La desquiciada guerra comercial de Donald Trump (Parte I)

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Por Miguel Angel García Alzugaray

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No satisfecho con el repudio universal provocado por su criminal política de “tolerancia cero” hacia los inmigrantes ilegales, Donald Trump, el oligarca presidente de los Estados Unidos, se embarca ahora en una incierta guerra comercial con la República Popular China, Europa, Canadá, México y otras naciones que amenaza con sumir al planeta en una peligrosa crisis económica.

El gobierno de China anunció que impondrá nuevos aranceles por valor de unos 50,000 millones de dólares a productos estadounidenses, una medida que responde al último anuncio de Trump de nuevas tasas a productos chinos.

El Departamento de Estado decidió imponer aranceles adicionales del 25 % sobre 659 productos de los Estados Unidos, entre ellos vehículos y productos agrícolas, dos de los sectores más sensibles para el país norteamericano.

El anuncio realizado a través de un comunicado difundido por la Comisión de Aduanas se produjo horas después de que la Casa Blanca informara de que impondrá aranceles del 25 % a importaciones chinas por valor de 50,000 millones de dólares que contienen “tecnologías industrialmente significativas”.

El Ministerio de Comercio de China aseguró en un comunicado que, pese a no desear que se produzca una guerra comercial entre las dos potencias mundiales, respondería a EE.UU. de manera contundente e inmediata.

A partir del 6 de julio, 545 artículos estadounidenses sufrirán el arancel por valor total de 34,000 millones de dólares, entre ellos productos agrícolas, vehículos y productos acuáticos.

Los 114 productos restantes (productos químicos, equipos médicos y productos energéticos, entre otros) lo sufrirán en una fecha que “se anunciará más adelante”.

La decisión se tomó “de acuerdo con las estipulaciones pertinentes” de la Ley de Comercio Exterior de China y el reglamento sobre los derechos de importación y exportación, así como “los principios fundamentales de las leyes internacionales”, apunta el comunicado.

El gobierno chino expresó que “La medida estadounidense viola las reglas relevantes de la Organización Mundial del Comercio, va en contra del consenso alcanzado en consultas económicas y comerciales bilaterales, infringe gravemente los derechos e intereses legítimos del lado chino y socava los intereses de China y su pueblo”.

Al respecto, es necesario recordar que el presidente estadounidense dijo el mes pasado que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, haciendo referencia a la tensión económica que desató después de que elevara los aranceles al acero en su país.

Como era de esperar, inmediatamente China, el otro gigante comercial, levantó la mano para tomar medidas por el impuesto de 20% a las importaciones de acero y tomó represalias contra Estados Unidos, aumentando aranceles en 128 mercancías del país norteamericano.

La estrategia negociadora de Trump no respeta alianzas

Por su parte, el pasado 31 de mayo, el presidente de Estados Unidos Trump anunció en su cuenta de Twitter la imposición inmediata de aranceles al acero y aluminio importado de sus aliados más cercanos, México y Canadá, y a la Unión Europea, con entrada en vigor el pasado 1 de junio.

Las regiones citadas habían obtenido exenciones temporales a estos aranceles anunciados a fines de marzo. Decisión unilateral que motivó reacciones similares contra productos importados de Estados Unidos, desde los mismos países afectados.

Donald Trump y su Administración no se distinguen por su sutileza. Acaban de declarar una guerra comercial con la Unión Europea, es decir, con un aliado, en nombre de un eslogan (America first) envuelto en un pretexto a medio camino entre el descaro y el delirio.

Para justificar la subida de aranceles del 25% a las importaciones de acero y otro del 10% a las de aluminio procedentes de Europa, Canadá y México alude a criterios de “seguridad nacional”. La excusa no puede ser más débil y, al tiempo, más ilustrativa de la desconsideración de Trump hacia los países “amigos”.

En realidad, la estrategia negociadora de Trump no respeta alianzas, ni aliados, ni preocupación alguna por la estabilidad de la economía mundial. Consiste en someter a sus interlocutores a una presión continua, pero confusa —no ha mucho que decretó la suspensión de la amenaza de aranceles para los productos y países que ahora acaba de castigar—, con el objetivo de que reduzcan voluntariamente las exportaciones en esas negociaciones fantasmagóricas que se cierran y se abren al compás de las amenazas de Washington.

Este modus operandi chantajista está al servicio de los intereses más proteccionistas de la economía estadounidense, que se identifican en buena parte con el aislacionismo internacional.

Según se ha filtrado, Europa prepara represalias en forma de aranceles a la importación de productos típicamente americanos o producidos en Estados proclives a Trump: maíz, arándanos, bourbon, pantalones Levi’sy motos Harley Davidson, además de una denuncia ante la OMC.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, opinó que la medida proteccionista aplicada por Estados Unidos es “ilegal”. Se conoció que el mandatario francés realizó una comunicación telefónica con Trump para manifestar su opinión al respecto.

La posición de Francia se sustenta en las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Asimismo, advirtió que el “nacionalismo económico penalizará a todo el mundo, incluidos los Estados Unidos”.

Según Macron, la Unión Europea reaccionará con “medidas proporcionales”, lo que adelanta, será una imposición de aranceles.

Frente a los aranceles de Trump, el gobierno canadiense respondió con la misma medida a las importaciones estadounidenses. Dicha respuesta es, para el presidente Donald Trump, una restricción al comercio. “Canadá ha tratado muy mal a nuestras empresas agrícolas por mucho tiempo ¡Es muy restrictivo en el comercio! ¡Deben abrir sus mercados y retirar sus barreras comerciales! Reportan un enorme superávit comercial con nosotros”, escribió con inusitado descaro desde su cuenta de Twitter.

Por su parte, después de que el mandatario republicano anunció que dicha medida se aplicaría a partir del 1 de junio, la Secretaría de Economía mexicana respondió que impondrá medidas equivalentes a productos como aceros planos (lámina caliente y fría, incluidos recubiertos y tubos diversos), lámparas, piernas y paletas de puerco, embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas, arándanos, diversos quesos, entre otros, hasta por un monto equiparable al nivel de la afectación.

En general, toda esta guerra comercial, no sólo en referencia a México, sino a la de Estados Unidos con varios países tiene un efecto de corto plazo en las empresas. Casi todo el grueso de estas empresas tiene la capacidad de traspasar mayores costos a mayores precios. Pero en el largo plazo quien terminará absorbiendo todo esto no serán las empresas, sino el consumidor final.

“En México, Trump busca afectar al sector siderúrgico y del aluminio, y en Estados Unidos impactaría al sector automotriz, el agrícola, entre otros”, comentó José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

Algunas entidades afectadas por la medida de México hacia Estados Unidos serían Michigan, Indiana, Iowa, California y Arkansas, entre otros.

“Los estados de Michigan e Indiana serían de los más involucrados directamente en la parte acerera, mientras en la parte agrícola serían Iowa, California y Arkansas.

México debe adoptar una posición muy firme ante la eventualidad de que el presidente Trump no quiere negociar, quiere imponer.

Para el economista para Estados Unidos en Oxford Economics, Gregory Daco, “las represalias y contrarepresalias podrían desencadenar una guerra comercial mundial, lo que sin duda será un gran obstáculo para la economía”.

Escupir para arriba

De acuerdo con Chad Brown, investigador sénior en el Peterson Institute, la imposición de aranceles unilaterales “raramente es utilizada como medida de seguridad nacional, pues por lo general motiva una reacción de la misma proporción e intensidad, lo que termina por afectar a todos los involucrados”.

Como la medida afecta a insumos de la parte intermedia de la producción de autos de Estados Unidos, habrá un traslado del encarecimiento al precio final que pagarán los consumidores de aquel país, y la industria se verá afectada, impactando en los empleos de este segmento en particular.

El experto de Oxford Economics enfatizó que “al implementar tarifas arancelarias contra sus aliados”, Estados Unidos terminará por desalentar el ímpetu que había tenido el estímulo fiscal en la actividad económica.

Tal como lo explica el premio Nobel, Paul Krugman en un editorial, “casi con seguridad, esta guerra comercial no creará empleo en Estados Unidos y sí lo reducirá, por lo que equivale a escupir para arriba”.

Trump está aplicando aranceles a mercancías intermedias lo que encarecerá la fabricación de coches y otros productos de consumo duraderos. Y como los demás países tomarán represalias contra las exportaciones estadounidenses, costará puestos de trabajo en todos los sectores: “desde las motocicletas hasta las salchichas”.

Pero si como afirman los expertos esta guerra comercial es una locura que no beneficia a los Estados Unidos, entonces ¿qué objetivos persiguen las medidas de Trump? Las causas de esta situación las conocerá en la segunda parte de este trabajo.

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