La opinión del 99 por ciento de los cubanos no existe para los medios internacionales

Raúl Ríos

Preguntas y respuestas de la entrevista que me hizo Raul Rios para la revista Novas da Galiza, publicada en gallego.

¿Cómo puede un blog conseguir tanta repercusión?
El blog hace una lectura crítica de la información que se difunde sobre Cuba y hay mucha gente inconforme con ese tipo de información, tanto de Cuba como de fuera, ése es el público. Pero también tiene que ver con la forma, no sólo con el contenido: Usar la ironía, el sarcasmo… mezclar eso con un sentido literario del periodismo.

¿Quiénes son los disidentes?
Según la definición de disidir, que no “disentir”, son quienes se apartan de la común doctrina. ¿Cuál es la común doctrina de nuestro tiempo? El mercado, la colocación en el centro del dinero y de las cosas y no de los seres humanos. Los disidentes son los que se apartan de esa común doctrina. Cuba sería un país disidente. Y los que criticamos la lectura que muchos medios de comunicación hacen sobre Cuba creo que también lo somos.

¿Y los que la prensa llama “disidentes cubanos”?
Mas bien son “coincidentes”. Coincidentes con esa común doctrina. Hay una industria que se ha adueñado de las palabras, de las definiciones y de los conceptos, que le ha puesto a esas personas el cuño de disidentes, utilizando un término que fue muy útil en la guerra contra el socialismo real en Europa. Pero Cuba se les escapa de ese esquema porque mientras aquello desapareció Cuba se ha mantenido viva.

¿Por qué les dan voz en los grandes medios mundiales?
Desde el inicio de la revolución cubana Estados Unidos se propuso construir una oposición en Cuba a base de dinero. Primero fue una oposición muy violenta, que usaba el terrorismo -que a Cuba le ha costado más de 3.400 vidas-, pero después el terrorismo empezó a estar mal visto en el mundo y el llamado “anticastrismo” fue evolucionando hacia el modelo que tuvo algún éxito en la Europa del este, el de la bandera de los derechos humanos. Estados Unidos dedica ahora el dinero que antes dedicaba al terrorismo a fabricar estos personajes que, por cierto, siguen teniendo lazos con el terrorismo y retratándose con terroristas cuando viajan a Miami.

Pascual Serrano decía en el prólogo de tu libro que la visión que tiene el resto del mundo sobre la prensa en Cuba es de un panorama dividido entre “una prensa gubernamental monolítica […] y unos heroicos blogueros díscolos y perseguidos”. Es una visión que cuajó incluso entre la propia izquierda internacional ante el desconocimiento. ¿Cual es la situación del periodismo en Cuba?

Acaba de haber un congreso de periodistas muy crítico con los medios de comunicación cubanos y se ha reclamado que el periodismo en Cuba esté a la altura de la sociedad que tenemos, que esté más cerca de la realidad. Necesita renovarse tanto en su lenguaje como en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Pero esos periodistas no comparten la visión que los medios internacionales dan sobre el periodismo en Cuba. Para esos medios hay dos cosas, como decía Pascual: en un extremo, el gobierno, en el otro, la oposición que trabaja para Estados Unidos. Lo que hay en el medio, la opinión del 99 por ciento de los cubanos, un espectro amplísimo y riquísimo, no existe. No se habla de que una medida concreta del gobierno cubano responde al reclamo de ocho millones de cubanos que opinaron, criticaron y debatieron. Es muy fácil para la gente asumir que “es el gobierno el que decidió unilateralmente” porque en la llamada democracia las cosas operan así. Nadie participa y a nadie le consultan, la gente se entera por los periódicos de que mañana su salario vale mucho menos o de que un derecho que tenía ya no lo tiene.

¿Esa es la visión que se da fuera de Cuba; pero en Cuba, toda esa masa que está en el medio tiene forma de crear opinión?
En Cuba creamos lo que podríamos llamar “parlamentarización de la sociedad”. Quiere decir que no sólo opinan los políticos, sino que opinan las personas en sus comunidades, en sus sindicatos, en sus organizaciones de estudiantes… Un proceso que también necesita ampliarse y renovarse. Si miras la página de los lectores del periódico Granma verás críticas muy duras a aspectos de la realidad cubana. Eso también está empezando a aparecer en programas de televisión. No es el punto de vista sólo de quien dirige una institución, sino de las personas que reciben la gestión de esa institución y que muchas veces sufren sus deficiencias. La comunicación es una vía de control popular sobre la gestión de las instituciones.

También Pascual Serrano hablaba de que tu libro mostraba la necesidad de “más audacia” en el periodismo cubano. ¿Se refiere a la necesidad de ejercer esa vigilancia?
Creo que se refería sobre todo a atrevernos a enfrentar el discurso único sobre Cuba, ser también audaz en ese sentido, algo que falta en el periodismo cubano.

¿La preocupación que existe por la desinformación que crean estos “disidentes” puede llevar a que la propia izquierda cubana pierda capacidad autocrítica sobre la revolución?
A mí me gusta mucho una imagen de un intelectual cubano ya fallecido, Cintio Vitier, que decía que en Cuba tenía que haber un Parlamento como una trinchera. Es una imagen muy gráfica que resume lo que tú dices. Tenemos que estar frente a un discurso avasallador, mentiroso, tramposo… y a la vez dar espacio a todas las opiniones de todos los que participamos en Cuba en un proyecto tan amplio como la revolución. Esa trinchera será más eficaz cuanto más rico y participativo sea el debate, cuanto más abierta y crítica sea en su interior. Aún queda camino por recorrer, pero se está consiguiendo.

Tu libro viene de tu blog. Las TIC, afirmas, permitieron que mucha gente pueda emitir su opinión; pero por sí solas no son ni buenas ni malas, pueden tener ventajas pero también deficiencias si no existe una reflexión y una responsabilidad en su uso.
Las TIC son una herramienta, en el caso particular de Internet también una extensión del mundo físico. Así, incluyen lo que existe en el mundo físico: sus hegemonías, sus perversiones… Hay que usar esas herramientas conociendo sus limitaciones y sus ventajas. Pero hay que utilizarlas, hay más de dos mil millones de personas que se relacionan con ellas. Tenemos un discurso alternativo y no podemos ignorar el papel de estas tecnologías si realmente queremos lograr que nuestro mensaje llegue. Siempre ha sido un reto para la izquierda tanto el uso de las tecnologías como del lenguaje para comunicar su mensaje. Ya fueron barridos los periódicos de trabajadores, de sindicatos o de fuerzas políticas; es necesario articular espacios de comunicación para arañar, yo no diría quebrar, pero sí arañar el discurso dominante.

Tomado del Blog La pupila insomne

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