La primera vez que los rebeldes contactaron con Mario Sariol en Minas de Frio, lo hicieron portando algunos cascos y ropas del ejercito batistiano. TenÃan que dar la impresión de que eran militares, por eso venÃan acompañados de un coronel, que era Fidel.
Les habÃan dicho que Mario era partidario de Batista. Aquel dÃa Almeida fue el primero que llegó a su humilde bohÃo donde vivÃa con su esposa y sus hijos, y dijo: «Aquà es Comandante», entonces Fidel, que venÃa detrás, se presentó como coronel del ejército batistiano.
En su conversación con Mario le preguntó si podÃa preparar comida para no más de 20 personas. Aumentó la cifra para que el campesino creyera que era una numerosa tropa, aunque no la viera.
Mario le comenta a Fidel del mal comportamiento de los soldados asà como de las acciones negativas que cometÃan en esa zona. Durante la conversación el Comandante en Jefe se dio cuenta de la sinceridad y nobleza de Mario y le revela quiénes eran en realidad y por qué luchaban.
Entonces ocurre algo inesperado. Le dicen a Fidel que se acercan unos soldados por tal dirección, y luego que por otra y se armó una tremenda confusión, por lo que él decide abandonar el lugar e internarse en el monte.
En realidad los supuestos soldados batistianos que merodeaban por allà eran los propios rebeldes disfrazados. De todas formas no regresaron a la casa de Mario ni pudieron comer el arroz con pollo que él les habÃa cocinado. Por su parte el campesino con la cazuela en las manos, no pudo localizarlos, por muchas vueltas que dio.
Pocos dÃas después Mario comenzó a cumplir delicadas y riesgosas misiones como colaborador de la guerrilla, orientadas por Fidel.
Cuando el ejército batistiano inició su ofensiva en la Sierra Maestra, con frecuencia la aviación ametrallaba la escuelade reclutas en Minas de FrÃo.
Durante una visita al Centro Vocacional para Maestros Sierra Maestra en Minas de Frio, el 17 de junio de 1962, Fidel recordaba:
(…) «Por aquellos dÃas, naturalmente, esta escuela era visita diaria de los aviones, era visita diaria. A esa casa de Sariol no se sabe la cantidad de balas y de bombas que le tiraron. Suerte que esto habÃa sido una mina, y por ahà habÃa un túnel —que ustedes lo deben haber visto»
(…) «Y Sariol ni siquiera a la familia se llevó; se quedó aquà con su familia, durante todo aquello, aquû-
El 4 de junio de 1958 un bombardeo sorprende a Mario en el secadero de café de su casa. Afortunadamente le da tiempo a refugiarse en unos muros de piedra que habÃa  junto al secadero».
Las explosiones de las bombas y de los cohetes eran ensordecedoras. Pasan los segundos como si fuesen horas. Siente una explosión muy cerca, en dirección a su bohÃo. Cuando terminó el bombardeo nada quedaba de su casa. Solo humeantes escombros, de donde recogió los fragmentos de un cohete para mostrárselos a Fidel. Sus familiares estaban a salvo, se habÃan refugiado en el viejo túnel de la mina.
En el libro Por todos los caminos de la Sierra. La Victoria Estratégica, Fidel relata:
(…) El 3 de junio fui hasta las Minas para revisar la situación allÃ, y estuve hasta la mañana siguiente, cuando emprendà el regreso a Mompié.
«Poco después de salir de aquel lugar, la aviación enemiga desató uno de los bombardeos y ametrallamientos más feroces padecido por Minas de FrÃo en toda la guerra. En particular, la casa de Mario Sariol, nuestro viejo y eficaz colaborador campesino residente en ese lugar, fue blanco de una lluvia de metralla, y hasta se dispararon contra ella varios cohetes de fabricación norteamericana.
La indignación que me produjo el brutal bombardeo, cuando conocà mayores detalles del hecho, y la confirmación del empleo por la aviación batistiana de cohetes recibidos de los Estados Unidos por la tiranÃa, a pesar del anunciado embargo del suministro de armamentos, fue lo que me motivó al dÃa siguiente a escribirle a Celia, al final de un largo mensaje, el párrafo que luego ha sido tan citado:
«Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los [norte]americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mà una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta [de] que ése va a ser mi destino verdadero».
«El doblez de la polÃtica norteamericana hacia el régimen de Batista y hacia la Revolución quedaba en evidencia. En marzo, el gobierno de los Estados Unidos habÃa anunciado la suspensión de todos los envÃos de armas a la dictadura, en lo que se trataba de un primer paso en la maniobra destinada a distanciarse oficialmente de la tiranÃa, cuya permanencia en el poder ya comenzaba a resultar incómoda para algunos sectores en aquel paÃs; al tiempo que se impulsaba la promoción de una salida alternativa a la crisis cubana que, de hecho, impidiese la toma del poder por la Revolución.
Sin embargo, las entregas de armas prosiguieron por otros canales, incluso a través de la base naval norteamericana en Guantánamo, sobre lo cual habÃamos recibido informaciones de los compañeros del Movimiento en los Estados Unidos.
«El empleo de cohetes norteamericanos en el ataque a Minas de FrÃo no hacÃa más que confirmar mi criterio, basado, en definitiva, en la propia historia de Cuba y de las aspiraciones seculares de los Estados Unidos de ejercer su dominio sobre nuestro paÃs, de que una revolución verdadera en Cuba era incompatible con los intereses norteamericanos.
La nota a Celia no era, por tanto, la expresión de una voluntad preconcebida de enfrentamiento, de la futura revolución en el poder a los Estados Unidos, sino la muy explicable reacción ante una polÃtica tan hipócrita y taimada, y la manifestación de una clara conciencia acerca de la inevitabilidad de ese enfrentamiento a partir del hecho evidente de que para nuestro vecino del Norte serÃa inaceptable la presencia en Cuba de un poder revolucionario con un programa de cabal liberación nacional».
Mario Sariol fue jefe del almacén central de los suministros para el Ejército Rebelde y de los campesinos de la zona. También cumplió misiones como mensajero de la Columna No.1. Falleció en la ciudad de Manzanillo donde residÃa, el 15 de septiembre del 2002.
Fragmentos de tomados de:
Discurso pronunciado en el Centro Vocacional para Maestros Sierra Maestra en Minas de Frio, el 17 de junio de 1962.
Por todos los caminos de la Sierra. La victoria estratégica.
Fidel Castro, pag. 77, 78,79
El hombre de los suministros, por Katiuska Blanco, Granma, 7 de junio de 1996.

