La huelga general de 1930, ensayo para una insurrección exitosa

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Por Jorge Wejebe Cobo

En la Cuba de 1930, el dictador Gerardo Machado era exaltado por una hueste de seguidores que hicieron historia con sus ejemplos de adulonería,  en la que se inscribe un cura reaccionario que al terminar un sermón  proclamó: (…)”Hijos míos… Dios en el cielo y Machado en la tierra”, en tanto un ayudante  al preguntarle Machado la hora le contestó: “¡La que usted quiera, General!”. Pero fuera de este alucinante entorno, ese año comenzó el principio del fin del oprobioso régimen.
Entraba este en su quinto año y Machado pretendía mantenerse en el poder por otro mandato gracias a los cambios amañados que introdujo en la Constitución con la llamada “prórroga de poderes”, maniobra politiquera que levantaría el rechazo de casi todos los sectores de la sociedad cubana, incluyendo partidos tradicionales burgueses.
Las condiciones estaban creadas para esa etapa superior con la fundación del Primer Partido Comunista, en agosto de 1925, y de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) ese mismo año, por lo que esta vez a diferencia de eventos similares, la huelga tuvo un carácter político, guiado por la estrategia del partido, pensada en gran parte por Rubén Martínez Villena para llevar al movimiento obrero a otras fases con la mira en la derrota de la dictadura pro imperialista.
El pueblo sufría una terrible crisis económica y la represión del gobierno que calculó ahogar la rebeldía con asesinatos por parte de los cuerpos represivos con los que Machado pensaba mantenerse en el poder el tiempo que quisiera.
Los asesinatos se extendieron también a personalidades de la política y la sociedad  opuestos a sus planes, como se demostró con la ejecución del  periodista Armando André, comandante mambí, enemigo de la dictadura que desde la prensa denunciaba directamente los desmanes del dictador.
En ese contexto, el PCC y la CNOC, bajo la conducción del dirigente comunista Martínez Villena, comenzaron la primera huelga general el 20 de marzo de 1930, pero esta vez a diferencia de hechos similares previos.
El primer triunfo popular fue la propia consolidación del paro, ante lo cual  el dictador no pudo cumplir con su palabra dada a los intereses norteños y a la reacción nacional de que “las revoluciones han terminado para siempre en Cuba” y que bajo su gobierno ninguna huelga duraría más 15 minutos.
Más de 200 mil trabajadores y empleados en todo el país participaron y aunque no  derrotaron al gobierno, el pronunciamiento  contribuyó al fortalecimiento del campo revolucionario como  se  demostraría  ese mismo año,  cuando el 30 de septiembre los alumnos de la Universidad de La Habana, bajo la dirección de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) e inspirados en el legado de Julio Antonio Mella -asesinado en 1929-, escenificaron la gran  jornada de protesta revolucionaria en las calles habaneras.
Ese día sería ultimado por la policía el estudiante Rafael Trejo, quien se convertiría en bandera de lucha del movimiento revolucionario.
Más de tres años después de este ensayo general que fue la huelga de 1930,  nuevamente en 1933 bajo el liderazgo del Partido Comunista  y la CNOC, y la guía de Martínez Villena, las masas populares irían a otro paro nacional pero esta vez derrocarían a la dictadura machadista en agosto de ese año.

ACN

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