Julio Juan, un campesino convertido en periodista

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Por Alden Hernandez Diaz

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Para Julio Juan Leandro, como para otros jóvenes de la época,  el triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959 en Cuba transformó radicalmente la realidad de su vida, de origen campesino, pues nunca imaginó estudiar en una universidad, ni convertirse en periodista.
Julio, naciste en una zona rural de la actual provincia de Cienfuegos, un sueño para un joven jornalero formarse en una profesión sin relación con el trabajo agrícola. ¿Cómo se te presentó esta oportunidad?
Al triunfar la Revolución tenía 17 años y trabajaba como cortador de caña, ayudante de carretero, y otras funciones en el cultivo manual de la gramínea, en la finca Vaquería, que formaba parte del central Hormiguero, desde 1960 conocido como Espartaco, muy cerca de San Fernando de Camarones.
Allí la miseria, el analfabetismo, la insalubridad, el desempleo y otros males pululaban por doquier y en otras localidades cercanas.
Cierto día de 1959, mientras estaba en el surco con mis familiares, se apareció un muchacho en busca de alguien más o menos de mi edad para tomar responsabilidades como organizador municipal dentro de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, al principio dudé  debido a mi insuficiente preparación, pero me convenció.
En ese cargo estuve unos meses hasta que vino un joven de la provincia de Las Villas y me propuso pasar un cursillo de Periodismo, organizado por el entonces recién fundado periódico Juventud Rebelde en La Habana.
Antes de ir, me preparé con un profesor taquígrafo de mi municipio, que me dio nociones de gramática de nivel de secundaria. Yo nunca pude ir a un pre. Después de eso hice una prueba y me aprobaron la secundaria.
Por todo el territorio villareño fuimos Pedro Méndez y yo, en total éramos 17 de todo el país, pero solo quedamos los dos de Las Villas, al final mi compañero se decidió por las caricaturas, un gran artista en el tema.
Así me convertí en corresponsal único de Juventud Rebelde para aquella enorme provincia.
En compaginación con mis labores reporteriles matriculé Filología en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV), pero mi inclinación era el Periodismo. Me enteré de que en Camagüey en la filial de la casa de altos de estudios de Oriente se cursaba la carrera, me convalidaron varias asignaturas y a los cuatro años me gradué.
Posteriormente, me fui superando en la UCLV, estudié inglés y francés. Luego fui corresponsal en la región de Cienfuegos del periódico Vanguardia.
Las vueltas que da la vida, y me mudé, junto a mi esposa de entonces para Camagüey, donde existían plazas en el periódico Adelante y me pusieron de jefe de redacción y estuve por allí por más de un año.
Un día llegó a la redacción el director de Granma, Jorge Enrique Mendoza Revoredo, y me propone ser el corresponsal de ese diario en la región de Ciego de Ávila, ni corto ni perezoso aproveché y vine para acá y ya llevo 43 años viviendo aquí.
También estuvo muy vinculado a hechos y obras trascendentales de todo el pueblo en esos primeros años de la Revolución. ¿Cómo mira esa etapa de su vida marcada por esos sucesos?
Sí. Incluso antes. Mi tío Miguel estaba vinculado a la clandestinidad y después que tuvo que marcharse del municipio por la represión del régimen de Fulgencio Batista, me dejó encargado de la venta de bonos del 26 de Julio y la recogida de armas.
Conseguimos algunas para los revolucionarios que luchaban en la sierra del Escambray, fue un esfuerzo modesto pero en algo ayudó.
A veces hasta yo me sorprendía porque me parece que fui lo suficientemente valiente con la cultura que tenía en aquella época, que era motivo de la situación en que estaba el país, para asumir todos esos desafíos y hoy puedo decir que me siento satisfecho y que me considero un medio básico de la Revolución.
En aquella época si me hubieran dicho para cualquier misión internacionalista me iba como si nada.
Como alfabetizador estuve en una zona de Potrerillo, perteneciente al municipio de Cruces en las estribaciones del Escambray, fue una etapa violentísima porque en esa zona los alfabetizadores teníamos que tener armas de fuego, por la amenaza de las bandas de alzados.
Después enseñé en Corralillo, Manaquitas, en Ojo de Aguas, y en una zona de San Fernando de Camarones. Me llenó mucho de satisfacción llevar la luz de la enseñanza a todas esas personas.
Cuando la lucha contra bandidos estuve en cercos en esa geografía, también en situaciones de supervivencia. Desde el punto de vista de guerra me preparó mucho porque había que hacer prácticas de tiro, emboscadas…
En la etapa del huracán Flora por Oriente tengo recuerdos muy bonitos, de cómo rescatamos a una muchacha con un aborto, en aquellas condiciones hidrometeorológicas con peligro inminente para la vida, logramos llevarla a tiempo al hospital y salvarla, incluso tuvimos que trasladarla un buen tramo a pie.
He tratado dentro de las posibilidades de ser cada vez más útil a la Revolución. Ya la edad y la salud no me acompañan mucho, pero en relación con la mente y los conocimientos, tengo por lo menos un 90 por ciento para seguir aportando.
En el periodismo se ha dedicado durante la mayor parte de su vida a escribir sobre el sector agropecuario campesino y el azucarero. ¿Qué le motiva a ello?
Desde hace más de cuatro décadas. Esos contenidos se han convertido en una prioridad para mí, estos temas agrarios me resultan agradables por el origen rural de mis abuelos y mis padres. En el 2017 resulté reconocido por el ministro de este sector como el periodista más productivo en este ramo de todo el país, con más de 200 trabajos.
Una parte importante de su labor reporteril la ha desarrollado en la Agencia Cubana de Noticias. ¿Qué le ha aportado su estancia en este medio?
En sentido general resulta una escuela dónde aprendemos cada día.
Sobre todo con la faena que desarrolla el compañero Elio Delgado con la sección de los Gazapos y gazapitos, para corregir los errores gramaticales y hacer cada día un mejor periodismo.

ACN

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