La decadencia del poder cubano en Miami

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Luther Campbell

El comisionado de Miami-Dade Javier Souto trató la semana pasada de persuadir a sus colegas de descarrilar un proyecto de desarrollo del aeropuerto. La razón: la firma implicada tiene vínculos de negocios con Cuba.

Pero el veterano de Bahía de Cochinos y exsenador estatal logró algo muy diferente. Demostró ser un sucio intolerante.

“Los latinos aquí pagan más impuestos per cápita que cualquier otro”, dijo Souto. “Y de los latinos, la comunidad dominante es la cubana. Si usted no sabe eso, no sabe dónde vive”. Miami es lo que es hoy, agregó, “por los cubanos que vinieron aquí”.

Estos comentarios provocaron esta respuesta del comisionado Dennis Moss: “Eso es parte de lo que tiene de malo el condado Miami-Dade. No nos importa la justicia. Nos importan el poder y del dinero”. Moss también señaló que “los negros construyeron esta comunidad. Decir simplemente que, bueno, que los latinos llegaron a esta ciudad y de pronto esta ciudad es lo que es –me ofende eso. Mis antepasados estaban ayudando a construir este país cuando otra gente estaba en otros lugares”.

Es cierto, Souto necesita repasar la historia de los negros. Los bahameses llegaron a Miami en la década de 1900 y uno de ellos, Dana Dorsey fue el primer urbanista afro-norteamericano multimillonario del Sur de la Florida.

Una reciente encuesta del Atlantic Council muestra que los floridanos y los miamenses están a favor de eliminar el embargo contra Cuba en una proporción de 63 y 64 por ciento, respectivamente. Y 52 por ciento de los republicanos (los electores de Souto) ahora quieren la normalización.

Los cubanoamericanos ya no representan a la mayoría del bloque de votantes hispanos en la Florida. Electores puertorriqueños, mexicanos y de otros orígenes hispanos representan las dos terceras partes del electorado latino. Los cubanos son solo un tercio.

Souto es el sobreviviente de una especie en extinción de políticos divisionistas, como las excomisionadas Natacha Seijas y Miriam Alonso, quienes destruyeron su última oportunidad de convertirse en alcaldesas de Miami en la década de 1990 al declarar en la radio en español que el cargo pertenecía a los cubanos. Algunos miembros de esta generación más vieja se mantuvieron en el poder fomentando el odio y la separación entre los diversos grupos étnicos de Miami-Dade.

Antes, la única forma de sacarlos del cargo era por medio de acusación judicial (Alonso) o referendo revocatorio (Seijas). Esperemos que Souto no siga por la misma ruta.

Tomado del Blog Miradas Encontradas

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