La historia de #Cuba pertenece al pueblo

Lea más de: , ,

Por María Antonia Medina Téllez

Foto: Miguel Rubiera

Haber Pérez, profesor de Historia de la Universidad de Oriente

La historia de las naciones la hacen y escriben los pueblos, algunos hombres y mujeres son protagonistas de hechos trascendentales, de hazañas gloriosas que perviven en el tiempo, pero es deber de cada cual conocer su historia,  aprenderla, vivirla, amarla y, sobre todo, defenderla.
Para Hebert Pérez Concepción, Premio Nacional de Historia en 2017 y catedrático de la Universidad de Oriente (UO), en Santiago de Cuba, el pueblo es el verdadero artífice de la Historia de Cuba y de su Revolución, y en esa misma medida resulta el responsable de su salvaguarda desde las raíces más autóctonas.
Quienes protagonizaron y, especialmente, quienes dirigieron  los acontecimientos históricos más relevantes de la Patria tienen el mérito de haberse percatado de la importancia de la participación del pueblo en cada proceso, sin el cual no hubiera  podido lograrse ningún objetivo, acotó.
Considera Pérez Concepción que es una relación dialéctica ocurrida en las diversas etapas, por ejemplo, de la Guerra de Liberación en la Isla, con la virtud de contar con una buena dirección, y el liderazgo indiscutible de su máximo guía, Fidel Castro, capaz de conducir  y canalizar toda esa fuerza hacia la destrucción del viejo orden y crear las condiciones para instaurar uno nuevo.
Los firmes cimientos de la Revolución de hoy constituyen una garantía de que habrá historia en el futuro hecha por las venideras generaciones, a quienes debemos preparar bien desde la raíz, hacerles saber  nuestras razones,  quiénes somos, de dónde venimos,  para ir hacia lo mejor y más justo en el mundo de estos tiempos, subrayó.
Ese trayecto permite conocer el proceso de formación y desarrollo de la nacionalidad, con la prédica de José Martí que se dio cuenta, como nadie, que fue la Guerra de los 10 años (1868-1878)  el verdadero auge de la nación y,  aunque empezó antes, maduró en esa  confrontación, argumentó el intelectual santiaguero.
Añadió que Martí nace y despliega su obra en época de formación de la nacionalidad cubana, mientras la gesta de 1868 definió  la unión de todos los cubanos blancos, negros, mestizos, con una conciencia social y política que define su cubanía,   por sobre todas las cosas.
Fue con esa visión que preparó la contienda de 1895  y, aunque se sufrieron frustraciones por la intervención de los Estados Unidos en 1898, el pensamiento del Apóstol de la independencia  ayudó a forjar ese deseo nacional que está en las raíces del  triunfo del Primero de Enero, destacó el laureado historiador.
Y hay algunos interesados  en que el pueblo olvide sus raíces, su historia, enfatizó el profesor universitario, ya que ahí se funda y construye el amor a la Patria, el espíritu de independencia y el antiimperialismo que surgió después.
A esos debemos responderles, agregó, que por tan arraigados sentimientos y valores forjados hubo un grito emancipador en 1868 y patriotas alzados en la manigua, así como también una defensa y proyección de Martí en la formación de un Partido para la lucha revolucionaria.
Ese apego a las mejores causas   tuvo su expresión en el reinicio de las gestas libertarias con los sucesos del asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, y se generó la última etapa de lucha insurreccional que desencadenó la Revolución que hoy seguimos defendiendo.
Otro aspecto importante, señaló Hebert Pérez, es la obligación de continuar estudiando la historia Patria, incentivar el hábito de lectura en los niños y jóvenes para que la aprendan, darle vida a cada acontecimiento y a sus héroes, con hincapié en el papel formador de la escuela y docentes bien preparados para investigar e impartir la asignatura.
Para llevarlo a la práctica, el Premio Nacional de Historia alegó la necesidad de ir ganando en el análisis de los sucesos, con el empleo de la pedagogía, que también constituye un arte que usa las emociones;  y el talento del maestro, pues  estos temas no admiten asirse a un programa.
El testimonio vivo de personas que desempeñaron un papel importante en la guerra de liberación, por ejemplo, representa un referente de primer orden, sobre todo, para motivar y estimular el interés en los jóvenes, dijo el entrevistado.
Y en los acontecimientos más recientes ocurre igual, quién no tiene un familiar,  vecino o conocido que luchó en África, se preguntó el profesor, para afirmar que eso también es Historia de Cuba.
Las historias locales son esenciales para el reconocimiento de la memoria propia,  prosiguió, hay que profundizar en el estudio de esa patria chica,   amarla y protegerla porque desde el barrio se conforma la concepción de nación, la Patria de todos los cubanos.
A sus 76 años a Hebert le gusta caminar y repasar las calles de Santiago de Cuba, heroica tierra ideal para rememorar jornadas épicas, con sus museos, tarjas, obeliscos, y el cementerio patrimonial Santa Ifigenia que incentivan el conocimiento  y el respeto por la historia.
Hay que inculcar  el amor por la Patria en los más jóvenes, no solo por el sacrificio de quienes fundaron la nación, hay que lograrlo con el conocimiento, ideas, argumentos, razones y seguir el legado de ese gran historiador que es Fidel, apuntó finalmente el catedrático santiaguero.

ACN

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.