Hostos y Martí, imprescindibles del pensamiento en América Latina

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Por Deisy Francis Mexidor *

El puertorriqueño Eugenio María de Hostos y el cubano José Martí son dos figuras imprescindibles del pensamiento político en América Latina.

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Tanto en uno como en otro se advierte además una afinidad en cuanto al ideario antillanista, a tono con la opinión del doctor Yoel Cordoví, vicepresidente del Instituto de Historia de Cuba (IHC).

Si bien estudiosos del pensamiento martiano durante décadas han revelado el verdadero alcance de su proyecto revolucionario, no sucede así con las aproximaciones al ideario político hostoniano, expresó Cordoví en valoraciones sobre el tema a Prensa Latina.

De acuerdo con el experto, Hostos es ‘más sistematizado en su dimensión pedagógica, sin la correspondiente integración de los elementos que conforman su pensamiento.’

Considera el vicepresidente del IHC que tanto Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, 1895) como Hostos (Mayagüez, 1839 – Santo Domingo, 1903) coinciden en el papel de las Antillas en el ‘equilibrio’ continental y mundial.

Estos pensadores -acotó- poseen afinidades evidentes, ‘aun cuando en esta convergencia los derroteros no hayan sido los mismos en su inicio.’

Hostos, al igual que Martí, nació en un enclave colonial, pero a diferencia del cubano vivió en España entre 1851 y 1869.

‘Llegó dos años antes de que naciera Martí y abandonó la península también dos años antes de que llegara el joven cubano, víctima de su primer destierro’, precisó Cordoví.

La etapa de formación de la personalidad hostoniana transcurre en España entre los 12 y 30 años de edad, y sus referentes políticos y culturales están muy ligados a los círculos intelectuales liberales en ese país, añadió.

No sucedió así en el caso de José Martí -enfatizó-, quien vivió y sufrió la niñez y primera juventud en Cuba; su toma de partido a favor de la independencia fue inmediata.

‘Sin embargo, existían elementos que condicionaron el acercamiento político entre ambos pensadores’, comentó el académico.

Entre los puntos que propiciaron esa proximidad están ‘la temprana identificación de Eugenio María de Hostos con la independencia de Cuba y la consecuente ruptura con sus propuestas autonómicas’, expresó el doctor Cordoví.

También debe tenerse en cuenta en la identificación las dos personalidades, ‘los referentes de propuestas y modelos de integración concretados en los grandes proyectos de unidad regional americana durante el siglo XIX y de un pensamiento emancipador que incluía la liberación de las Antillas.’

A su vez, en ambos existía un referente central que fue la figura de Simón Bolívar, apuntó Cordoví al resaltar que para Hostos el venezolano era el único hombre de la historia le parecía ‘digno de una libre imitación.’

Martí, por su parte, lo llama ‘padre’ y retoma al Libertador desde su invariable posición de defensa de la independencia de América Latina, puntualizó el investigador.

Hostos visitó Nueva York solo en cuatro ocasiones y por muy poco tiempo. A diferencia de Martí, no tuvo la oportunidad de profundizar en el sistema político y gubernamental estadounidense, ni en la dinámica del desarrollo del capitalismo industrial en tránsito a una nueva fase.

No obstante, desde fecha temprana, coincidente con su primera estancia norteña, Hostos definía su concepción de ‘equilibrio’ en un mensaje inédito dirigido al político colombiano Carlos Holguín, autor del proyecto de Alianza Colombiana en 1870, recordó el doctor Cordoví.

‘Hostos indicó ‘aquí hay tres porciones de tierra tan simétricamente colocadas como lo está una balanza y su contrabalanza al fiel que computa, el peso de ambas’ y la otra estrategia de alianza la cifraría en Europa.’

Decía Hostos ‘…busquemos amigos y auxilios. Dos seguros tenemos hoy. Francia, por interés de principios, Inglaterra, por intereses económicos y políticos, secundando el pensamiento de equilibrio americano puesto en riesgo por la fuerza absorbente de la Unión americana.’

Por su parte, Martí, 14 años más joven que Hostos, pero testigo excepcional durante tres lustros del decurso de la sociedad norteamericana, ‘profundizaría más en el alcance de los cambios en las estructuras sociales y en la economía de la nación norteña’, remarcó.

Desde sus Escenas norteamericanas José Martí describió y analizó el ambiente neoyorquino de la época, siempre con objetivos defensivos bien definidos.

El Apóstol cubano recalcó certeramente la importancia de ‘definir, avisar, poner en guardia, revelar los secretos del éxito, en apariencia, -y en apariencia sólo,-maravilloso de este país (Estados Unidos).’

De lo que se trataba, en otras palabras, era de construir la idea de América Latina en el público lector; ‘de nuestra América fabulosa’, según expresión del joven y talentoso periodista en su experiencia guatemalteca de 1877.

El vicepresidente del IHC afirmó que ‘Martí comprendería desde bien temprano las particularidades de los pueblos de habla hispana, tras sus experiencias enriquecedoras en México, Guatemala, Venezuela, además de sus conocimientos sobre la realidad cubana.’

Mas sentía la necesidad de ‘dar a conocer también esa identidad, crear la imagen de unidad histórica y social latinoamericana.’

El mismo objetivo que perseguiría Hostos con sus crónicas publicadas entre 1870 y 1874, referidas a su periplo por Sudamérica.

De ahí que Martí, al igual que Hostos, insistiría en el imprescindible acercamiento entre los pueblos de América Latina como principal garantía del equilibrio continental, argumentó Cordoví.

En un artículo de 1883 con el sugerente título Agrupamiento de los pueblos de América, insistía Martí: ‘ÂíTan enamorados que andamos de pueblos que tienen poca liga y ningún parentesco con los nuestros, y tan desatendidos que dejamos otros países que viven de nuestra misma alma!’.

Años antes Hostos se había pronunciado al respecto: ‘Cuando yo oigo a un latinoamericano hablar malévolamente, deprimir con animosidad, herir con punzante ironía a ésta o la otra sección del Continente celebraría tener el derecho de castigarlo botándolo de América Latina…’.

No obstante, al igual que el pensador puertorriqueño, Martí concebía las estrategias de alianzas con Europa como garante del equilibrio, aclaró el doctor Cordoví.

El estudioso recapituló que a mediados de 1882, y con motivo de la proyectada construcción de una vía férrea en una sección del sur del continente, Martí declaró: ‘ÂíQue la Inglaterra (…) ha obtenido ya la concesión de la mitad de la vía! -Pues lo que otros ven como un peligro, yo lo veo como una salvaguardia.’

‘Mientras llegamos a ser bastante fuertes para defendernos por nosotros mismos -advertía Martí-, nuestra salvación, y la garantía de nuestra independencia está en el equilibrio de potencias extranjeras rivales.’

Y en cuanto a la política exterior que debían seguir los gobiernos en el área alertaba el prócer cubano que debía tender ‘a la creación de intereses extranjeros de naciones diversas y desemejantes, y de intereses encontrados…’.

No debía darse, a juicio de Martí, preponderancia a alguna nación, pero si por necesidad ello debía ocurrir que fuera siempre a un poder europeo.

Al redactar el ‘Tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la Revolución y el deber de Cuba en América’, delimitaba con suma claridad el papel de las Antillas en el equilibrio continental.

‘En el fiel de América -precisó Martí- están las Antillas, que serían si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder (…) y si libres (…) serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española…’.

Explicó Cordoví que el factor geopolítico estaría presente en las reflexiones martianas y en ese sentido sugiere la importancia de lo que él llama la ‘clave de las Antillas’ y el interés de Estados Unidos ‘para cerrar en ellas todo el Norte por el istmo y apretar luego con todo este peso por el Sur.’

Para Martí no había más alternativas, pues como planteó ‘si quiere libertad nuestra América ayude a hacer libres a Cuba y Puerto Rico.’

La intervención de Estados Unidos en la guerra hispano-cubana y la posterior ocupación militar de Cuba y Puerto Rico, pondrían sobre el tapete las realidades avizoradas y denunciadas por Hostos, Martí y otros tantos antillanistas, apuntó Cordoví.

El desequilibrio continental se imponía en los albores del siglo XX con la avanzada del expansionismo imperial en la región.

Quedaba el legado del pensamiento de ambos próceres, símbolos del ideal independentista y de la unidad de los pueblos de nuestra América, concluyó el vicepresidente del Instituto de Historia de Cuba.

*Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.

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