La muerte no es cosa de leyendas

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Por Elena Milián Salaberri

Han transcurrido pocas horas del deceso de Fidel Castro; Cuba vive el Duelo Nacional decretado por varias jornadas, pero las casas-al menos las de mi San Cristóbal, en Artemisa- están cerradas y el sonido del silencio habla más que mil palabras.

La quietud trasluce el respeto por un insoslayable entre los grandes hombres; no se habla de otra cosa entre fronteras y me atrevería a decir que mucho más allá, sin pretender hurgar entre adeptos y detractores, pues sería inútil apartar la mente del hecho en sí y de la gran responsabilidad que tenemos los cubanos por delante.

Casi más natural que nacer es morir, más no sé bien cómo ni cuándo -creo que ni él lo supo- Fidel transgredió las dimensiones del ser humano para hacerse leyenda. Y las leyendas mueren, únicamente, si se deja fallecer lo mejor de su esencia, de las maneras más insospechadas.

Tengo cincuenta años, la época de verlo todo con una pasión apologética ha cedido el paso al análisis y, permítanme parodiar una canción muy conocida: no he vivido en una sociedad perfecta.

No, y estoy segura de que Fidel también lo sabía. El concepto de Revolución, expresado por el líder el Primero de mayo del año 2000, sentaba las bases dialécticas del futuro, en mezcla con no poco de los desafíos enarbolados por Cuba tiempo atrás y emanados de las fuentes de otros pensadores de la nación como el imprescindible José Martí.

Decía Fidel:“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.

Sin dudas, se trata de un mensaje hermoso, de valor semántico y con una carga didáctica de filosofía de vida esperanzadora; mas lograr la interpretación cabal, ponerlo plenamente en práctica requiere infinito empeño, confianza y conciencia.

Vuelvo atrás: no ha sido perfecto- no hay obra humana perfecta-, mas yo he sido feliz por encima de carencias o limitaciones a cuya erradicación invita su concepto, emitido hace algo más de 16 años.

Recuerdo que al escucharlo se renovaron en mi mente las veces que vi a Fidel: de pequeña, en el apogeo de la epopeya revolucionaria, me lo imaginaba cuando, junto a mis amiguitos salíamos a toda carrera al sentir un helicóptero sobrevolar bajito el pueblo y decíamos:” adiós Fidel”, sin tener la certeza de que fuera él y, en la emoción, suponía su rostro.

Luego, en las ciernes de la adolescencia lo vi realmente en la inauguración del Palacio de Pioneros Ernesto Guevara, de la capital cubana, donde estuve entre los miles de invitados. Lloré a mares. Más tarde ya como periodista, coincidí en varias coberturas con el líder: el huracán Iván lo trajo a Pinar del Río y el programa Aló, Presidente, transmitido desde el municipio pinareño de Sandino, lo puso ante mí, esa vez junto a Hugo Chávez.

Hoy, se me agolpan los recuerdos, de nuevo desde lejos porque nunca osé acercármele, no por miedo sino por respeto, el mismo que demanda el hecho de su deceso ayer 25 de noviembre de 2016, fecha capaz de marcar un antes y un después en la vida de varias generaciones de cubanos.

Y se me antoja aferrarme al sueño infantil de correr en pos del celaje donde lo buscaba para volver a vivir mis cincuenta años en esta tierra donde su gente  -que Fidel calificara como “de oro”- echó a andar envuelta en el halo de una leyenda.

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6 Comentarios

Efraín Otaño Gerardo dijo:

¡Ordene mi comandante!
Mi adarga de versos y palabras está lista
Para combatir al baboso mediocre
Que no se resigna en su verborrea de idioteces
Y no admite tu grandeza.
¡Ordene mi comandante!
Tomaremos tu imagen sagrada
Como tatuaje ideológico en la piel del alma.
Tomaremos tu cuerpo de metal
Encendido por la historia
Como talismán de triunfo ante lo adverso.
¡Ordene mi comandante!
Tu humilde soldado de la manigua está consternado y triste
Pero sereno y firme,
Esperando su orden,
Sabiendo que incluso muerto
Su palabra retumbará desde el olimpo de los inmortales.
¡Ordene mi comandante!

27 noviembre 2016 | 07:50 am
enrique vital Alfaro dijo:

Es incorrecto utilizar el concepto de muerte para hablar de lo que ocurrio con Fidel,quizas a partir del 25 de noviembre del 2016 viva mucho màs,hombre como el no mueren dejan de estar con nosotros porque pasan a otra dimensión para continuar su trabajo porque siempre tienen cosas que hacer,asi pasò con Bolivar con Marti con Chavez y con otros que son soldados de la humanidad ,eso es Fidel, Patria Humanidad.esta allì en los indios de Bolivia que recuperaron la visión, esta en el Africano que se curó del Ebola,esta en el asiatico que su hijo se hizo médico o profesional en Cuba,esta allí en el latinoamericano y el caribeño que recuperó de alguna enfermedad gracias a e el, esta en la campesina de que la hizo maestra ,en el campesino que se hizo profesional, en el analfabeto que aprendio a leer y que hoy es médico ingeniero o militar, esta en las universidades,en las escuelas especiales en el consultorio médico en el centro de investigación, en aquel recupeó su digniidad .

27 noviembre 2016 | 10:15 am
Mailin dijo:

Mensaje de un recluso que esta privado de libertad ,soy yo la que puedo hablar por él,para expresar el mensaje de condolecias de una persona que aunque este en estos momentos recluido por más de 20 años ,y actualmente se encuentra en la cárcel de Ciego de Ávila en Canaleta, desea expresar su mensaje.
Yo recluso Guillermo Lora Quiñones, aunque en estos momentos me encuentro recluido,quisiera darle mis más sentidas condolencias a la familia de Nuestro Lider Histórico y a nuestro pueblo de Cuba,por la gran pérdida de esta gran hombre y para que sepan Cuba y el mundo entero que también en estos lugares de privación de libertad ,es verdad que hay personas que ahora mismo están festejando nuestra pérdida,pero hay reclusos como yo que si sentimos de corazón esta lamentable pérdida de Nuestro Eterno Comandante en Jefe.

27 noviembre 2016 | 10:39 am
Margarita dijo:

Me gustaría destacar la inteligencia y originalidad de la autora del artículo. Una visión novedosa, atrayente y muy emocionante de la historia de Cuba.

27 noviembre 2016 | 11:28 am
Rosa Pérez Calderón dijo:

En la madrugada cuando ví en la Televisión al General de Ejército Raúl Castro Ruz, aparecer en la pantalla mi corazón se estremeció, casualmente estabamos viendo la televisón como cosa inusual mis hijas, las dos médicos que crecieron y se forjaron, hijas del Período Especial, hermosas, sencillas, y profundas militantes del Partido Comunista de Cuba, la mayor con 31 año y la más chica con 27 años, jóvenes miembros de nuestro glorioso Partido Comunista, se encontraban una vez más cuidandome despues de un profundo y fructifero tratamiento médico ,convaleciente de una fractura de columna, que gracias a esta gran Revolución no perdí las posibilidades de caminar y al escuchar el tono solemne de Raúl, las llamé casi al instante también sonó el telefóno era su padre, “enciendan el televisor, oigan los que dice el General de Ejército”, mi hija dice: papi, lo estamos viendo, pero mi mamá esta envuelta en llanto, y dice en ausencia del Comandante en Jefe, nosotras somos el Comandante en Jefe.

27 noviembre 2016 | 11:45 am
Rosa Pérez Calderón dijo:

Fidel no ha muerto, Fidel vivirá por simpre en cada niño que nazca, en cada abuelo que alcance su nivel de vida en un círculo de abuelo, en cada mujer científica, médico, ingeniera, agricultura, cañera, maestra, enfermera, combatiente, ama de casa, jubilada, cuenta propista, en cada hombre combatiente, artista, minero, pescador, electricista, zapatero, dulcero, santero, en fin en cada hombre y mujer, porque el Comandate en Jefe de la Revolución Cubana, dejó un legado que lo convirtió en inmortal, vivirá por siempre Fidel Castro Ruz, y nosotros que hemos vivido en su tiempo diremos como Fidel no habrá otro, Fidel es Fidel.

27 noviembre 2016 | 11:59 am