La aberrada ideología guerrerista (Parte II y Final)

Por Miguel Angel García Alzugaray

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La mentalidad colectiva de fascinación hacia la tenencia de armas y el lucrativo negocio que representa su producción y venta, facilitan y condicionan entre otras razones, la política guerrerista e imperialista del gobierno norteamericano.

Los años de la Guerra Fría ilustran mejor que cualquier otro momento histórico la peligrosidad de una carrera armamentística, que transforma el asunto de la seguridad en un verdadero dilema según el cual el intento de estar más seguro solo trae nuevas inseguridades.

La paradoja subyace de una situación en la que la incorporación de armas por parte de un estado A –que está en una situación de competencia o rivalidad con un estado B- obliga al estado B a ponerse a tiro. De esta manera se genera un espiral en el que ambos buscan mejorar su seguridad.

Pero las acciones que tienen que llevar adelante para cumplir con ese objetivo tienen un alto costo económico que no siempre es posible de mantener.

No importa que haga el otro estado la tendencia será siempre a invertir en armas para estar a la par o lograr superioridad. Así fue como durante los momentos más cálidos de la Guerra Fría Estados Unidos yla URSS llegaron a tener entre 30 mil y 40 mil cabezas nucleares. Así fue también como una expansiva carrera había culminado años antes con la erupción de la Primer Guerra Mundial.

En este sentido El Pentágono publicó a principios de febrero su nueva “posición nuclear”, que busca dotar a Estados Unidos de nuevas armas tácticas (de corto y mediano alcance y menor potencia) en “respuesta” al rearme ruso y a la modernización de China.

Según algunos especialistas, el desarrollo de estas armas rebajaría el umbral nuclear a un punto inédito desde el fin de la Guerra Fría. El temor ruso es que Washington localice esas armas en algunos de los países de la OTAN que están dentro de su histórica zona de influencia en Europa Oriental.

Un presupuesto militar irracional y criminal

Según el destacado analista internacional Atilio Borón, hace muchos años que el gasto militar se convirtió en el principal motor de la economía norteamericana y fuente de fabulosas superganancias para el complejo militar-industrial-financiero que gira en torno a la producción de armamentos. En una suerte de perversa “puerta giratoria” las ganancias de este complejo se transfieren, en una pequeña porción, a la clase política.  Sus empresas y lobbies son los indispensables financistas de las onerosas carreras políticas de representantes, senadores, gobernadores y presidentes, prostituyendo definitivamente el funcionamiento de la democracia en Estados Unidos y abriendo las puertas para la constitución de la corrupta plutocracia que hoy gobierna a ese país. Presidentes y legisladores, envueltos en un falso celo patriótico, retribuyen los favores recibidos concediendo jugosas contraprestaciones materiales a las empresas del sector, todo lo cual se traduce en una desorbitada, absurda e innecesaria escalada del gasto militar. Esta corruptela explica que más de la mitad de los miembros del Congreso de Estados Unidos sean millonarios, cuando la proporción de estos en la sociedad norteamericana es de apenas 1.4 %.

Una consecuencia de ello es, que desde la Guerra de Corea en adelante Estados Unidos no haya conocido un solo año sin tener tropas combatiendo en el exterior. Tampoco lo es que, pese a los optimistas anuncios oficiales, el gasto militar haya aumentado aún luego de la desaparición de quien durante los largos años de la Guerra Fría fuera su enemigo fundamental: la Unión Soviética. En este sentido, la operación propagandística del imperio pregonando los supuestos “dividendos de la paz” como fuente de una renovada ayuda al desarrollo quedó rápidamente al desnudo. Ni se mejoró la asignación de recursos para reducir la pobreza dentro de Estados Unidos ni se los canalizó para facilitar el progreso económico y social de los países de la periferia. Todo lo contrario, la escalada sin techo del gasto militar prosiguió su curso inalterada.

Sorprende entonces la aceptación sin beneficio de inventario de la cifra del presupuesto militar que la Administración Trump anunciara . Según los cálculos más rigurosos el gasto militar total de Estados Unidos ya traspasó el umbral considerado -hasta no hace mucho como absolutamente insuperable, como una frontera escalofriante- de un billón de dólares, es decir, un millón de millones de dólares, lo que equivale aproximadamente a la mitad del gasto militar mundial. Tradicionalmente la Casa Blanca ocultaba la verdadera dimensión de su exorbitante presupuesto militar y los medios de comunicación del imperio reproducían esa mentira.  En el caso actual aquel va mucho más allá de los 716.000 millones de dólares recientemente declarado por la Casa Blanca.  Esa cifra no incluye otros emolumentos derivados de la presencia bélica de EEUU en el mundo y que también deben ser considerados como parte del presupuesto militar del imperio.  Por ejemplo, la Administración Nacional de Veteranos (VET) que tiene a su cargo ofrecer atención médica a los heridos en combate hasta el fin de sus vidas y de asistir a quienes regresan del frente desquiciados psicológicamente tiene un presupuesto para el próximo año de 198.000  millones de dólares.  (con datos muy poco transparentes y disimulados en el presupuesto federal: los destinados a la contratación de “asesores” para misiones especiales (vulgo: mercenarios) y los “gastos de reconstrucción” para ocupar o transitar por áreas previamente destruidas por la aviación o los drones de EEUU. Si se suman todos estos componentes se llega a una cifra que supera el billón de dólares.

Para comprobar la irracionalidad criminal de este presupuesto nótese que tan sólo el gasto de la VET equivale a poco menos que el gasto militar total de China, que asciende a 215.175 millones de dólares y que el segundo presupuesto militar del planeta.  O con el presupuesto de la Federación Rusa, que es casi tres veces inferior al de la VET: 70.345 millones de dólares; o con el del ultra-enemigo de EEUU, Irán 12.383millones de dólares.

¿Cómo justificar tan fenomenal desproporción? Inventando enemigos, como el ISIS, o dando pie a delirantes conspiraciones acerca del peligro que Rusia, China, Irán o Corea del Norte representan para la seguridad nacional norteamericana. Pero la verdad es que el gasto militar ayuda a mover una economía de lento crecimiento y, sobre todo,alimenta al complejo armamentístico que financia a los políticos que convierte en millonarios.  Pese a eso la dirigencia estadounidense insiste en la vulnerabilidad de la seguridad nacional norteamericana y no cesa de mantener a su población sumida en el miedo, un efectivo dispositivo de dominación.

Trump podría causar una guerra nuclear accidental con Rusia

Muchos analistas advierten del acaecimiento de una guerra accidental entre EE.UU. y Rusia bajo el mandato del presidente estadounidense Donald Trump.

Tras ocupar en enero el cargo en el Despacho Oval, Trump anunció que pretendía modernizar el Ejército estadounidense. Ya ha pedido la fabricación de armas nucleares más pequeñas y a la vez más precisas que las termonucleares tradicionales.

De hecho, el Comando Estratégico de Estados Unidos (Stratcom, por sus siglas en inglés), tras lanzar dos misiles balísticos nucleares en septiembre, aseguró que la infraestructura del arsenal nuclear de Estados Unidos necesita modernización.

Otra de las prioridades de Trump es desarrollar un sistema de defensa antimisiles de última generación con el fin de salvaguardar a los Estados Unidos de posibles ataques desde el extranjero. Esta reconstrucción militar incluye la fabricación de nuevos aviones, buques, recursos varios e instrumental.

Rusia ha considerado que la nueva doctrina nuclear de Estados Unidos puede provocar una carrera armamentista en el mundo, ya que supone una violación de los principios de disuasión estratégica. Ahora, otros países también pueden comenzar a introducir modificaciones en sus doctrinas.

Leonid Slutski, jefe del comité de Asuntos Internacionales de la Duma subrayó que el documento elaborado por los departamentos de Estado, Defensa y Energía de EEUU, “es sumamente peligroso desde el punto de vista de la violación de los principios de disuasión nuclear”.

El diputado lamentó que Washington justifique la revisión de la doctrina por las amenazas exteriores, “especialmente por parte de Rusia”, y calificó de “gratuitas” e “infundadas” las acusaciones de que Moscú no ha cumplido con sus obligaciones en desarme. Se refería a que en la doctrina estadounidense se desglosan medidas para contrarrestar la supuesta violación por Rusia del Tratado de eliminación de misiles nucleares de medio y corto alcance (INF).

Precisamente, a finales de diciembre el presidente de Rusia, Vladímir Putin, arremetió contra EE.UU. por intentar salirse del INF, tratado suscrito en 1987 por la URSS y EE.UU.

Además, Slutski tachó de provocadora y únicamente destinada a agravar la confrontación la afirmación de que la doctrina reforzará las posiciones de los diplomáticos a la hora de promover los intereses de la Casa Blanca.

El jefe del comité de Defensa de la Duma, Vladímir Shamánov, también describió como un “chantaje” los planes de desarrollar un nuevo misil de crucero de emplazamiento marítimo si Rusia insiste en violar el INF.

“Es un claro chantaje. Hemos demostrado en numerosas ocasiones que, como resultado de los acuerdos alcanzados en el marco del tratado, recortamos más armamento que los americanos. Rusia no ha violado en ningún caso ese acuerdo”, dijo.

Rusia denuncia que la Casa Blanca busca romper definitivamente la paridad nuclear ruso-estadounidense con el escudo antimisiles y el desarrollo de sistemas análogos al armamento nuclear tradicional.

Mientras, el subjefe de la comisión de Seguridad y Defensa del Senado, Frants Klintsevich, consideró que la doctrina de EEUU allana el camino para la repetición de bombardeos nucleares como los perpetrados contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

La Revisión de la Postura Nuclear (NPR) de EEUU pretende reforzar su estrategia de disuasión nuclear renovando su arsenal estratégico, pero sin incrementarlo, y ha tenido en cuenta la amenaza que supone Corea del Norte, pero también Rusia y China.

Por ello, Putin destaca la importancia de que Rusia continúe desarrollando la tríada nuclear: aviones estratégicos, submarinos atómicos y misiles intercontinentales.

El presidente estadounidense promueve su propia danza de guerra por el planeta. en Bruselas, donde varios socios están dispuestos a bailarla, con más gasto, más armas, incluso más despliegues eventuales, a pesar de que su compás es contrario a intereses europeos.

Washington pretende evitar la expansión de las potencias que pueden hacerle sombra, sobre todo China y Rusia. La batalla se disputa principalmente en la frontera oeste de Rusia, en Oriente Medio y en el Pacífico. Los dos primeros escenarios afectan de lleno a Europa, por su cercanía geográfica. Y por si fuera poco, Trump quiere de los socios europeos más implicación económica y militar.

Como se observa, con su brutal desequilibrio de fuerzas en el plano militar Washington intenta reafirmar su vocación de seguir siendo el gigantesco gendarme mundial presto a actuar en cualquier lugar del planeta para poner al capitalismo a salvo de toda amenaza. En cualquier lugar pero sobre todo en Nuestra América, reserva estratégica de un imperio amenazado. La contraofensiva lanzada en los últimos años y la creciente belicosidad en contra de Cuba y Venezuela son pruebas harto elocuentes de esa enfermiza vocación.

De esta forma la carrera armamentística impulsada por los EE.UU avanza, sin prestar atención al abismo. Solo un brote de sensatez, una reacción en las urnas y la presión ciudadana global, podrían detener al causante de ella, el gobierno norteamericano.

Analizados los aspectos que hemos traído a colación, es evidente que el reciente aumento del presupuesto militar de los Estados Unidos aprobado por el oligarca presidente Donal Trump, al igual que la nueva doctrina nuclear de ese país, es un claro producto de los imperialistas yanquis que llenan sus bolsillos con la venta de armas, sin importarles para nada el dolor, la muerte y la destrucción que causan.

Esta despiadada doctrina es parte de la agresiva política de EE.UU. para mantener en solitario la hegemonía mundial, algo que la humanidad no está dispuesta a seguir permitiendo,, pues como planteara nuestro invicto Comandante en Jefe en su mensaje contra la guerra nuclear del 15 de octubre del 2010:

“En una guerra nuclear el daño colateral sería la vida de la humanidad.

¡Tengamos el valor de proclamar que todas las armas nucleares o convencionales, todo lo que sirva para hacer guerra, deben desaparecer!”

Fidel Castro Ruz

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1 Comentario

Enrique R. Martínez Díaz dijo:

Saludos. Mientras existan las sociedades divididas en clases sociales, y por ende, los estados que devienen en instrumento de la clase en el poder (la burguesa, por mas señas) existirá la Carrera Armamentista. Lógicamente, la potencia mas poderosa a nivel mundial, para mantener esa superioridad, debe tener las fuerzas armadas mas poderosas. Ese es el papel de EE.UU., y, claramente, para intentar evitar ser superado por una potencia ascendente como China, asume el podr militar como base principal, No debemos olvidar que la extinta URSS cayó en la trampa de enfrascarse en una irracional competencia con EE.UU. (y ayudada por traidores o imbéciles como Yeltsyn, Gorbachov, etc) implosionó como estado y como sociedad. Desgraciadamente, esa lógica no cambiará, y ojalá no llegue el día en que un error de un líder político de uno de esos grandes estados genere una contienda en la cual no habrá vencedores, solo significará la desaparición de nuestra especie.

21 agosto 2018 | 01:03 pm