La lucha contra bandidos, una lección inolvidable

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Pedro Etcheverry Vázquez

Pedro Antonio García

El 5 de julio de 1965, en La Cuchilla, zona de Los Ramones, a tres kilómetros de Perea, cerca del río Jatibonico, en Las Villas, fuerzas de Lucha Contra Bandidos lanzaron una operación militar contra la última banda que quedaba en todo el país. En la acción murió, junto con uno de sus compinches, el cabecilla Juan Alberto Martínez Andrade, autor de nueve asesinatos. Entre agosto y octubre de ese año fueron capturados los tres bandidos que habían logrado escapar de esa operación, y otros que se encontraban dispersos en Oriente, pero sin ninguna beligerancia.

EL COMIENZO
Durante los primeros meses de 1959 antiguos miembros del ejército, la policía, grupos paramilitares y confidentes, responsables de numerosos crímenes en defensa del régimen de Batista, se internaron en las regiones montañosas para evadir la justicia, pero fueron neutralizados por el Ejército Rebelde y la Policía Rural Revolucionaria. En octubre, en el poblado de Pons, en Viñales, la primera patrulla de Milicias creada por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro y dirigida por el campesino Leandro Rodríguez Malagón, capturó la banda del esbirro batistiano Luis Lara Crespo (El Cabo), hecho que dio lugar al surgimiento de las Milicias Nacionales Revolucionarias, y propició que esa experiencia fuera aplicada con éxito en otras regiones.

El 17 de marzo de 1960 fue aprobado por el presidente nortea­mericano Dwight D. Eisenhower “un programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”[1], que promovía la guerra irregular para evitar la consolidación de la Revolución, sembrar el terror y proyectar una imagen de inestabilidad política, que provocara la caída del Gobierno Revolucionario. La CIA comenzó a preparar en un campamento en Guatemala unos 500 hombres integrados en 25 equipos que se infiltrarían en nuestro país con armas, explosivos y medios de comunicaciones para entrenar hombres dispuestos a alzarse. En el verano comenzaron los alzamientos en el Escambray con Sinesio Walsh, Plinio Prieto, Porfirio Ramírez y Evelio Duque, este último con cien efectivos estructurados en tres bandas. También se alzaron Osvaldo Ramírez, Tomás Pérez Díaz (San Gil) y Julio Emilio Carretero, entre otros, elementos que jamás atacaron un objetivo militar mientras se dedicaban a asaltar viviendas campesinas, quemar escuelas rurales y saquear tiendas del pueblo, en espera de una invasión.

El 5 de septiembre Fidel visitó la Escuela de Milicias Campe­sinas de La Campana, en el Hoyo de Manicaragua, donde indicó diferentes tácticas de enfrentamiento. Dos días después, en Cienfuegos, explicó a un grupo de oficiales del Ejército Rebelde la concepción de las operaciones militares que se acometerían.

Enfatizó en la importancia de explicarles a los campesinos la confianza que la Revolución tenía en ellos, y los objetivos que perseguía el Gobierno de Estados Unidos con los alzamientos. Inmediatamente 21 pelotones de Milicias dirigidos por los co­mandantes Manuel Fajardo (Piti) y Vitalio Acuña (Vilo) comenzaron a perseguir a los bandidos. El 8 de septiembre una pequeña tropa dirigida por Fidel rodeó una finca en la zona de La Sierrita, y tras un fuerte intercambio de disparos capturaron al cabecilla Leandro Alberto Walsh y 15 bandidos.

A principios de octubre, fue capturado en esta región el nor­teamericano Richard Pecoraro, quien había contactado a los principales cabecillas para conocer sus necesidades materiales y sugerir la forma de actuar. El 6 de octubre, el antiguo miembro de los Tigres de Masferrer, Armentino Feria (El Indio), desembarcó entre Moa y Baracoa al frente de 26 hombres para apoyar un alzamiento en Imías, pero fueron capturados. El 8 de octubre en el Escambray corrieron la misma suerte Sinesio Walsh, Plinio Prieto y Porfirio Ramírez, 102 bandidos y 75 colaboradores. El agente de la CIA Ramón Ruisánchez, designó al frente de las bandas a Evelio Duque, quien organizó una comandancia con ocho grandes columnas y tres grupos in­dependientes, que cometieron los primeros asesinatos, pero presentaron dificultades para abastecerse y se movían con lentitud. El 20 de octubre fueron detenidos Jesús Carreras y William Morgan[2], involucrados en el envío de armas y pertrechos a los primeros grupos de alzados en el Escambray.

Ante los golpes recibidos, el 4 de noviembre la CIA cambió el plan de entrenamiento de su campamento en Guatemala, pasando a operaciones anfibias y dejando unos 80 hombres adiestrándose en guerra de guerrillas. El 29 de noviembre, en horas de la noche, Piti Fajardo resultó muerto en un cerco cuando iniciaba la persecución de varios individuos que trataban de alzarse. Su lugar fue ocupado por el comandante Dermidio Escalona. A principios de diciembre, tropas dirigidas por Fidel capturaron al cabecilla Ernesto Gómez Márquez (Maguaraya) y 17 alzados en Corralillo, y al traidor Clodomiro Miranda en la Loma de La Faragua, en la Sierra de los Órganos. Poco después, bajo la dirección de Fidel y Raúl, se dio inicio a la Operación Jaula, cuando 60 000 milicianos de todo el país organizados en 80 batallones al mando de oficiales del Ejército Rebelde, comenzaron a operar en busca de los alzados.

A finales de diciembre de 1960 Ruisánchez destituyó a Evelio Duque y designó a Osvaldo Ramírez como jefe del Frente Escambray. Por esa fecha la CIA envió a La Habana a Louis C. Herbert quien se entrevistó con Ruisánchez, y para asumir la dirección de los alzamientos en el Escambray aprobó al comandante Antonio Santiago —el agente Oliverio de los Órganos de la Seguridad— pero cuando se trasladaba a la Florida en una pequeña embarcación, fue interceptado en altamar y asesinado por un grupo terrorista ajeno a la operación.

La CIA concibió la Operación Silencio, indicando al nuevo ca­becilla que no realizara acciones que atrajeran a las Mi­licias, para que recibiera un cargamento de armas, pero el 5 de enero Ramírez ordenó asesinar al maestro voluntario Conrado Benítez y al campesino Eliodoro Rodríguez. Al día siguiente fueron sorprendidos por las Milicias en San Ambrosio, donde sufrieron algunas bajas.

Entre el 6 de enero y el 4 de marzo aviones C-47 realizaron so­bre el Escambray seis grandes lanzamientos de pertrechos bélicos que fueron ocupados por las Milicias con el apoyo de los campesinos. Los planes de la CIA para fortalecer las bandas, antes que se produjera la invasión, habían fracasado. A mediados de marzo, en el escenario de la Operación Jaula fueron reportados 39 bandidos muertos, 381 prisioneros, capturados seis cabecillas y ocupadas 945 armas, quedando unos 150 bandidos dispersos y escondidos en lugares intrincados. A principios de abril los batallones de Mi­licias comenzaron a regresar a sus provincias para enfrentar la in­vasión, que comenzó el 17 de abril y fue derrotada por nuestro pue­blo sin que los bandidos pudieran apoyar a los mercenarios.

DESPUÉS DE GIRÓN
El presidente John F. Kennedy indicó que se analizaran las causas de la derrota sufrida por la Brigada de Asalto 2506, y aprobó el denominado “Programa de acciones encubiertas para debilitar al régimen de Castro”[3], que hacía mención a nuevas operaciones de apoyo a las bandas.

A inicios del verano de 1961 en el Escambray comenzaron a reagruparse los bandidos dispersos, en julio un grupo de alzados constituyeron el Frente Norte de Las Villas, y en Cicatero, Topes de Collantes, adoptaron una estructura en grupos de nueve efectivos y crearon seis “comandancias”, buscando más agilidad en sus desplazamientos y mejor acceso a los suministros. El 26 de noviembre la banda de Carretero asesinó al alfabetizador Manuel Ascunce y al campesino Pedro Lantigua. Tres días después el Gobierno Revolucionario decretó la Ley 988 que establecía la pena máxima para los que organizaran grupos armados y cometieran asesinatos. A finales de noviembre la administración estadounidense aprobó la Operación Man­gosta, y los bandidos comenzaron a recibir más apoyo.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias organizaron grupos operativos y la División Serrana No. 1 del Ejército Oriental, bajo el mando del comandante Demetrio Montseny Villa comenzó a operar en el Escambray, causando numerosas bajas al enemigo. En abril de 1962 Osvaldo Ramírez resultó muerto cuando trataba de escabullirse de un cerco. Después de intensas pugnas entre los cabecillas, su lugar fue ocupado por Tomás San Gil.

Momento decisivo fue la creación el 3 de julio, por el comandante Juan Almeida, de la Sección de Lucha Contra Bandidos en el Ejército del Centro, designando al comandante Raúl Menéndez Tomassevich al frente de estas fuerzas, que a partir de nuevos conceptos imprimieron más efectividad a las operaciones.

En octubre, durante la Crisis de los Misiles, los alzados se mantuvieron inactivos esperando que se produjera una invasión. El 5 de noviembre de 1962 el coordinador de la organización contrarrevolucionaria Resistencia Cívica Anticomunista Luis David Rodríguez sostuvo una entrevista con Tomás San Gil, entregando dinero y municiones con la indicación de intensificar las acciones terroristas. El agente de la CIA John Meck­pless Espíritto [4], también contactó con otros cabecillas en el Es­cambray, pero al regresar a La Habana fue detenido.

En 1963 los bandidos cometieron nuevos crímenes, mas los batallones LCB  no se cruzaron de brazos. La banda de Tomás San Gil fue liquidada en el sumidero del río Caracusey, y en Ma­tanzas mediante la Operación Piloto fueron capturados 19 bandidos y tres cabecillas. En diciembre de1963, en Pinar del Río, fue capturada la banda de Pedro C. Sánchez Figue­redo, en operación dirigida por el capitán Eliseo Reyes (San Luis) y eje­cutada por un comando encabezado por el sargento René González No­vales.

EL PRINCIPIO DEL FIN
En febrero y marzo de 1964, con la Operación Trasbordo fueron capturadas las bandas de Maro Borges y Carretero, acción en la que desempeñó un papel determinante el agente de la Se­gu­ridad Alberto Delgado, posteriormente asesinado por la ban­da de José León Jiménez (Cheíto), quien resultó muer­to en un cerco.

En Matanzas, una operación similar propició la captura de tres bandas y 25 alzados. El 28 de diciembre de 1964 Eloy Gu­tiérrez Menoyo con tres hombres se infiltró por Punta Blanca, entre Baracoa y Guantánamo, pero fuerzas de las Tropas Se­rranas y la División 50 del Ejército de Oriente los capturaron en San Jacinto, cerca de Imías.

Para enero de 1965 fueron eliminadas las bandas del Frente Sagua-Corralillo, en Pinar del Río cayó el último grupo el 22 de enero, en Matanzas concluyó con la captura en febrero de dos individuos en Ceiba Mocha, y en marzo fue capturado Blas Tardío, en Cabagán. Después fueron neutralizados los hermanos Brizuela. El 24 de mayo fue capturada la banda de Gusberto Guerra Hernández al norte del central Manatí, en Las Tunas, y el 5 de julio en Las Villas, fue liquidada la banda de Martínez Andrade, la última que quedaba en todo el territorio nacional.

Unas 299 bandas terroristas que aglutinaron más de 4 000 alzados, apoyadas desde los campamentos de la CIA en la Florida y la Base Naval de Guantánamo, con la infiltración por vía marítima de grupos armados y lanzamientos de armas, habían sido derrotadas. Nuestro pueblo pagó un altísimo precio en vidas: más de 500 combatientes y milicianos murieron en la persecución de los bandidos, 196 personas incluyendo ancianos, mujeres y niños fueron asesinadas, y más de 70 sufrieron heridas en actos terroristas. La acción conjunta del Ejército Rebelde, los batallones de LCB, las Milicias obreras y campesinas, las Com­pañías Serranas, la Policía Nacional Revolucionaria y los Órganos de la Seguridad, que contaron con la colaboración de las organizaciones de masas, constituyeron la piedra angular de la Revolución en esta lucha.

El 26 de julio de 1965 en Santa Clara, durante el acto por el XII Aniversario del asalto al cuartel Moncada, nuestro Co­mandante en Jefe Fidel Castro señaló: “…hay que decir que ninguno de aquellos malhechores que ultimaron a briga­distas, a maestros, a obreros, a campesinos, logró escapar; hay que decir que la ley y la justicia cayeron sobre los culpables. […] “Y esperamos que esta lección la hayan aprendido bien. […] Esperamos que hayan perdido para siempre la esperanza de poder llevar adelante sus bandas contrarrevolucionarias”.[5]

[1] The Taylor Committee Investigation of the Bay of Pigs, 9 November 1984, Jack B. Pfeiffer.

UNCLASSIFIED. Approved for Release Date 18 Mar 1988. Memorando No.1.

[2] Desde febrero de 1958 Morgan actuaba al servicio de la CIA, fomentando el sectarismo entre las diferentes fuerzas que combatían a la dictadura batistiana, y tratando de utilizar al II Frente Nacional del Escambray como una tercera fuerza frente al Movimiento 26 de Julio.

[3] Foreign Relations of the United States 1961-1962. Cuba 1961-1962, Volume X. State Department, Washington, United States Government Printing Office, Washington, 1997, pp. 554-560.

[4] Espíritto arribó al Escambray en junio de 1958 para controlar a William Morgan y monitorear la situación del II FNE. Con cobertura de periodista estableció un centro de espionaje de la CIA en la región.

[5] Castro Ruz Fidel. Discursos. Obra Revolucionaria, Junio-Julio de 1965. P. 152-153. Centro de Documentación del Consejo de Estado de la República de Cuba. Plaza de la Revolución.

Tomado de Granma

http://www.granma.cu/cuba/2015-08-17/la-lucha-contra-bandidos-una-leccion-inolvidable

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