La aberrada ideología guerrerista

Por Miguel Angel García Alzugaray

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La sociedad estadounidense está profundamente polarizada en torno a una amplia gama de cuestiones sociales y políticas; y la cultura armamentista del imperialismo cae justo en la intersección de muchas de esas divisiones.

Con esa desquiciada ideología guerrerista que le caracteriza, el gobierno norteamericano cree que puede resolver los problemas del mundo con más armas, en vez de alimentos, salud pública y educación, así como oportunidades de vivienda y trabajo para los pobres.

Por ello, el presidente estadounidense, Donald Trump, acaba de firmar, el pasado martes, el mayor presupuesto del Pentágono de casi 700.000 millones de dólares para el año fiscal 2018, que incluye fondos adicionales para las operaciones en Afganistán y Siria.

“Necesitamos a nuestras Fuerzas Armadas. Tienen que ser perfectas”, afirmó Trump al estampar su firma en la Ley de Autorización de Defensa Nacional en la Casa Blanca, acompañado por el jefe del Pentágono, James Mattis, y el vicepresidente estadounidense, Mike Pence.

Pero esta suma en gastos militares para el proyecto de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, por sus siglas en inglés) aún debe recibir la autorización del Congreso para la financiación en su totalidad.

“Con esta firma aceleramos el proceso de restaurar completamente el poderío militar de Estados Unidos. Esta legislación mejorará nuestra agilidad (…) y modernizará nuestras fuerzas y ayudará a dar a nuestros colaboradores las herramientas que necesitan para pelear y ganar”, asegura el mandatario estadounidense.

Destacar que este enorme paquete de gasto militar sobrepasa el de las siguientes siete fuerzas armadas del mundo combinadas, por lo que todavía los legisladores no saben exactamente cómo financiarlo.

No obstante, el senador republicano John McCain consideró el pasado lunes en un comunicado, que esta cifra es solo una parte de la solución para reconstruir las Fuerzas Armadas estadounidenses. “Debemos recordar que el NDAA es solo parte de la solución a los problemas que enfrentan nuestras Fuerzas Armadas”.

Con esta firma aceleramos el proceso de restaurar completamente el poderío militar de Estados Unidos. Esta legislación mejorará nuestra agilidad (…) y modernizará nuestras fuerzas y ayudará a dar a nuestros colaboradores las herramientas que necesitan para pelear y ganar”, ha dicho el presidente de EE.UU., Donald Trump.

 Las armas, parte de la cultura

Stephen Paddock llevó 23 fusiles de asalto y miles de municiones al piso 32 del hotel Mandalay Bay de Las Vegas. Con ese arsenal de guerra, masacró desde la ventana de su habitación a 58 personas que asistían a un concierto de música country.

La facilidad con la que consiguió semejante armamento, que le permitió convertirse en el autor de la peor matanza en suelo estadounidense desde el 11 de septiembre de 2001, reinstaló la discusión sobre las normas que regulan la venta de armas en el país.

Para entender por qué el debate vuelve una y otra vez sin que se produzcan cambios significativos hay que fijarse en la importancia que tiene el derecho a armarse en la cultura de Estados Unidos. Según una encuesta realizada por el Pew Research Center entre marzo y abril de 2017, un 30% de los adultos es propietario de armas. Además, hay un 11% que, sin serlo, vive con alguien que sí tiene. Quizás aún más impresionante sea que el 72% dice haber disparado al menos una vez.

Entre los individuos armados, un 37% afirma tener entre dos y cuatro piezas de distinto tipo y calibre, y un 29%, más de cinco. La mejor evidencia respecto a la tenencia de armamento de gran porte es que el 62% dice ser dueño de, como mínimo, un rifle.

“Si alguien quiere comprender la relación de los estadounidenses con las armas debe tener en cuenta que para una gran proporción de la población son parte de la vida cotidiana. La mayoría vive o ha vivido en el pasado en una casa en la que había un arma. Una minoría considerable ha valorado activamente comprarse una. Eso hace que para algunas personas haya una verdadera fascinación, con su historia, su funcionamiento, lo que pueden hacer y lo que significan”, explicó David Yamane, profesor de sociología en la Universidad Wake Forest, consultado por Infobae.

Esta enfermiza pasión por las armas es mayor entre los hombres que entre las mujeres: entre ellos la proporción de propietarios asciende al 39%, y entre ellas baja al 22 por ciento. Al considerar los grupos étnicos, se ve que es algo que prima entre los blancos (36%), que superan largamente a afroamericanos (24%) e hispanos (15%). Si se toma como referencia el lugar de residencia, el estudio revela que es una costumbre mucho más arraigada en las zonas rurales, donde casi la mitad de las personas están armadas, frente a un 19% de quienes viven en ciudades.

“Hay un desquiciado componente cultural muy fuerte en la tenencia de armas en Estados Unidos. La mayoría de los propietarios vive en el sur y en el oeste, mientras que un número reducido vive en los estados del nordeste. Forma parte especialmente de los valores de los habitantes del campo y es algo que se transfiere a través de las familias. En cambio, para los que viven en ciudades y nunca han tenido armas, al igual que para los ciudadanos de otros países, esa cultura les resulta extraña y ajena”, contó a Infobae Kevin H. Wozniak, profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Massachusetts, en Boston.

Cuando se le pregunta a la gente por las razones para comprar una pistola o un rifle, el 67% responde que lo hace por protección. Un 38% dice que es para cazar, un 30% para practicar tiro de forma recreativa, un 13% como elemento de colección y un 8% por trabajo. Lo que puede resultar alarmante es que el 57% de los consultados reconoce salir armado a la calle: 11% admite que lo hace siempre, un 15% casi siempre y un 31% algunas veces.

Este último dato ayuda a comprender por qué está tan difundida la violencia armada en el país. Entre los propietarios, hay un 6% que dice haber sido baleado y, mucho más impactante, un 51% que afirma conocer a alguien que lo fue. En este rubro reaparecen con fuerza las diferencias étnicas, ya que un 57% de los afroamericanos dice conocer a alguna persona baleada, contra un 43% de los blancos. Lo que termina de confirmar que son los sectores más pauperizados los que están mayormente expuestos a la violencia es que, entre las personas que no superan la educación secundaria, un 49% dice conocer a alguien que fue baleado, frente a un 37% de quienes tienen título universitario.

Una idiosincrasia de muerte y violencia

Uno de los datos que muestra hasta qué punto ésta es una cuestión idiosincrásica es que el 74% de los que están armados afirman que la tenencia es esencial para ser libres. “Muchos estadounidenses asocian a las armas con la libertad porque, desde un punto de vista práctico, permitieron que el país ganara la independencia de Inglaterra en el siglo XVIII —dijo Yamane—. Por esa importancia es que fue incorporada a la Constitución la Segunda Enmienda, que le da a la gente el derecho a estar armada. Ese derecho está también incorporado en las constituciones de 44 de los 50 estados”.

Sin embargo, no se puede perder de vista que esa cultura armamentista no es compartida por toda la población. Esto se ve con claridad al comprobar la correlación que existe entre la posesión de armas y la afinidad político partidaria. Cuatro de cada diez republicanos tienen una o más, contra sólo un 16% de los demócratas. Al mismo tiempo, el 56% de los primeros cree que si hubiera más estadounidenses armados disminuiría el nivel de criminalidad. En cambio, sólo el 15% de los otros piensa así, y para el 51% aumentaría.

“Los conservadores estadounidenses suelen expresar su desconfianza y su hostilidad hacia el gobierno —dijo Wozniak—. Por eso ven las regulaciones como una amenaza a su libertad individual. Se nutren de una memoria cultural y colectiva sobre la Revolución (de independencia) y la expansión de la frontera para argumentar que la completa autosuficiencia y autoconfianza es lo que define a los ‘genuinos’ valores estadounidenses. La tenencia sería una de las cosas que empodera a las personas para ejercitar esa autosuficiencia y estar preparadas para levantarse ante la tiranía del gobierno”.

Esta peligrosa idiosincrasia se ha visto reforzada con el correr del tiempo por otros factores. Algunos son simbólicos, otros son económicos y políticos. “Hay una cultura popular que va desde las novelas de pistoleros del siglo XIX hasta las películas modernas como Harry el sucio (Clint Eastwood), que crearon mitos sobre ‘buenos muchachos con armas’.

Además hay que considerar que Estados Unidos es líder en la provisión de armamento y que hay una industria muy poderosa, que además ha recibido la ayuda de organizaciones como la Asociación Nacional del Rifle (NRA)”, indicó Saul Cornell, profesor del Departamento de Historia de la Universidad Fordham.

Gary Mauser, profesor emérito del Instituto de Estudios Urbanos Canadienses de la Universidad Simon Fraser, recordó que esta identidad se ve reforzada muchas veces como reacción a las críticas que recibe por parte de los medios de comunicación liberales. “Demasiados periodistas estadounidenses no reconocen el rol que tuvieron las armas de fuego en la historia estadounidense. Las noticias tienden a enfatizar la ‘inocencia’ de las víctimas y la ‘maldad’ de las armas”, dijo a Infobae.

Si ha sido siempre muy difícil avanzar con cualquier reforma que busque regular de manera más estricta el acceso a las armas es porque hay muchas divisiones en la sociedad estadounidense. El 52% de la gente cree que las leyes deberían ser más restrictivas, pero el 48% restante no está de acuerdo. De hecho, un 18% considera que deberían ser todavía más laxas.

“Para muchos, el control a la venta de armas representa una amenaza a sus derechos constitucionales y a su libertad —dijo Yamane—. Incluso a pesar de que muchas propuestas son modestas en los controles que fijan, no es extraño que después de un dramático tiroteo masivo haya gente que proponga prohibiciones sobre toda una categoría de armas. Los ejemplos de Inglaterra, Japón y Australia, que suelen ser puestos como modelos, significaron para los propietarios la pérdida de casi todos sus derechos. Por otro lado, aunque las iniciativas sean moderadas, está la posibilidad de entrar en una pendiente que lleve a una prohibición total de las armas”.

La división que genera el tema se ve en que sólo el 29% de los propietarios piensa que un aumento de los controles para comprar armas ayudaría a disminuir masacres como la de Las Vegas, contra un 56% de los no propietarios que sí lo cree. Mauser es de los que piensan que una reforma en esa dirección no daría resultado. “Las estrictas leyes europeas no impidieron las masacres en masa, ya sea con armas o con bombas. No sirvieron para evitar que terroristas consiguieran AK-47 ilegales para matar a más de 130 personas en París, ni tampoco para prevenir que un atacante utilice un camión en Niza para matar a más de 80 personas”.

La brecha partidaria es inmensa en lo que respecta a los controles. El 75% de los demócratas cree que las normas tienen que ser más estrictas, frente a un 24% de los republicanos. Para el 46% de los que apoyan al partido que ocupa hoy la Casa Blanca hay que dejar a las regulaciones como están. Esa brecha se acorta y se ensancha de acuerdo al tipo de control por el que se pregunte. Por ejemplo, casi todos los miembros de ambos grupos están de acuerdo en que los enfermos mentales no puedan comprar armas. En cambio, un 30% de los republicanos está en contra de que sea obligatorio revisar los antecedentes de una persona antes de venderle, frente a un 12% de los demócratas.

 Vender armas un negocio muy rentable

Estados Unidos sigue siendo la potencia militar de este mundo que más gasta en armas. En enero de 2017, contaba con 6.800 cabezas nucleares, según SIPRI.

Para finales de 2016 era el estado que tenía por lejos el mayor porcentaje del gasto militar en el globo (36%), tres veces más que China y nueve que Rusia, y además es el estado que más millones de dólares obtiene por la venta de armas en el mundo (58%).

El 82% del armamento convencional que se vendió internacionalmente en 2015 fue comprado por países en desarrollo y el primer país vendedor fue Estados Unidos, según un informe de un equipo de investigación del Congreso estadounidense. Catar, Egipto y Arabia Saudí son los principales compradores internacionales de armamento, con 17.000, 12.000 y 8.000 millones de dólares respectivamente. Les siguen Corea del Sur, Paquistán, Israel, Emiratos Árabes Unidos e Irak.

Según SIPRI, Estados Unidos continuó siendo en 2015 con diferencia el mayor inversor, a pesar de haber reducido el gasto en un 2,4 por ciento, hasta los 596.000 millones de dólares. (05.04.2016)

¿Quiénes ganan con la exportación de armas?

El instituto SIPRI reporta nuevas cifras sobre el comercio internacional de armamento. Estados Unidos va a la cabeza, seguido por Rusia. Los principales compradores están en Asia y en Oriente Medio. (22.02.2016)

El informe ‘Armas convencionales transferidas a países en desarrollo, 2008-2015’, hecho público la semana pasada y difundido este lunes (26.12.2016) por la prensa estadounidense, indica que en 2015 se vendieron armas en todo el mundo por 79.857 millones de dólares, unos 9.000 millones menos que el año anterior. De ellos, 65.000 millones fueron comprados por países en desarrollo. Estados Unidos destinó a estos países el 70,3% de sus exportaciones de armamento, Francia, cuyas exportaciones armamentísticas superaron a las Británicas, el 88,5% y Rusia, el 86,1%.

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