La batalla por y desde Venezuela

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Por Lídice Valenzuela

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El gobierno legítimo de Venezuela y su presidente constitucional Nicolás Maduro buscan nuevas vías diplomáticas quebrar el acoso sin límites que Estados Unidos y sus acólitos mantienen contra esa nación suramericana para derrocar su proyecto socialista y apoderarse de sus recursos petroleros y minerales.

Venezuela desea la paz para realizar su proyecto progresista. No interviene en los asuntos internos de ningún otro país y deviene símbolo, junto con Cuba, de espíritu de solidaridad y colaboración desinteresada no solo en América Latina, sino incluso en Estados Unidos, entregando petróleo a los bolsones de pobres existentes en la mayor potencia económica del planeta.

El gobierno liderado por Maduro, que ganó limpiamente su reelección el pasado año, en comicios observados por miles de invitados internacionales y locales, busca de nuevo una salida honrosa para sus enemigos declarados, dándole un chance a la paz, mediante el diálogo consentido.

Cuando Hugo Chávez ganó la presidencia en 1998 Venezuela y su pueblo dieron un vuelco de 180 grados. La desigualdad social y el analfabetismo, la insalubridad, la indigencia, la pobreza, la indignidad humana pasaron a una historia de ignominias. Chávez transformó al pueblo que recobró su libertad y su sentido de ser político y social. Y con el surgieron un grupo de nuevos dirigentes formados a su lado, entre ellos el sindicalista Nicolás Maduro.

Este fenómeno sin antecedentes en América Latina que ahora ocurre en Venezuela, comenzó a gestarse en los comunicantes imperialistas estadounidenses en época de Chávez, a quien le propinaron un golpe de Estado en 2002 que duró menos de 48 horas, rescatado por militares leales de un secuestro cometido por traidores y el pueblo que se lanzó a las calles exigiendo su restauración en el Palacio de Miraflores.

El Comandante Chávez murió a causa de un cáncer en apenas dos años. Antes de fallecer en 2013, en alocución pública, en plenas facultades presidenciales, pidió a la ciudadanía que en las elecciones que se avecinaban votaran por Maduro, quien a su lado creció como político, se desempeñó en importantes tareas, como la de Canciller de la República, y lo declaró su sucesor en el liderazgo revolucionario.

Aun conmocionado con la pérdida del líder de la Revolución Bolivariana, Maduro ocupó su lugar en la boleta comicial y le ganó la presidencia al derechista Henrique Capriles.

A partir de entonces, no solo continuó sino que se acrecentó la batalla de la derecha internacional contra el progresismo venezolano.

Tras cumplir su primer mandato, Maduro se presentó en los comicios para el período 2019-2025 junto a otros dos postulados por la oposición. El mandatario ganó con un 68% de los votos, o sea con 6 190.612 de electores a su favor. En segundo lugar figuró el candidato opositor y exgobernador Henri Falcón, con 1.917.036 votos (21%), quien no aceptó la derrota y acusó al sistema electoral de fraudulento.

Maduro se juramentó el pasado 10 de enero ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), ante varios líderes mundiales y delegaciones de 124 países y diversos organismos internacionales.

¿Por qué Trump está tan apurado?

Hasta noviembre de 2017, Venezuela contaba con 300 878 033 millones de barriles de reservas probadas en la Faja Petrolífera del Orinoco “Hugo Chávez”, de acuerdo con la Cia World Factbook, cifra superior incluso a la de Arabia Saudita.

Tras la toma de posesión de Maduro para un segundo mandato, el gobierno del controvertido presidente Donald Trump presionó a fondo en su contra.

Analistas petroleros indican que el objetivo, más allá de impedir la venta de petróleo a China, es la de asegurarse una fuente estable de crudo para atender el mercado estadounidense que va en aumento y que su actual producción no puede abastecer.

El pasado 16 de enero el Departamento de Energía de Estados Unidos reveló que las reservas bajaron en 2,7 millones de barriles, hasta los 437,1 millones.

Pero también el imperio quiere el oro, los diamantes, el gas, el coltán y otras riquezas minerales y arrastra, en su prepotente jugada, a aquellos que siempre le han temido, como su aliada –es una manera de decir- Unión Europea, que le sigue el juego y también enfiló sus cañones contra una nación que solo desea, según han ratificado sus líderes, construir una sociedad socialista en paz.

El pasado año, y a pesar de las sanciones, Venezuela percibió un aumento del 200% en sus exportaciones no petroleras con relación al 2017, principalmente oro, vendido a Holanda, Portugal, España, Suecia, Suiza, Estados Unidos, Reino Unido y, especialmente, a Turquía.

En los dos primeros meses de 2018, exportó 23,62 toneladas de oro a la nación euroasiática, valoradas en 900 millones de dólares.

Ataques de todos lados

Venezuela y su pueblo –con el único antecedente de resistencia de Cuba que sufre desde hace 60 años un bloqueo económico, financiero y comercial de las distintas administraciones estadounidenses- mantienen en alto las banderas del decoro, a pesar de los ataques mediáticos, sanciones económicas, violencia derechista, bloqueo de su dinero, alimentos y medicinas.

La estrategia norteamericana de revertir los gobiernos progresistas en América Latina –usando tácticas de distinto tipo- se ha estrellado contra el país suramericano en distintos escenarios, entre ellos el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA) y reuniones del Grupo de Lima. Han tratado de doblegar a los revolucionarios venezolanos con violencia, asesinándolos en las calles, incendiando instituciones públicas, asaltos y otros elementos de delincuencia política.

Incluso, en su desesperación, trataron de matar al Presidente y su equipo de trabajo en agosto del pasado año durante un acto cívico-militar, con lo cual quedaría descabezada la Revolución, otro plan destruido por las fuerzas de seguridad de ese país.

Lo que esta ocurriendo en Venezuela es algo insólito en política a nivel mundial: imponer a un político desconocido, presidente de la Asamblea Nacional en desacato, como presidente interino del país, e ignorar al legitimo y constitucional.

Este personaje llamado Juan Guaidó fue reconocido de inmediato por la Casa Blanca, que le ofreció cifras millonarias para resolver el desabastecimiento de alimentos y medicinas creadas artificialmente para dañar a la población, la Unión Europea, con la excepción de Italia, y el llamado Grupo de Lima, integrado por nueve naciones derechistas de Latinoamérica.

Con el respaldo a Guaidó y su gabinete paralelo, Washington espera derrocar a Maduro, liquidar el progresismo en Suramérica y colocar en su lugar a un títere que le entregue la grandes riquezas nacionales.

Naciones con graves problemas internos, como España y Francia, rompiendo las normas de relaciones internacionales, dieron un ultimátum a Maduro para que en poco más de una semana hiciera nuevas elecciones presidenciales.

En respuesta a esta maniobra, el Mandatario convocó a elecciones parlamentarias para crear una nueva Asamblea Nacional, ahora de mayoría opositora, y recuperar uno de los tres poderes del país en desacato, lo que le permite las actuales posiciones desestabilizadoras.

Ninguna de las propuestas de Maduro y su gabinete han sido acogidas. Trata Guaidó de declarar una crisis humanitaria para que comience el envío de ayuda internacional a través de la frontera con Colombia –cuya entrada fue impedida por las autoridades venezolanas- para dar paso a una intervención militar multinacional.

Esa es una solución que jamás aceptarán los líderes bolivarianos, que están evitando un enfrentamiento militar directo. En ese sentido, Maduro reafirmó su postura de defensa a la soberanía y llamado al diálogo con la oposición, pues aseveró que en Venezuela “no va a entrar ningún soldado invasor¨, en tanto rechazó el comunicado del Grupo de Lima en el que exhortan a los militares venezolanos a respaldar al impostor como ejecutor del golpe de estado contra el gobierno.

Sobre las reiteradas peticiones de intervención que ha hecho la oposición venezolana, el presidente señaló como una insensatez que pidan la guerra para su propia patria..

En su discurso del pasado día 4, Maduro indicó que  “Venezuela está dando una batalla por su propia existencia. (…). Nunca antes en 200 años de historia republicana Venezuela había sido sometida a un proceso como el que hoy vivimos”.

El mandatario venezolano ha recibido en las últimas semanas, a partir de la puesta en escena de Guaidó, el apoyo irrestricto de decenas de gobiernos nacionales, de las Naciones Unidas, cuyo secretario general, Antonio Guterrez ratificó su posición de respaldar los poderes legítimos venezolanos y a su presidente Maduro.

Guterrez  respaldó la actitud de los gobiernos de México y de Uruguay de actuar como mediadores en el diálogo propuesto por Maduro, y la primera reunión prevista a realizarse esta semana en Montevideo.

Según el portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric, este “apoya los esfuerzos de la comunidad internacional que ayudarán a encontrar una solución política a la crisis en Venezuela”.

Sin embargo, hasta ahora la oposición ha boicoteado todos los intentos de un diálogo con colaboración internacional, como ocurrió en Santo Domingo, cuando dejaron al gobierno esperando, literalmente, luego de llegar a un acuerdo en espera de las firmas de las partes.

Hay que ver quien vence en esta batalla en la que se juega no solo el futuro de Venezuela sino del mundo, pues su pérdida significaría aceptar el unilateralismo que trata de imponer Washington, lo cual no sería aceptado por naciones tan poderosas como China y Rusia.

Los venezolanos permanecen alertas y demuestran a diario su adhesión en grandes concentraciones a su presidente legítimo, el único que admiten. La avenida Bolívar, en el corazón de Caracas, es la plaza de la dignidad contra el intervencionismo y la defensa del legado de 20 años de la Revolución Bolivariana.

Cubahora

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