La caravana de las incógnitas

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Por Guillermo Alvarado

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Entre nueve y diez mil migrantes calculan las autoridades mexicanas que se concentrarán en los próximos días en la ciudad de Tijuana, colindante con la frontera de Estados Unidos, un fenómeno de movilización masiva de centroamericanos que ha llamado poderosamente la atención y despertado cuantiosos comentarios e incógnitas.

No se conoce a los organizadores o patrocinadores, ni los detalles de cómo surgió la idea, cuando miles de hondureños salieron de su país, atravesaron Guatemala y se internaron a territorio mexicano en busca de la frontera con Estados Unidos.

Pronto se sumaron salvadoreños y guatemaltecos en hechos que hasta ahora se habían observado en el norte de África, el este de Europa y en Asia.

Numerosas son las reacciones, en particular aquellas espontáneas de los pobladores locales que, en medio de sus necesidades, brindaron agua, algunos alimentos y atenciones a los viajeros, muchos de los cuales llevaban a niños de corta edad consigo, lo que por un lado llamó la atención debido a los riesgos que ello implica y, por el otro, es una muestra de la desesperación de esta gente por buscar un futuro mejor, que se les niega en su lugar de origen.

Y es que detrás de todo cruce de criterios al respecto, no hay que olvidar que existe un denominador común entre las personas que están protagonizando estas marchas, y es la pobreza a que se ven sometidas en su país natal, donde padecen hambre, enfermedades y desatenciones de todo tipo.

El llamado “Triángulo norte centroamericano”, compuesto por Honduras, El Salvador y Guatemala, es la zona con mayores desigualdades de nuestro continente. Allí viven codo a codo la opulencia más insultante, con la miseria total de los desamparados.

Este es el motor que durante décadas impulsó a escapar a millones de personas que ya habitan en el “paraíso capitalista”, algunos legalmente y otros jugando a las escondidas con la “migra” para mantener los ingresos que les permitan enviar algún dinero a sus padres, esposas o hijos.

Porque en este caso, lo único nuevo es el carácter masivo del fenómeno. El ferrocarril mexicano que llega hasta la frontera de Guatemala, conocido como “la bestia”, hace años que transporta sobre sus vagones a migrantes que persiguen su sueño, que algunos pagan con la vida en el accidentado recorrido.

La migración, recordemos, es algo que ha acompañado a la especie humana desde los albores de la historia. Lo único que cambia es el motivo, la razón que impulsa a los hombres a cambiar su vida de un lugar a otro.

Pero cuando se muestra como ahora, descarnada y brutal, genera reacciones del mismo tipo y ofrece espectáculos degradantes, como el que dio el alcalde de Tijuana, Juan Manuel Gastélum, del derechista Partido Acción Nacional, quien calificó a los migrantes como un grupo de vagos y mariguanos.

Estamos, pues, ante una crisis migratoria que involucra a Centroamérica, México y Estados Unidos y cuyo desenlace es aún un misterio, pero que seguro nos mostrará algo de lo mejor y de lo peor, de nuestra especie. Ya veremos.

RHC

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