LA CIA vs. CUBA 1961. La dirección ultrasecreta

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ANDRÉS ZALDÍVAR DIÉGUEZ*

Entre autores que se refieren al plan de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aprobado por el presidente Dwight D. Eisenhower el 17 de marzo de 1960 —con vistas a una agresión armada que luego se concretó con la invasión mercenaria por Playa Girón en 1961—  es un lugar común repetir, tomando solamente en cuenta su letra, que era contentivo de cuatro direcciones subversivas.

En sentido contrario, puede afirmarse que las líneas de acción contra la Revolución trazadas en aquellos momentos, aunque no todas explícitas en el documento de marras, duplican esa cifra. Los planes de asesinato de Fidel fueron una de esas líneas ultrasecretas.

El documento aprobado por el presidente Eisenhower en la fecha mencionada, bajo el título de Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro, constaba de seis puntos. En el primero se plasmaban los objetivos perseguidos; el segundo exponía las cuatro líneas subversivas que supuestamente se acometerían; el tercero se refería a la dirección que se ejercería sobre los cabecillas contrarrevolucionarios cubanos en los que se apoyarían; el cuarto explicaba el manto o fachada que utilizarían para que no apareciese por ningún lado la responsabilidad del Gobierno norteamericano en las criminales acciones que se realizarían, a pesar de ser los gestores principales; en el quinto se plasmaba el costo financiero, el presupuesto que se calculaba para aquella operación; y el último era la solicitud de aprobación presidencial del plan presentado.

El documento se completaba con dos anexos. El primero ampliaba lo relacionado con el proceso de creación en Cuba de la oposición contrarrevolucionaria requerida para los fines perseguidos; y en el segundo se explicaba la propaganda contrarrevolucionaria, radial y escrita, que desarrollarían a partir de entonces para enajenar apoyo interno e internacional a la Revolución.

En su letra, el segundo de los puntos señalaba, entre sus líneas subversivas de trabajo, la creación de un frente político de opositores a la Revolución en el exterior, para actuar en representación de aquellos. A la vez, y también en su nombre, desarrollar una potente ofensiva propagandística a través de comunicaciones radiales de onda media, complementado por radiocomunicaciones desde estaciones comerciales con sede en Estados Unidos y distribución clandestina en Cuba de propaganda impresa. Igualmente, se proponían establecer una red interna de inteligencia y acción, de la que formaron parte las organizaciones contrarrevolucionarias en las ciudades y las bandas de alzados en las montañas, además de los agentes de que ya disponía la estación de la CIA en Cuba. Por último, se entrenaría una fuerza paramilitar en bases situadas en el exterior, la que debía infiltrarse en el país y encabezar focos de resistencia.

Además de lo anterior, podemos afirmar que otras direcciones no mencionadas en aquel plan, pero en cuyo cumplimiento trabajó la Inteligencia yanqui con denuedo, fueron el lograr la desaparición física de Fidel, precipitar la participación directa de las fuerzas armadas estadounidenses en el conflicto y potenciar la guerra económica en su conjunto, previamente al establecimiento definitivo del bloqueo 16 meses más tarde. Asimismo, atenazar diplomáticamente a la Isla, con la protagónica participación del Departamento de Estado y la utilización como marioneta de la Organización de Estados Americanos (OEA), con la complicidad de los gobiernos oligárquicos de la región.

Existen elementos que muestran la inserción armónica de estas escamoteadas direcciones con el Programa de Acción Encubierta del 17 de marzo de 1960. Por razones de espacio, solo abundaremos aquí respecto a la primera de ellas: los planes de asesinato a Fidel Castro. Para ello nos auxiliaremos de varios documentos clave: el informe del inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, que plasmó los resultados de su estudio acerca de las causas del fracaso de la Agencia en aquella gran operación subversiva, y el informe de la Comisión Taylor, que hizo un análisis similar por mandato presidencial; importante exposición de J. C. King, jefe de la división del hemisferio occidental de aquel servicio de inteligencia, el 11 de diciembre de 1959, así como la investigación de la Comisión Selecta del Senado, presidida por el senador Frank Church, que en 1975 trató el involucramiento gubernamental de Estados Unidos en planes de asesinato de líderes extranjeros.

La quinta dirección

Según Kirkpatrick, “la historia del proyecto cubano comienza en 1959”, como parte de una proyección más amplia encaminada a prevenir la Revolución en todo el continente. Debido a la ausencia de información calificada sobre los lugares donde potencialmente intervendrían, “se hizo una solicitud a toda la comunidad de inteligencia, con especial énfasis en Cuba […] y esto produjo un estudio operativo de tres tomos […]”.

Según un testimonio recogido por la Comisión Taylor, “dada la inexistencia de información que estuviese disponible para la planificación de acciones encubiertas, se estableció como un requerimiento informativo para la comunidad de inteligencia la búsqueda de determinados aspectos sobre países afectados, tan rápido como fuese posible, con un énfasis particular sobre Cuba: […] ello trajo consigo la elaboración de un estudio de tres volúmenes con información de inteligencia básica, información política y psicológica, datos operacionales, información geográfica, selección de áreas potenciales para operaciones clandestinas y otros datos requeridos para las operaciones”.

En ambos documentos se da por sentado que aquellas investigaciones habían sido ya concluidas en el mes de diciembre. Según el informe Kirkpatrick, “para diciembre de 1959, estos estudios habían generado un plan para entrenar a un pequeño grupo de cubanos exiliados como instructores paramilitares […]”. En los testimonios que se ofrecen en los documentos de la Comisión Taylor podemos encontrar que para diciembre de 1959, como resultado de las pesquisas realizadas, la CIA avanzaba en la precisión de los planes de selección, reclutamiento y entrenamiento de los instructores en especialidades paramilitares.

También se definían los “terceros países” y los lugares del territorio continental de Estados Unidos que se utilizarían en la preparación de la operación contra Cuba. Fragmentos referidos a otros aspectos señalan que las propuestas realizadas se comenzaron a discutir a finales del último mes de 1959, proceso que se dilató hasta marzo, con el Grupo Especial o Comité 5412, encargado de evaluar las acciones encubiertas de la CIA en el exterior que requerían aprobación presidencial.

Estos elementos muestran que fue en diciembre de 1959 que la CIA concluyó y elevó a las instancias superiores su propuesta de plan para acabar con la Revolución Cubana. Es relacionado con este particular que adquiere relevancia el memorando elaborado por el jefe de la división del Hemisferio Occidental, J. C. King, el 11 de diciembre de 1959, de menos de tres cuartillas, enviado al director de la CIA, Allen Dulles, a través del subdirector de Planes, Richard Bissell. Aquel documento decía que su propuesta era “el derrocamiento de Castro en el término de un año”, lo que nos posibilita inferir que dicho documento fue el canal para enviar a los niveles superiores el plan subversivo contra Cuba que comenzó a elaborarse en septiembre de 1959.

Otros elementos muestran la relación genética entre tal memorando y el programa aprobado por el presidente Eisenhower tres meses más tarde. En el primero se habla del “reemplazo de Castro por una junta que sea del agrado de Estados Unidos”. El documento del 17 de marzo plantea “[…] provocar la sustitución del régimen […] por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos” (lo destacado en negritas es del autor del trabajo. NR).

En el mes de diciembre, están incluidas las propuestas de acciones propagandísticas, la promoción de la quinta columna interna, la idea de consolidar en el interior del país focos de resistencia en áreas controladas por las fuerzas insurgentes; todas luego aparecen en una formulación más acabada, en marzo. Es lógico que fuese así, porque ya el texto había sido pulido durante tres meses con el Grupo Especial.

Pero existe otra propuesta del memorando de J. C. King de diciembre de 1959 que no aparece en el programa del 17 de marzo, y es la que reza de la forma siguiente: “Se le debe dar una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro […] Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente la caída del gobierno”.

El tal documento de J. C. King y su tenebrosa propuesta, aprobada de inmediato por el director de la CIA, prácticamente no se menciona en la bibliografía existente sobre Girón como un eslabón importante en el proceso que condujo a la invasión mercenaria. Su relativamente reciente desclasificación fue posterior a los más importantes textos sobre el tema, por lo que muchos autores no tuvieron acceso al él.

Esta quinta dirección aparecía en el plan original elevado, y aunque se suprimió de la letra del documento que aprobaría el Presidente, comenzó a cumplirse escrupulosamente de inmediato, mediante contactos del jefe de la Oficina de Seguridad de la CIA, Sheffield Edwards, con los más connotados jefes mafiosos de Estados Unidos, en lo que sirvió como mediador el antiguo agente del FBI, Robert Maheu.

En el informe del Comité Selecto del Senado que estudió operaciones gubernamentales relacionadas con actividades de inteligencia se reconoce que “el esfuerzo por asesinar a Castro comenzó en 1960”, lo que sitúa estas acciones en el contexto subversivo más integral que concluyó en Girón. Que no existían dudas con respecto a que eran actividades autorizadas al más alto nivel, se desprende de fragmentos como el siguiente: “En el caso de los esfuerzos efectuados para asesinar a Castro, Bissell y Sheffield Edwards declararon que creían que la operación que incluía figuras del bajo mundo, había sido autorizada por Dulles […] William Harvey testificó que él creía que los atentados estaban completamente autorizados en todos los niveles apropiados dentro y fuera de la Agencia […] Harvey declaró que Richard Bissell le había dicho que la actividad contra Castro había sido autorizada desde el más alto nivel”.

Con lo expresado basta para demostrar el objetivo que nos trazamos al inicio: la verdadera concepción subversiva que condujo a Girón tenía componentes ultrasecretos, no plasmados en el plan aprobado por el Presidente el 17 de marzo de 1960. La eliminación de los aspectos referidos al asesinato del Jefe de la Revolución debe haber obedecido al principio conocido como negación plausible, establecido por la CIA en 1948: sus criminales acciones encubiertas hacia los restantes países no debían dejar huellas que comprometiesen al Gobierno de Estados Unidos.

Aunque fuese el máximo responsable, el nombre del presidente Eisenhower no debía aparecer vinculado a aquella abominable pretensión.
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*Investigador del Centro de Investigaciones de la Seguridad del Estado.

Fuentes utilizadas:
La compilación Bay of Pigs Declassified. The Secret CIA Report on the Invasion of Cuba (1998), de Peter Kornbluh. Los documentos CIA, Memorando para el Director de la Agencia Central de Inteligencia, a través del Subdirector de Planes, de parte del Jefe de la División del Hemisferio Occidental J. C. King (1959); Informe de la Comisión Taylor (1961); Informe provisional del Comité Selecto del Senado de Estados Unidos para estudiar operaciones gubernamentales relacionadas con las actividades de inteligencia (1975); Declaraciones ante el Comité Selecto del Senado sobre Asesinatos (1978). El libro Girón. Preludio de la Invasión: el rostro oculto de la CIA, de Manuel Hevia Frasquieri y Andrés Zaldívar Diéguez (2006).

Tomado del Sitio Revista Bohemia

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