La fórmula mágica de la juventud

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Raúl Gómez García

Por Daily Sánchez Lemus

Raúl Gómez García, conocido como el Poeta del Moncada, fue también periodista de su generación. Su obra no puede considerarse de las más extensas ni encumbradas porque su asesinato en el Moncada, a los 24 años de edad, impidió que la pudiese desarrollar. Sin embargo, su trayectoria desde que era un adolescente en Güines y dirigía un programa radial y el periódico Antorcha en el Ajefismo; luego como Administrador en el Diario del Interior, y estar al frente de Son los Mismos y El Acusador, son suficientes para afirmar que el 26 de Julio de 1953 Cuba y la Revolución perdieron a un periodista de filas.

Escribir, dirigir; moverse con soltura en varios géneros del periodismo, enfrentar con aguda crítica los males de la sociedad donde vivió, y poner por ello en riesgo su vida, demuestran la pertenencia de Raúl a la profesión que él mismo definió -a los trece años-  como: “la función social de más mérito que puedan tener los hombres”.

Es por eso que el 10 de marzo, cuando supo del Golpe de Estado de Fulgencio Batista, se encerró en su cuarto y escribió un artículo que solo fue publicado luego de su muerte,  “Revolución sin Juventud”. Así lo recordaba su madre, Virginia García:

“Llegó el 10 de marzo. Nunca yo lo vi molesto, ni desesperado ni bravo así como ya te digo. Pero ese día, cuando él llegó a la casa y dijo que “nada se había podido hacer”, que él solo haría… Entonces por la noche hizo el borrador de Revolución sin Juventud. Hizo un folleto y salió con él debajo del brazo para las imprentas de La Habana y todas le dijeron que estaba muy fuerte y no se lo quisieron publicar.”[1]

Veamos entonces las ideas del artículo de aquel joven cubano, que no vio la luz;  y las publicadas por el tirano, infames y difundidas. En su Proclama al pueblo de Cuba, Batista decía: “La Junta Revolucionaria ha resuelto que asuma la Jefatura del Estado y que rehaga cargo de organizar y dirigir los poderes Ejecutivo y Legislativo, resignando en mí asesorado por el Consejo de Ministros, todos sus poderes y funciones.” [2]

El golpista se esmeraba en repetir que aquello había sido una revolución nacida de la necesidad del pueblo. Nadie se atrevía a publicar Revolución sin Juventud, pero las mentiras del dictador sí recorrían todo el país. Aunque lo cierto es que el escrito de Raúl era bastante extenso para ser publicado en algún periódico, tampoco se quería correr el riesgo de reproducir parcialmente ideas tan revolucionarias y juicios tan críticos.

A la demagogia de Batista: “He aceptado el imperioso mandato después de habérseme notificado por la propia Junta Revolucionaria de la inminencia de un golpe de estado fraguado por el presidente saliente para el día 15 de abril próximo, con el objeto de evitar la decisión electoral señalada para el 1ro. de junio del corriente año, a cuyo hecho se une el hondo malestar de todas las autoridades civiles, los institutos militares y la opinión pública por la convivencia de altos jefes del Gobierno con señalados delincuentes.”

Respondía Raúl, en Revolución sin Juventud: “Sobre alegrías han de levantarse los pueblos y no sobre dolores. Después del sacrificio de la historia, la libertad democrática ha de coronar el esfuerzo de los hombres y no la mengua y el desprecio de su propia condición. Con el pecho agitado, en el ahogo mudo de la palabra buena, en esta hora aciaga de la patria de Martí, venimos a decir verdades justas sobre las circunstancias y los hechos. (…) Nos impulsa la fe del buen cubano ante las fuerzas nobles del espíritu, las ansias cívicas y  la virtud sencilla de un pueblo hermoso.

Pero las explicaciones del tirano insistían en justificar lo inaceptable:

“Preocupado por la falta de garantía para la vida y hacienda de los habitantes de este país y la corrupción política y administrativa imperante, y sólo por eso, he aceptado la responsabilidad de permanecer en el Poder y por el tiempo indispensable para restablecer el orden, la paz y la confianza pública, a fin de que, tan pronto se logren esos objetivos puedan resignar el Poder en los mandatarios que el pueblo elija”.[3]

La Cuba de Martí, Maceo, Gómez y tantos otros mártires, exigía el respeto que merece toda nación libre. No podía Batista abrirse paso sin encontrar el rechazo del pueblo por aquel atropello a la ley. Y no podía aquel joven permanecer apacible. Dice Gómez García:

“Lástima y remordimiento, en el orgullo de cubano limpio, causan las transacciones sin pudor hechas por falsos líderes y partidos sin gloria. Sonrojo en la conciencia ciudadana que un minuto desventurado cambie opiniones y derrumbe hombres; como si al toque de una danza alegre, en un ritmo de muerte ciudadana, se echaran a danzar seres esclavos. Y sobre ellos, haciéndoles saltar un baile espero por sobre los principios y los fueros, abominando acaso su ruindad, ahí está el general, echando a un lado de un rudo y traicionero golpe la vigencia de una buena y completa constitución, ganada con el esfuerzo de la superación democrática, suspendiendo las leyes, conculcando derechos públicos y poniendo, con el baldón que significa, el hombre sobre los principios.”

Fulgencio Batista y Zaldívar iniciaba con un discurso embaucador uno de los períodos que recuerdan los cubanos con más tristeza. Presa estaría la palabra, aunque no el pensamiento; presos algunos hombres, pero no todo un pueblo. Y a pesar de que sabía del desprecio que ya se le profesaba, recalcaba el golpista que:

“Inspirado en el propósito patriótico de mantener con firmeza la garantía de todos los derechos, para traerla paz, el orden  y sosiego público a la familia cubana conturbada y anhelosos de prestarle un nuevo servicio a Cuba en esta hora de tribulaciones pedimos cooperación al pueblo en general, y específicamente a las fuerzas armadas de la Nación, a los obreros manuales e intelectuales, campesinos, educadores, profesionales y patrones del comercio, la industria y la banca, para que todos por el bien d Cuba, nos unamos para salvar las instituciones republicanas y democráticas.” [4]

En la colina universitaria se habían reunido jóvenes de cuerpo y espíritu, alzando sus voces y exigiendo el derecho defender su Constitución. Aquella colina fue la prueba irrebatible para Batista de que su “revolución” era la mentira de un tirano que subestimaba a la juventud. Después de que refiriese cínicamente el modo en que quedaba invalidada la Constitución, y con ella el pueblo cubano, la única garantía que le quedaba a la libertad de Cuba era su juventud. Una junta militar que se hacía llamar “revolucionaria”, pretendía erigirse como representante de una acción que no había sido pedida por el pueblo. Por eso, finaliza Raúl con un llamado:

“JUVENTUD DE CUBA: buena y consciente juventud, hay un llamado en el gritar perenne de tu pensamiento sin límites… el porvenir te llama. Ante la furia siniestra de un régimen montado a horcajadas sobre el bienestar de la república… Ante la fuerza mandante, ante el empuje del rencor ambicioso; ante la herida de la patria abierta…, el corazón que llevas te pide el pensamiento libre, la palabra justa y acaso el acto heroico. Calle el pensamiento antes de sentirse encarcelado entre las paredes de las bayonetas… Enmudezca la voz antes que venderse, rendirse o humillarse… Paren los brazos si no han de llevar el pan a nuestras madres con honradez y con confianza… ¡Deténganse los corazones si sus latidos son al compás de un régimen traidor…!

MUERAN LOS HOMBRES ANTES DE SER ESCLAVOS DE OTROS HOMBRES…

Marzo de 1952”

Sesenta años después de que el Apóstol fundase Patria para enfrentar la lucha de ideas de entonces, un joven de 23 años  se sentaría frente a su maquinita de escribir y, junto a sus compañeros, haría nacer la idea y la palabra de la nueva revolución.

Como afirmaba Raúl en su Revolución sin Juventud: “No vamos a decir, vamos a hacer. Esta es la fórmula mágica de la presencia de la juventud. Nosotros, jóvenes, nos sentimos dentro de la consigna y dentro del presente y arrostraremos las consecuencias y asumiremos las responsabilidades del tiempo que nos pertenece.[5]

 

65 años después de estas palabras de Raúl Gómez García, el muchacho de ojos y cejas hermosos, la juventud cubana sigue siendo la protagonista de su Revolución.

 

[1] Palabras de Virginia García en: La senda de la felicidad, documental de Ileana Rodríguez y César Gómez, La Habana, 2004

[2] Fulgencio Batista: Proclama al Pueblo de Cuba, en Selección de materiales para los seminarios de Historia Contemporánea, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1986, p.85

[3] Íbidem

[4] Fulgencio Batista: Ob. cit., pp.87-88

[5] El subrayado es de la presente edición.

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1 Comentario

Africano dijo:

Estas son de las fuentes que debemos darle de beber a los jovenes de hoy,para que vean como han sido siempre los jovenes cubanos, Rebeldes hasta los tuetanos y comprometidos con su historia y su pueblo,gracias Daily por tu articulo y tu vocacion deportiva

16 marzo 2017 | 09:32 am