos promedio tienen poca o nula influencia independiente”. Aún cuando estos grupos manifiestan su desacuerdo con la política pública, rara vez ven reflejados sus intereses en cambios puntuales. Otro estudio reciente muestra cómo las protestas y las manifestaciones públicas tienen también poca o nula efectividad para lograr los cambios de la política pública.

Este axioma, también es válido para la Corte Suprema de los Estados Unidos, el máximo órgano judicial, que con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha dado un giro definitivo hacia las posiciones más reaccionarias y ultraconservadoras de la minoría oligárquica.

Así, según informa EFE, el Tribunal Supremo de Estados Unidos acaba de conceder una victoria a los más fervientes seguidores del presidente Donald Trump, al fallar a favor de su tercer veto migratorio, especialmente contra países de mayoría musulmana, lo que puede servir de impulso a su retórica antiinmigración.

La decisión de la sala en la penúltima sesión del curso era probablemente la más esperada en el Tribunal Supremo por las implicaciones que pueda tener a la hora de servir como aval a las políticas del mandatario que abandera consignas antinmigrantes.

El propio Trump no dudó en expresar su entusiasmo por la sentencia mediante su canal habitual, Twitter, en el que citó el posicionamiento de la sala con un breve pero significativo “¡guau!”.

Posteriormente, a través de un comunicado formal, el presidente calificó de “victoria tremenda” el fallo y volvió a apelar a la seguridad nacional contra el terrorismo.

En concreto, se trata de la tercera prohibición de este tipo promulgada por el mandatario desde que llegó a la Casa Blanca en enero de 2017 y que afecta a Libia, Irán, Somalia, Siria y el Yemen -de predominio musulmán- e impone algunas restricciones a venezolanos y norcoreanos desde el pasado septiembre.

Precisamente, la introducción de dos países que no albergan una mayoría musulmana supuso un duro golpe a la argumentación de los demandantes, liderados por Hawái, que habían denunciado las declaraciones del magnate sobre la necesidad de implementar un veto contra los musulmanes y el hecho de que se discrimine con base en la religión.

Desde la organización American United, que forma parte del grupo que demandó inicialmente la iniciativa de Trump, se quejaron porque la decisión “reniega de uno de los valores fundacionales” de EE.UU.: “El Gobierno nunca puede apuntar a la religión de alguien para discriminarle.”

Por su parte, el fiscal general, Jeff Sessions, aseguró que el fallo es “fundamental” para garantizar la “continua autoridad del presidente Trump, y de todos los presidentes por venir, para proteger a los estadounidenses.”

El máximo responsable de Justicia se refería a las palabras de la sentencia acerca de la capacidad del poder ejecutivo para ejercer estas medidas. La sentencia, redactada por el juez John Roberts, fue respaldada por la mayoría conservadora del tribunal y salió adelante por cinco votos a favor y cuatro en contra.

El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, criticó el posicionamiento de la sala: “El veto migratorio del presidente no nos hace estar más seguros y la sentencia del Tribunal Supremo no hace que sea bueno“, dijo.

Antes de este veto, el presidente había impulsado otras dos prohibiciones de viaje.

Tras varios reveses judiciales, ese veto pudo entrar en vigor gracias al Tribunal Supremo, que permitió al Gobierno restringir el ingreso de aquellos que no tenían familia cercana en EE.UU. Las restricciones eran temporales y cuando expiraron, en septiembre de 2017, Trump proclamó su tercer veto, que incluyó por primera vez a dos Estados sin mayoría musulmana, Corea del Norte y Venezuela, en los que las restricciones solo afectaron a algunos funcionarios y su “familia inmediata.”

El Supremo permitió en diciembre su aplicación de manera temporal.

La Corte Suprema

La Corte se compone de un presidente (Chief Justice) y ocho jueces asociados (Associate Justices), que son nombrados por el presidente de los Estados Unidos y confirmados mediante el «consejo y consentimiento» del Senado de los Estados Unidos.

Los jueces nombrados del tribunal sirven de por vida y sólo pueden ser destituidos por el Congreso mediante un proceso de impugnación (impeachment). Hasta el momento ningún juez ha sido removido de su cargo, aunque muchos se han retirado o renunciado.

La Corte Suprema es la única corte establecida por la Constitución de los Estados Unidos. Todos los demás tribunales han sido creados por el Congreso. La Corte posee la facultad de revisión judicial y la facultad de declarar como inconstitucionales leyes federales o estatales y actos de los poderes ejecutivos federal y estatales. Sus decisiones no pueden ser apeladas.

Jueces venales impuestos por Trump

La balanza del Tribunal Supremo de Estados Unidos se volvió a inclinar hacia la derecha cuando el juez Neil Gorsuch, designado por el presidente Donald Trump para ocupar la plaza que quedaba vacante desde la muerte hace más de un año de Antonín Scalia, juró el cargo de forma vitalicia, zanjando uno de los procesos de confirmación más controvertidos que se recuerdan.

Católico fundamentalista y de 49 años, formado en Harvard como cinco de los nueve magistrados del tribunal, había ejercido hasta ahora en el tribunal de apelaciones de Denver. Gorsuch forma parte de la corriente fascistoide ‘originalista’, como se describe a los jueces partidarios de interpretar la Constitución con la misma intención que supuestamente mostraron sus redactores hace más de 200 años.

La llegada de Gorsuch al Supremo supone una importante victoria política para Trump, que prometió durante la campaña designar a un juez con amplias credenciales conservadoras para inclinar nuevamente hacia la derecha la balanza del tribunal, que desde la repentina muerte de Scalia contaba con cuatro jueces progresistas y cuatro conservadores. Durante la ceremonia de investidura en la Casa Blanca, el presidente presumió de haber cumplido con su palabra ante sus electores en menos de 100 días y describió a Gorsuch como un juez de “gran integridad, incomparable preparación y enorme fidelidad a la Constitución y los “principios originales norteamericanos”, dando a entender así que eran los valores de los supremacistas blancos que integran la mayoría de sus votantes.

Un magistrado Designado por amiguismo y tráfico de influencias

A principios de su carrera, Gorsuch trabajó como secretario para el juez Anthony Kennedy, actual presidente del Supremo, del que era su mano derecha, por lo que se ha convertido en el primer magistrado de la historia en recibir juramento de su antiguo mentor en la máxima institución judicial del país. De esta forma, se cierra una de las mayores batallas políticas que ha vivido el país a costa de la administración de justicia. Esa pelea comenzó poco después de la muerte de Scalia hace 14 meses, cuando los republicanos utilizaron su mayoría en el Congreso para impedir que Barack Obama pudiera designar al juez Merrick Garland.

Los demócratas se vengaron políticamente al utilizar sus votos en el Senado para bloquear la confirmación de Gorsuch, pero en lugar de buscar un candidato alternativo de consenso, los ultraconservadores, optaron por cambiar las reglas de la Cámara alta para aprobar la designación de Gorsuch por mayoría simple, una decisión que contribuirá en el futuro a radicalizar el tribunal, ya que dará al partido que controle el Senado la posibilidad de escoger jueces políticamente afines a su causa.

Se sabe que esta variante fue impulsada por los lobbys que representan a las grandes fortunas oligárquicas en el Senado. Con Gorsuch, son cinco los jueces conservadores fundamentalistas del Supremo; los otros tres son judíos.

Las pocas decisiones emitidas hasta ahora y los alegatos orales pendientes en casos aún por juzgar sugieren que los cinco conservadores en el grupo de nueve miembros pueden estar listos para ejercer su poder de mayoría representativa de los intereses de la oligarquía fascista. Liderados por el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, y acompañados por el juez designado por el presidente Donald Trump, Neil Gorsuch, los cinco ya se han impuesto ideológicamente en los casos de derechos civiles de presos y de inmigrantes bajo custodia.

Las demoras históricas en la emisión de decisiones y los ataques entre los jueces de este tribunal también apuntan a la falta de armonía, en un momento en que la Corte Suprema podría tener un rol más importante en la vida estadounidense.

Durante los alegatos públicos, los nueve miembros se han mostrado muy divididos en casos sobre distritos electorales políticamente manipulados. Más allá de los casos que ya están sujetos a alegatos orales, los jueces han estado discutiendo durante tres meses sobre cómo responder a la solicitud del gobierno de Donald Trump de disolver una decisión judicial inferior que despejó el camino para que una adolescente embarazada centroamericana que ingresó en Estados Unidos irregularmente pueda acceder a un aborto. Los abogados del gobierno de Trump pidieron a los jueces que sancionen a los abogados de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, quienes defendían a la joven, por ayudarla a garantizar el aborto antes de que ellos apelaran la decisión del tribunal inferior.

Esta era la discordia que se cocinaba a fuego lento mientras los jueces se preparaban para escuchar otro caso sobre distritos electorales políticamente manipulados, sobre la prohibición emitida por Donald Trump de viajar a ciertos países de mayoría musulmana, emitida en abril que ya sabemos cómo terminó.

Una pregunta que se hace desde enero de 2017 la ciudadanía norteamericana es si los jueces podrían controlar a Trump, quien ha incumplido a diestra y siniestra las normas legales, ha criticado a los jueces federales más progresistas y ha mostrado un inconcebible desdén por el estado de derecho.

En la práctica, como el gobierno de Donald Trump se enfrenta a numerosas demandas judiciales a nivel de base sobre sus arbitrarias y deshumanizadas políticas, necesita controlar y manipular al máximo órgano de justicia de los Estados Unidos para que no existan obstáculos legales que impidan la materialización de los intereses de la camarilla fascista que lo puso en la Casa Blanca.

Como se observa del fallo comentado al inicio de este artículo, al parecer el presidente oligarca yanqui, tiene ahora también en su bolsillo, las llaves de la parcializada Corte Suprema de su país.

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.

1 Comentario

Lujan dijo:

Nada, que de bobo no tiene un pelo. Trump es un representante de la mas reaccionaria derecha de la Historia Mundial.

29 junio 2018 | 03:16 pm